Ideas al vuelo
Abr 25, 2008
Ricardo Medina

Alimentos y productividad

Tres puntos clave sobre la “inflación” mundial de los alimentos: 1. Los gobiernos la han provocado con sus intromisiones y la están agravando, 2. Está comprobado que aumentar la oferta de alimentos en el mundo –y dar de comer bien a todos los seres humanos- es factible mediante productividad y 3. El principal factor que eleva la productividad agrícola y agropecuaria es el factor humano.

Durante las últimas décadas del siglo pasado la oferta de alimentos en el mundo –en calidad y cantidad- aumentó muy por encima del crecimiento de la población. Hoy millones de familias pobres en el mundo comen mejor que en el pasado gracias a un salto impresionante de la productividad en el campo; fenómeno, por cierto, que expulsó del campo hacia las ciudades –y hacia empleos mejor remunerados y una mejor calidad de vida– a millones de personas.

 

En los primeros siete años y cuatro meses de este siglo XXI, en cambio, se ha experimentado un alza acelerada en los precios de los alimentos, cuyas causas comenté ayer brevemente y que se resumen en: Intromisión de los gobiernos, distorsionando el sistema de precios del mercado libre, mediante subsidios, barreras arancelarias y no arancelarias que obstaculizan o impiden el comercio de alimentos, desastrosa asignación de recursos propiciando el uso de tierras agrícolas para producir biocombustibles ineficientes –etanol a partir de maíz, es el arquetipo– cuya producción consume más hidrocarburos de los que, se supone, debería ahorrar.

 

Los altos precios de los alimentos representan, por otra parte, una oportunidad única para que en muchos países subdesarrollados, como México, los productores reciban mayores ingresos e incrementen su productividad. Sabemos cómo hacerlo y sabemos, gracias a los trabajos visionarios del economista que mejor conoció y entendió la economía de la pobreza (Theodore W. Schultz, premio Nobel de Economía 1979), que el factor decisivo para aumentar la productividad del campo y contar con más y mejores alimentos es el capital humano (inteligencia, conocimientos, habilidades, destrezas, tecnología) de los productores, lo que se logra invirtiendo en su salud y su educación. Jamás –hay que repetirlo- los subsidios o las barreras servirán para producir más alimentos para los pobres de este mundo.

 

Y, ¡por Dios!, dejen a los mercados libres trabajar. Jamás un burócrata gubernamental los ha podido suplir con mediana eficacia.



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