VIERNES, 27 DE JULIO DE 2007
La Reforma del Estado (III)

¿Usted considera un triunfo para México el acuerdo al que llegó con Estados Unidos para evitar la imposición de aranceles?
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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Isaac Katz







“la rendición de cuentas debe centrarse en un punto único: la acción gubernamental ¿genera o no un aumento en el bienestar de los consumidores? Es lo único que importa y en eso deberían centrarse los legisladores.”


Habiendo tocado en los dos artículos anteriores puntos centrales a los cuales debe enfocarse la reforma del Estado, mercados competitivos y un gobierno que efectivamente se aboque a lo que le corresponde y nada más, en este último de la serie trataré el tema de la rendición de cuentas por parte de los funcionarios públicos, uno de los muchos “talones de Aquiles” que caracterizan al gobierno mexicano en todos sus niveles. La historia económica y política de México ha tenido un hilo conductor: el desprecio del individuo y de sus libertades económicas básicas como son el derecho a la posesión, uso y transferencia de recursos en mercados competitivos, junto con el contubernio y protección de los gobernantes con y hacia grupos particulares de interés, sean estos empresariales, sindicales o empleados gubernamentales, todo ello en detrimento del bienestar de los ciudadanos. Y ya es tiempo de que el gobierno, sus organizaciones y los funcionarios que lo componen le rindan cuentas a los ciudadanos comunes y corrientes y dejen de actuar amparando intereses que sólo benefician a unos cuantos.

 

Primero, está el punto correspondiente a la reelección de legisladores federales y estatales y de presidentes municipales. Respecto de los legisladores, con la prohibición vigente para la reelección inmediata, estos le rinden cuentas y le son leales a los jerarcas de los partidos políticos y prácticamente nunca con los ciudadanos que los eligieron; esto tiene que cambiar permitiendo la reelección. Asimismo, y ya en el tema de la composición del Congreso Federal y los de los estados, es necesario eliminar a los diputados plurinominales y en el Senado de la República a los senadores plurinominales y los de “primera minoría” y quedarse en los Congresos únicamente con legisladores electos por el voto directo.

 

De los presidentes municipales, su periodo de tres años es notoriamente corto: el primero se dedican a aprender y reconstituir la tesorería del municipio,  el segundo hacen algunas obras y el tercero se acaban la tesorería, muchas veces con actos corruptos y prácticamente nunca atendiendo las necesidades de la población de su municipio, particularmente en lo que toca a la provisión de bienes públicos como seguridad, agua potable y drenaje, alumbrado, calles, etcétera. Dado que lo que se busca es que los gobiernos municipales incrementen su eficiencia en la dotación de estos bienes y asuman su responsabilidad frente a sus ciudadanos, es que es indispensable su reelección.

 

El segundo punto es la transparencia en obras públicas y contratos de adquisición gubernamental, una de las principales fuentes de corrupción y de enriquecimiento de algunos empresarios, siempre en detrimento de los consumidores que se enfrentan a obras caras y de mala calidad.

 

Finalmente, la rendición de cuentas debe centrarse en un punto único: la acción gubernamental, tal como se estableció en el artículo de la semana pasada, ¿genera o no un aumento en el bienestar de los consumidores? Es lo único que importa y en eso deberían centrarse los legisladores. Lástima que su “reforma” se quedará corta; se seguirá despreciando al individuo, mientras se siguen protegiendo intereses de grupos muy particulares, entre ellos los suyos.

• Reforma del Estado

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