VIERNES, 11 DE ABRIL DE 2008
¡...y los veneros de petróleo el diablo! (I)

¿Usted cree que la economía mexicana crecerá este año 2% como asegura López Obrador?
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“La banca central solo puede decidir entre uno de tres caminos posibles: a qué tasa contraer, a qué tasa expandir o dejar inalterada la base monetaria.”
Alberto Benegas Lynch (h)

Edgar Piña







“El 18 de marzo de 1977, si mal no recuerdo, Jorge Díaz Serrano, anuncia el nacimiento de una era portentosa para México basada en la industria del oro negro. Para 1981 la economía de la abundancia, sostenida con palabras y papeles, se derrumba a los pies de las pirámides falsas de las ilusiones petroleras. Devaluaciones, inflación, fuga de capitales, incertidumbre.”


El primero de diciembre de 1976 yo era un joven de veintitantos años con unos cuantos años de experiencia laboral en el sector público. José López Portillo rinde protesta como Presidente de la República y, enjundioso como era, de inmediato emprende sus primeras acciones.

 

Se propone, el flamante mandatario, desarrollar al país en tres etapas: restaurar, durante el primer bienio, la maltratada economía que dejara su antecesor Luis Echeverría; consolidarla en el segundo y crecer aceleradamente en el tercero, es decir, en 1981 y 1982.

 

El ambiente era propicio, pues ya desde finales del sexenio anterior la prensa tenía como tema preferido la abundancia de petróleo que yacía bajo los pies de los mexicanos.

 

El 18 de marzo de 1977 -aniversario de la expropiación petrolera-, en Coatzacoalcos, Veracruz, si mal no recuerdo, Jorge Díaz Serrano, anuncia el nacimiento de una era portentosa para México basada en la industria del oro negro. Para ello informa del descubrimiento de enormes yacimientos de petróleo en el sureste del país.

 

El prometido auge petrolero multiplica la capacidad de gasto del sector público, especialmente la del organismo descentralizado Petróleos Mexicanos, el cual aumenta aceleradamente el número de funcionarios, empleados y trabajadores. Como los ingresos extras no llegaban, el financiamiento del déficit público se resuelve con la emisión de dinero y, of course, por el endeudamiento externo.

 

Pero no importa, agoreros del desastre, las inversiones petroleras tardan en rendir sus frutos: los mexicanos somos afortunados. De pronto, como por arte de magia, el ensoberbecido presidente de la República, ayudado por el director de Pemex, apunta su varita maravillosa hacia la inconmensurable riqueza oculta del subsuelo y confirma que, en efecto, los veneros de petróleo significan para México la oportunidad única en la historia de convertirse en un país del primer mundo.

 

¡Aquí está su nuevo Quetzalcoátl mexicanos de todos los confines de la patria, aquí llegó el Tlatoani que sabrá "administrar la abundancia" y será capaz de construir todo un México esplendoroso!

 

Enmarcada en una verdadera avalancha de decisiones, iniciativas y acciones, el presidente-emperador crea la Coordinación de Proyectos de Desarrollo, al mando del licenciado Julio Rodolfo Moctezuma Cid, quien integra un grupo de expertos profesionales, técnicos y administradores, cuya misión consiste en aterrizar y evaluar la factibilidad de los enormes y desbordados proyectos que fincan su todavía desconocida viabilidad en los tesoros petrolíferos.

 

Aquellos fueron tiempos de oficinas nuevas, estudios, viajes, evaluaciones, presentaciones, comidas en restaurantes de moda, vehículos último modelo: la prepotencia de un sector público con traje y corbata nueva y las amplias sonrisas del éxito en todos los miembros del equipo. Pero la realidad es terca.

 

Decenas de proyectos elaborados al vapor, habrían de desaparecer con el tiempo, desvanecidos en la escasez de los petrodólares que llegaban en cantidad insuficiente, tal como nuestras estimaciones financieras lo indicaban. Así también se esfumaron los sueños de Jorge Díaz Serrano quién, por cierto, un día ingresaría como huésped distinguido de una prisión mexicana.

 

Alucinación que se desvanece al golpe realista de una economía atrasada, rezagada, de obsoletas estructuras, de instituciones anacrónicas, corruptas. Los espíritus buenos, los magos benefactores que iluminaban el camino del Gran Tlatoani y le inspiraban el discurso optimista, ceden su lugar a las ánimas negativas quienes determinan convertir el sueño en pesadilla. Para 1981 la economía de la abundancia, sostenida con palabras y papeles, se derrumba a los pies de las pirámides falsas de las ilusiones petroleras. Devaluaciones, inflación, fuga de capitales, incertidumbre.

 

Tengo a la vista una vieja agenda de 1981. Primero de junio, día en que se celebra a la Marina Nacional, el todavía director de PEMEX, Díaz Serrano, por sugerencias según se dice de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), baja cuatro dólares el precio del barril de la mezcla de exportación.

 

La jauría se desata y va sobre la cabeza del otrora héroe de la abundancia petrolera. Bastan unos cuantos días de furia, de ataques, de embestidas sangrientas. Para el 6 de junio, mi paisano Díaz Serrano, es sustituido por mi jefe el licenciado Julio Rodolfo Moctezuma Cid, quien se lleva a todo el equipo a Petróleos Mexicanos, allá en el conjunto de edificios de Marina Nacional.

 

De lo que encontramos en Petróleos Mexicanos, la empresa de los mexicanos y una de las más grandes del mundo, le platico en la próxima colaboración.

• Petróleo

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