LUNES, 1 DE OCTUBRE DE 2007
Tomémosle la palabra al Presidente, es hora de la reforma energética

¿Usted cree que es buen momento para realizar inversiones en México?
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“Es increíble que México teniendo petróleo en abundancia, tenga que importar varios de sus derivados como la gasolina, cuando claramente podría ser una potencia exportadora de los mismos. Pemex está técnicamente quebrada (su deuda de más de 100 mil millones de dólares supera a sus activos) y por concepto de proyectos de inversión (PIDIREGAS) desde este año y hasta el 2012 deberá amortizar 50 mil millones de dólares. No, sin reforma energética, el país va directito al abismo financiero.”


¡Ya viene el gasolinazo!, ¡ya viene!, repetían y repetían en diversos medios de comunicación. Sí, medios y políticos inflaron los efectos reales del alza a las gasolinas y terminaron por contagiar al público.

 

Lo cierto es que el efecto inflacionario de subir las gasolinas 2 centavos diarios durante 18 meses tenía un efecto ínfimo sobre el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC). De acuerdo a la encuesta ingreso-gasto que publica el INEGI, las familias de altos ingresos gastan en promedio el 4% de sus ingresos en gasolina y las de menores ingresos un 0.5%. Como promedio general, las familias mexicanas gastan alrededor de 3.6% de sus ingresos en gasolina, por lo que la ponderación de este bien en el INPC es muy menor (y por tanto su efecto inflacionario).

 

Quien esto escribe se oponía a que subieran las gasolinas, no tanto por su efecto sobre la inflación, que insistimos, es muy menor, sino por la historia y las negras expectativas que genera (efecto psicológico como la llamada profecía autocumplida). Lamentablemente, parte de la negociación de la reforma fiscal incluyó este aumento (por presiones del PRI y sus gobernadores), lo que nos hizo recordar a las viejas crisis económicas por las que ha atravesado el país y que siempre incluían un alza en las gasolinas. Por si esto fuera poco, el aumento estuvo acompañado de alzas de precios ajenas al efecto gasolinero, como lo ha sido el aumento en los granos, en especial el trigo, cuya alza en su precio proviene de los mercados internacionales.

 

Claro, lo anterior fue el platillo ideal para que algunos periodistas despistados y políticos malintencionados (para variar del PRD) culparan al gobierno del gasolinazo y de toda el alza de precios (del pan y de diversos alimentos). Ahí estaban los del PRD exigiendo aumentos sin ton ni son a los salarios. El resultado: la decisión políticamente correcta, pero económicamente incorrecta (costará 10 mil millones de pesos) del Presidente Calderón de posponer el aumento (excepto el de la Premium) hasta inicio del próximo año (los políticos que firmaron el acuerdo no leyeron –ó no se acuerdan- que 15 días después del decreto gasolinero entraba en vigor el alza) para calmar las aguas. Calderón reconoció las pérdidas que esto ocasionaría e hizo un llamado a iniciar una reforma en materia energética. Tomémosle la palabra.

 

Aclaremos algo amigo lector: Debido a que los precios del petróleo han estado muy altos en los últimos años, derivados como la gasolina, el diesel y el gas han estado también por las nubes. A pesar de que PEMEX cada mes ajusta 4 centavos la gasolina, la paraestatal pierde dinero. Lo anterior se debe a que México importa el 40% de la gasolina que consume. El problema es que PEMEX la compra caro en el extranjero, y la vende barata en México, lo que ha ocasionado una pérdida de enero a agosto de este año, de casi 7,000 mil millones de dólares (de 2,200 millones de dólares netos si restamos los ingresos por la venta interna). Así las cosas, hasta cierto punto es bueno (para PEMEX, pero malo para la economía) que el gobierno suba la gasolina -y demás energéticos- para evitar más pérdidas millonarias, y, en cambio, es malo, muy malo que el gobierno congele los precios de los energéticos, pues eso es un vil control de precios que cuesta mucho dinero.

 

Ajustar precios de los energéticos es necesario para evitar pérdidas en PEMEX, pero no es la solución óptima y sólo ocasiona la molestia del público, pues dada la rígida estructura monopólica de nuestro sector energético, los precios de los combustibles suben, pero nunca vuelven a bajar (aunque el precio del petróleo baje).

 

Hay que tomarle la palabra al Presidente, es hora de realizar una seria reforma energética. Es increíble que México teniendo petróleo en abundancia, tenga que importar varios de sus derivados como la gasolina, cuando claramente podría ser una potencia exportadora (y ganar, no perder dinero) de los mismos. Claro, como no se permite inversión privada en exploración, explotación y refinación, a la paraestatal no le alcanzan los recursos para ser competitiva, pues está técnicamente quebrada (su deuda de más de 100 mil millones de dólares supera a sus activos) y por concepto de proyectos de inversión (PIDIREGAS) desde este año y hasta el 2012 deberá amortizar 50 mil millones de dólares. No, sin reforma energética, el país va directito al abismo financiero.

 

Ojalá que el PRI se ponga las pilas y deje ya de chantajear. Es de vital importancia que los políticos se pongan de acuerdo y cambien algunos de los artículos de nuestra socialista Constitución, pues de lo contrario, PEMEX no podrá respirar financieramente y ello podría acarrear malas, muy malas consecuencias para la economía mexicana.

 

Por lo pronto, los buscadores de rentas y trasnochados izquierdistas como el Sindicato de Electricistas, López y compañía, ya se darán a la tarea de realizar toda clase de bloqueos (y de repetir como pericos la mentira de que el gobierno quiere privatizar PEMEX) a la reforma energética. A estos individuos no les importa que a México le vaya mal, lo que quieren es que a Calderón le vaya mal, aunque en esto vaya de por medio el bienestar de los mexicanos. Vaya patriotas.

 

Si México quiere superar sus rezagos en productividad y competitividad, es de vital importancia permitir que PEMEX reciba inversión privada y que pueda invertir en proyectos conjuntos de inversión con cualquier empresa petrolera, pública ó privada, tal como se hace en todo el mundo.

 

La otra vez que vino a México el Presidente Lula de Brasil, invitó al gobierno mexicano a realizar negocios con PETROBRAS en el golfo de México. Pero qué cree amigo lector, PEMEX tiene la prohibición constitucional de hacerlo. Vaya estúpida manera de perder dinero, mucho dinero. Todas las empresas petroleras del mundo (en especial las del gobierno) deben hoy día aceptar realizar proyectos con inversión privada si quieren sobrevivir. Vaya, hasta el comunista Hugo Chávez acepta coinvertir en materia petrolera.

 

Ojalá que los políticos mexicanos le tomen la palabra al Presidente y se pongan a trabajar sobre una reforma energética que le de viabilidad financiera a México ya no en el largo plazo, sino en el corto, pues PEMEX y CFE ya enfrentan serios problemas financieros. ¡Tomémosle la palabra al Presidente!, ¡pero ya!

• Reforma energética

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