LUNES, 10 DE SEPTIEMBRE DE 2007
Si no hay reforma fiscal, ¿no habrá reforma fiscal?

El PIB en todo 2019 se contrajo -0.1%. Dado que la política económica de este gobierno no cambiará, ¿cuál es su pronóstico para 2020?
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“Por mucho que nos duela a los liberales, ninguna Constitución es garantía de la libertad.”
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“Si no hay reforma fiscal por el lado tributario, entonces el gobierno tendrá que llevarla a cabo por el flanco presupuestario que es por donde debe comenzar una reforma fiscal correcta, razón de ser la pregunta: si no hay reforma fiscal, ¿no habrá reforma fiscal?”


Mucha gente se pregunta qué puede pasar si no hay reforma fiscal, entendiendo por tal un aumento en el cobro de impuestos, que le permita al gobierno seguir gastando como hasta ahora y, si el incremento en la recaudación es suficiente, gastar un poco más. ¿Qué puede pasar si no hay reforma fiscal? Por lo pronto la Secretaría de Hacienda ya anunció que, en materia de Ley de Ingresos, para el 2008, tiene un plan A, con reforma, y por lo tanto con más recaudación, y otro plan, el B, sin reforma y, por ello, sin más recursos.

 

Si no hay reforma fiscal, ¿no habrá reforma fiscal? No necesariamente, sobre todo si aceptamos que la reforma fiscal debe ser, antes que tributaria, presupuestaria. Que la reforma fiscal sea tributaria, o principalmente tributaria, quiere decir que las tres preguntas importantes son: qué impuestos cobrar, a qué tasas cobrarlos, y a quién cobrárselos, con un fin, si no único, sí principal: que el gobierno cuente con más recursos. Por el contrario, que la reforma fiscal sea, antes que tributaria, presupuestaria, quiere decir que las tres preguntas importantes son: en qué gasta el gobierno, cuánto gasta el gobierno y cómo gasta el gobierno. Insisto: la reforma fiscal correcta, antes que tributaria, debe ser presupuestaria, y si no lo es los contribuyentes debemos oponernos a que se nos cobre un centavo más de impuestos, ya que, mientras no se revise a fondo en qué, cuánto y cómo gasta el gobierno, poner un centavo más en sus manos sería tanto como meterle dinero bueno al malo, algo a lo que los contribuyentes debemos oponernos.

 

Ahora bien, si no hay reforma fiscal, entendida, como la entiende la mayoría de la gente, como un aumento en el cobro de impuestos (reforma fiscal principalmente tributaria), bien puede darse el caso, ¡sobre todo si se actúa con responsabilidad!, de que el gobierno se vea en la necesidad de llevar a cabo una reforma fiscal desde el punto de vista presupuestario, y tenga que revisar, con más cuidado del normal, y con el propósito de meter más tijera que la de costumbre, en qué, cuánto y cómo gasta, dándose cuenta, suponiendo que no se la hayan dado todavía, que muchas veces gasta en lo que no debería, razón por la cual gasta de más, sin olvidar que, muchas veces, gasta de mala manera. En una de esas, si se hace bien, los resultados pueden ser mejores de los que se lograrían con la típica reforma fiscal tributaria.

 

Claro que al gobierno le resulta menos complicado aumentar sus ingresos que reducir sus gatos, y ello por una razón muy sencilla: la probabilidad de que los contribuyentes respinguen es menor que la probabilidad de que lo hagan aquellos presupuestívoros a quines se les recorte, o de plano se les elimine, su partida presupuestal, y ello, a su vez, por otra razón sencilla de entender, que tiene que ver con la capacidad de pataleo de unos y otros: los contribuyentes son más, muchos más, que los presupuestívoros, y siempre es más fácil que se organicen los pocos a que lo hagan los muchos.

 

Si no hay reforma fiscal por el lado tributario, entonces el gobierno tendrá que llevarla a cabo por el flanco presupuestario que es, insisto, por donde debe comenzar una reforma fiscal correcta, razón de ser la pregunta: si no hay reforma fiscal, ¿no habrá reforma fiscal? O, para que quede más claro, si no hay reforma fiscal tributaria, ¿no habrá reforma fiscal presupuestaria? Si los legisladores no se ponen de acuerdo, y no hay reforma fiscal tributaria, el Ejecutivo, en un acto de responsabilidad, deberá de llevar a cabo, en los ámbitos de su competencia, la reforma fiscal presupuestaria, que deberá quedar plasmada en el Presupuesto de Egresos de la Federación 2008, mismo que, al final de cuentas, los legisladores deberán aprobar, lo cual puede dar al traste con la reforma fiscal presupuestaria, pero no por ello el Ejecutivo debe dejar de proponerla.

• Reforma fiscal

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