Jaque Mate
Feb 20, 2008
Sergio Sarmiento

AMLO y sus molinos de viento

López Obrador sabe cómo manejar a los medios de comunicación y generar más atención. De esta manera ha afirmado constantemente haber sido sometido a un “cerco informativo”. No es que lo crea, por supuesto, pero esa victimización le ha permitido negociar un acceso a medios, tanto impresos como electrónicos, muy superior a la que tendría como simple candidato fallido a la Presidencia de la República.

Andrés Manuel López Obrador ha entendido siempre la importancia de tener un buen enemigo. Por eso, cuando no los tiene, los inventa.

 

Esto es lo que ha venido ocurriendo en la campaña que el ex candidato presidencial ha emprendido en contra de la reforma energética. En distintos foros, López Obrador ha insistido en que hay un acuerdo secreto entre el PRI y el PAN para entregar el petróleo del país a extranjeros. Pero nunca ha podido mostrar cuál es ese acuerdo ni quienes llegaron a él.

 

Cuestionar la “privatización” de Pemex es una forma fácil y barata de obtener apoyos políticos en nuestro país. López Obrador lo ha entendido. Por eso ha inventado el enemigo y se ha dedicado a atacarlo. Poco importa que nadie haya propuesto la venta de Pemex a empresas extranjeras como lo afirma el ex candidato.

 

López Obrador sabe, sin embargo, cómo manejar a los medios de comunicación y generar más atención. De esta manera ha afirmado constantemente haber sido sometido a un “cerco informativo”. No es que lo crea, por supuesto, pero esa victimización le ha permitido negociar un acceso a medios, tanto impresos como electrónicos, muy superior a la que tendría como simple candidato fallido a la Presidencia de la República.

 

Quizá López Obrador, quien ha encontrado sumamente rentable presentarse como víctima de conspiraciones políticas, tenga derecho a emplear todos los recursos que tenga a su alcance para defender sus ideas y para mantenerse vigente en la política con el fin de postularse nuevamente a la Presidencia en el 2012. Pero el problema es que su actitud está inhibiendo un debate de fondo sobre algo muy importante para el futuro de nuestro país: qué hacer con la industria petrolera nacional.

 

López Obrador y el PRD han emprendido una cruzada no sólo contra la privatización de Pemex, esto es, la venta de la empresa a empresarios privados, sino también contra la apertura de la industria petrolera a la inversión privada en cualquier tipo de actividad. Según él, al parecer, ni siquiera la limpieza de las gasolineras debería quedar en manos privadas, aunque sean nacionales. El tema, sin embargo, es demasiado importante para que se defina simplemente con lemas y consignas.

 

Los mexicanos, y no solamente los políticos, tenemos obligación de estudiar cuáles son las opciones para sacar a Pemex adelante. Lo que sabemos es que no podemos permitir que continúe la declinación de la empresa. Si este proceso se mantiene como en la actualidad, tendremos que empezar a importar petróleo crudo en unos cuantos años, así como ahora estamos importando gasolina.

 

Esperemos que en los próximos meses se lleve a cabo una verdadera discusión de fondo sobre las opciones que enfrenta nuestra industria petrolera. En ese debate tendrán un lugar importante López Obrador y el PRD. Pero por eso mismo hay que exigir que la discusión se lleve a cabo con seriedad… y sin inventar molinos de viento para que el ex candidato tenga con quién pelearse y llamar la atención de los medios de comunicación.



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