Ideas al vuelo
Abr 11, 2008
Ricardo Medina

Un poquito de solidaridad, por favor

¿No habrá en la izquierda mexicana –antigua o moderna- un alma caritativa que impida que el señor López siga haciendo el ridículo?

No lo entiendo. Se supone que un ingrediente esencial de las “sensibilidades progresistas” –esto es, de la izquierda- es la infatigable voluntad de hacer el bien a los demás, corregir injusticias, deshacer entuertos y levantar a los caídos. ¿Por qué, entonces, los izquierdistas mexicanos permiten que uno de sus personajes emblemáticos, el señor Andrés López, se siga exhibiendo en los medios de comunicación para ser motivo de la befa y el escarnio de los perversos derechistas?

 

Detengan esa masacre.

 

Ya había quedado claro, en una memorable entrevista en un noticiario matutino de la televisión con el joven Loret de Mola, que el señor López no las trae todas consigo –para decirlo suavemente– y que tiende a quedarse desarmado ante cualquier pregunta u observación medianamente aguda. Se supondría que algún inteligente correligionario del señor López, advirtiendo lo dañino que resulta esa exhibición de miseria intelectual para la causa de la progresía, habría intervenido, solidariamente cual debe de ser, para que en el futuro se evitasen tales bochornosos incidentes. Y también para que los cercanos a López le pusiesen a buen recaudo y buscasen ayuda competente para evitar que se siga infligiendo daño. Mucha defensa de la soberanía, de la patria, del petróleo y de las sentidas tradiciones, pero ni una elemental medida de solidaridad hacia el correligionario en apuros (esta fórmula, “en apuros”, como descubrió Guillermo Sheridan, es el eufemismo favorito de quienes ponen títulos en español a las películas extranjeras; así, Hamlet es “un príncipe en apuros” y que Shakespeare nos perdone).

 

El miércoles, por la radio, Sergio Sarmiento entrevistó –por llamarle de alguna manera- al señor López acerca de la reforma propuesta por el Presidente Felipe Calderón para Pemex. Un desastre, para López. Gran diversión para la mayoría del auditorio que escuchó cómo cada pregunta pertinente era respondida con balbuceos sin sentido. Hagan de cuenta que Sarmiento estaba tratando de sacarle agua a las piedras o entrevistando a un señor al que acababan de aplicarle electrochoques masivos.

 

No entiendo a los paladines de la izquierda (moderna o antigua, lo mismo da en este caso) que no detienen, por solidaridad ya que no por caridad, esta masacre.



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