VIERNES, 22 DE JUNIO DE 2007
Gasto público eficiente: ¿No les importa?

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“¿Sabía usted que quienes nacen en Oaxaca tienen una expectativa de vida diez años menor que quienes nacen en Nuevo León? Eso es desventaja y no discursos. ¿Por qué el gasto de los gobiernos no logra cerrar esa brecha? En buena medida, porque gastamos mal.”


En los próximos días casi todo mundo se volverá experto tributario en México. Se suponía que la principal demanda respecto de una reforma fiscal era que atendiera en primer lugar el problema del gasto público. Muy bien. El gobierno entrega una propuesta integral para reformar toda la Hacienda Pública y muchos de los mismos que exigían que la reforma no fuese sólo recaudatoria, lo primero que hacen es desdeñar que la propuesta empieza por proponer mecanismos serios para orientar el gasto a resultados eficaces, tangibles, verificables…¡y se ponen a discutir sobre impuestos o acerca de un ignoto régimen fiscal de PEMEX!

 

No ganaríamos, como país, un campeonato de congruencia.

 

Aun siendo parte interesada –porque colaboré, así sea mínimamente, en la elaboración de la propuesta de reforma- tengo pleno derecho a decir que uno de sus grandes aciertos, y tiene varios, es que su primer eje se refiere a cómo le vamos a hacer para que los gobiernos (no sólo el gobierno federal) gaste mejor. Los elementos estrictamente tributarios de la propuesta tienen sus propios méritos, pero no deja de ser sorprendente que dos asuntos torales que se proponen –la eficacia del gasto público y el rediseño del federalismo fiscal-  hayan sido recibidos con indiferencia por los mismos políticos y comentaristas que hace unos días parecían tan interesados en que se gastase bien. Curioso.

 

No sólo en México, en todo el mundo hay una propensión generalizada a asignar el gasto público partiendo de supuestos optimistas y hasta candorosos, o, peor aún, privilegiando en las decisiones de gasto los rendimientos electorales del grupo que decide. No suele haber análisis rigurosos de los costos contra los beneficios y no los habrá hasta que los hagamos obligatorios por ley, de preferencia en la misma Constitución. Algo así, muy esquemáticamente, es lo que ahora se propone. No les pido a los lectores que me crean, sino que le echen una miradita a las propuestas –están disponibles en Internet- y juzguen. No todo son impuestos.

• Reforma fiscal

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