MIÉRCOLES, 30 DE NOVIEMBRE DE 2005
Estoy feliz porque canto

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El punto sobre la i
“El socialismo es moralmente incorrecto, políticamente autoritario y económicamente imposible.”
Enrique Ghersi


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“Economía libre de mentes enanas que, como Don Quijote arremetía contra molinos, lo hacen contra su mortal enemigo, el mercado libre, sin entender es el genio escapado de la botella que ya nadie puede detener.”


Hace años, mi amigo sinaloense, Adolfo Clouthier, me sorprendía con un comentario: “Cuando traes un buen rollo de billetes en la bolsa, eres súper inteligente, pero si no traes un sólo cinco, te conviertes en un pendejo y todo te resulta mal.” El Pappy hacía referencia a la forma en que funciona el cerebro humano, cuando alguien más lo describiera con una pregunta ¿Canto porque estoy feliz, o estoy feliz porque canto?

 

Cuando nuestros líderes entiendan el grito de Carville—“es la economía estúpido,” habrán descubierto el pasadizo hacia el Olimpo de los Dioses. Un político como Bill Clinton, con la habilidad para provocar—en ocasiones no estorbando—una economía próspera, pero además, como la gallina que acaba de poner un huevo, de forma magistral lo cacaraqueaba pasando la factura del espinoso camino para arribar a ello, a sus enemigos, tiene las herramientas para conducir sin licencia, a exceso de velocidad y reventando de bacanora, sin que nada le suceda.

 

Hoy día, el pesimismo económico es ya una grave enfermedad mundial y, lo más triste, desconectada de la realidad. Utilizando el prisma adecuado—por cierto muy escaso—la economía de los EU luce, no sólo bien, sino para cantar. El número de americanos trabajando se aproxima a los 150 millones. A pesar de los devastadores huracanes, la guerra, precios de la energía etc, el ingreso personal y el consumo de bienes y servicios, en septiembre alcanzaron niveles record. Las utilidades corporativas, los ingresos federales por impuestos, los pedidos de bienes de consumo, el patrimonio familiar y el ingreso per capita, alcanzaron igual, niveles record.

 

Desde el recorte de impuestos activado en el 2003, el PIB de los EU ha crecido a un promedio de 4% anual. ¡Una referencia! El crecimiento durante los últimos 50 años, ha sido de un 3.3% promedio y economistas consultados por el Wall Street Journal, predicen uno superior. Durante el último trimestre, 453 de las 500 empresas que conforman el S&P, reportaron ganancias 20% superiores a las de el año pasado. Del total de empresas reportando sus ganancias, el 65% superan lo pronosticado. En estos momentos, el S&P se ubica un 60% por encima de su más bajo nivel en octubre del 2002, y 10% superior al de Junio del 2004 cuando el FED iniciara el aumento de las tazas.

 

Con toda esta información, se esperaría que todos los actores económicos estuvieran felices, o, por lo menos, sin asumir actitudes apocalípticas. Pero no es el caso. La media, diariamente nos asoma a ese infierno que solamente existe en sus mentes, o peor, en sus intenciones. Durante los últimos años, el mercado ha sido agredido con horripilantes predicciones. Se le amenaza con el precio de los energéticos, un desbalance mundial, el déficit del presupuesto, el aumento de los intereses, la burbuja de la vivienda etc.  Ello, ha surtido ya un venenoso efecto en el consumidor y, durante el mes de octubre, su índice de optimismo se situó en 47 puntos, muy inferior al 85 promedio de los últimos seis años. Una encuesta de Newsweek, revela que el 60% de los ciudadanos desaprueba la forma en que Bush ha manejado la economía.

 

Hay dos posibles interpretaciones para esta desconcertante situación: A) Es verdad y el mundo se dirige a un colapso económico más devastador que la gran depresión de 1929, y hay que llorar. B) Es falso, y la fabricada ola de pesimismo ofrece grandes oportunidades y debemos cantar. Yo abrazo la segunda. Aunque el pesimismo ha sido la etiqueta que se le ha colgado al pensamiento económico durante los últimos años, haciendo a un lado los espantapájaros de la media y a los demagogos queriendo recuperar el poder, en especial lunáticos como Kennedy y Dean, veremos el verdadero estado del paciente, y he ahí la gran oportunidad.

 

El precio del petróleo se ha inflado a su máxima expresión, pero ha iniciado su declive y, para mediados del 2006, se espera llegue a niveles alrededor de $45. A pesar de la gran difusión ante la pérdida de su valor, el dólar ha iniciado ya su recuperación y seguirá fortaleciéndose a medida que el FED continúe con sus aumentos de tazas. La productividad de los EU ha llegado a niveles record de 5% y se duplica cada 10 años, lo que catapulta el crecimiento del PIB y lo seguirá haciendo, elevando el ingreso per capita a niveles nunca imaginados: $250,000 para el año 2030.

 

Esta ola de pesimismo ha provocado que el mercado de valores se encuentre subvaluado en un 30%. Aunque Wall Street ha sido siempre excelente en sus visiones orientadas hacia el futuro, me parece en esta ocasión ha fallado. Así, alrededor del mundo, el ciudadano común y no tan común, permanece intoxicado por la venenosa poción de las expectativas racionales que lo empujan, en su desesperación, en lugar de invertir en activos depreciados, a la contratación de psiquiatras y acumulación de inventarios de Prozac.

 

Nadie parece seguir el sabio consejo del gran Henry Hazlitt cuando afirmara: “En economía, siempre hay que analizar el efecto de las políticas en el largo plazo.” Pero Keynes con sarcasmo respondía: “En el largo plazo todos estaremos muertos,” y entran al escenario economistas amansados por mi compadre Guaquila.

 

La economía de los EU catapulta la del mundo y, en especial, la nuestra. Es el combustible alimentando el milagro chino como lo hizo con Japón y Europa. Sin embargo, las aves de mal agüero continúan sus planes de saboteo sin entender que, la tecnología ha creado algo novedoso; la verdadera economía libre bautizada por su autor, Paul Romer, como “La Nueva Teoría del Crecimiento.” Economía libre de mentes enanas que, como Don Quijote arremetía contra molinos, lo hacen contra su mortal enemigo, el mercado libre, sin entender es el genio escapado de la botella que ya nadie puede detener.

 

El año que fenece, además de mí querido padre, lleva consigo a dos iconos de la libertad y amantes de México: Bob Bartley y Jude Wanninsky. Ambos predijeron bellos horizontes para nuestro país en sociedad con EU y Canadá. ¡Mi padre nunca lo creyó y lo gritaba! En 1990 Wanninsky escribió: “México, sin duda, se debe convertir en el área más promisoria del mundo para el desarrollo económico. Hoy no es tiempo de fijar objetivos modestos que generan resultados mediocres. Es ya la hora de abandonar las barreras mercantilistas que lo han aprisionado y, de la mano del nuevo siglo, emerja como uno de los grandes países prósperos y desarrollados del planeta.” ¿Se habrá equivocado Wannisky? O ¿mi padre tendría la razón?... porque mi padre era muy sabio.


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