JUEVES, 8 DE NOVIEMBRE DE 2007
Kinard y Bush, ¿con qué derecho?

¿Usted cree que es buen momento para realizar inversiones en México?
No
No sé



El punto sobre la i
“Si del derecho a la vida se desprende el derecho a defenderla, del derecho a defenderla, ¿no se desprende el derecho a la portación de armas?”
Félix de Jesús


Más artículos...
Manuel Suárez Mier
• Propaganda, censura y autocracia

Arturo Damm
• Progreso social, ¿hacia dónde?

Luis Pazos
• Pemex: ideologías contra aritmética

Arturo Damm
• Afirmaciones falaces

Ricardo Valenzuela
• Unión de Estados Americanos Socialistas (II)

Arturo Damm
• ¿Otra tenencia?

Víctor Hugo Becerra
• El gobierno de López Obrador, un fracaso


Pulsaciones...
• Votar, ¿derecho u obligación?

• Extinción de dominio y Estado de chueco

• Ante la 4T, ¿qué hacer?

Arturo Damm







“Se debe eliminar el poder de los gobernantes para ordenar “¡Mata y muere!”. Ningún ser humano debe tener ese poder, cuya primera manifestación es la conscripción obligatoria, abuso del Estado y sus gobiernos, por más bonito que los gobernantes nos pinten el asunto.”


La foto se reprodujo en muchos periódicos. Se tomó, el sábado 3 de noviembre, en Fort Jackson, Carolina del Sur, y en ella aparecen tres personajes: en segundo plano, quien seguramente es un agente de seguridad (traje oscuro, corbata azul turquesa, posición de firmes, pelo muy corto, alto y fornido) y, en primero, George W. Bush y Adrew Kinard, el primero presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, el segundo veterano de la guerra de Irak, el primero parado saludando al segundo, el segundo sentado recibiendo el saludo del primero. ¿Por qué sentado? Porque no tiene piernas, las perdió, de la pelvis para abajo, en la guerra de Irak, y la pregunta es ¿a cambio de qué? ¿De la defensa de la patria? ¿Del triunfo de la democracia? ¿Del avance de la libertad?

 

No dejo de preguntarme qué sentirá Bush al saber que por obra y gracia de una orden suya – “¡Vas a la guerra!” -, Kinard pasará el resto de su vida, o sentado en una silla de ruedas, o caminando con unas prótesis que, por más maravillosa que sea, nunca igualará a sus piernas. ¿Qué sentirá?

 

Y Kinard, ¿qué siente, qué piensa? Las tres medallas que cuelgan de su casaca, ¿lo compensan por la perdida de la mitad de su cuerpo? ¿Se pregunta si su sacrificio valió la pena? De entrada, ¿qué negocio pendiente tiene la administración Bush en Irak? Y lo pregunto en estos términos porque resultaría incorrecto preguntarlo así: ¿qué negocio pendiente tiene el pueblo estadounidense en Irak?

 

Hoy en día es el gobierno la principal amenaza contra la vida, la libertad y la propiedad de los gobernados. ¿Con qué derecho el jefe de gobierno manda a la guerra – a matar o a morir -, a otro ser humano, independientemente de que éste haya decidido enrolarse? ¿Una mala decisión – enrolarse en el ejército -, justifica otra igualmente mala, si no es que peor: mandar a alguien a matar o a morir?

 

¿Es sensato darle a un ser humano ese poder: el de mandar matar y ordenar morir? Y si la respuesta es afirmativa, ¿el buen juez por dónde empieza? En este caso debería hacerlo por sus hijos, y a ello debería obligársele por ley: jefe de gobierno que declare una guerra mandará al frente, y por delante, a sus hijos. Si así fuera, ¿Bush hubiera iniciado la guerra de Irak? Kinard, ¿hubiera perdido sus piernas?

 

¿Cuántas guerras, de las que hubo en el siglo XX, se pelearon por obra y gracia de los Estados y su encarnaciones, los gobiernos en turno, encabezados por algún personaje convencido de que él sí tiene el derecho (que en realidad es el poder, algo muy distinto), de ordenarle a los demás: “¡Mata y muere!, por la patria, la raza, la clase social, el Dios verdadero”? ¿Convencidos?, sin duda alguna, ¿pero conscientes?

 

¿Cómo es posible que a estas alturas de la historia, con todo el camino recorrido, sigamos en muchos sentidos igual que siempre, siendo las guerras el mejor botón de muestra? La respuesta no es difícil: el ser humano sigue siendo, esencialmente, el mismo, razón de más para eliminar el poder de los gobernantes para ordenar “¡Mata y muere!” Ningún ser humano debe tener ese poder, cuya primera manifestación es la conscripción obligatoria, abuso del Estado y sus gobiernos, por más bonito que los gobernantes nos pinten el asunto. ¿Realmente lo es?

 

Por lo pronto, Bush siguió su camino, caminando, y Kinard el suyo, rodando en su silla de ruedas. ¡Qué brutalidad!

• Conscripción obligatoria

 Comentarios al artículo...
Comments powered by Disqus