JUEVES, 22 DE MAYO DE 2008
Volver, volver a casa

¿Usted cree que la economía mexicana entrará en recesión en los próximos meses?
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No sé



“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Fernando Amerlinck







“Regreso a la Caput Mundi luego de una ausencia exageradamente larga, prolongada. Todo alejamiento del bien querido resulta doloroso, como placentero es el reencuentro, apasionante el redescubrimiento, nostalgiosa la remembranza de los paseos y las visitas, la evocación de los amigos de entonces, y de la vida transcurrida aquí en un año de Jubileo, fin de época y cambio de siglo. Un viejo amor ni se olvida ni se deja; un viejo amor, de nuestro cuerpo se aleja pero nunca dice adiós. Sólo dice a rivederci.”


ROMA.- Regreso a la Caput Mundi luego de una ausencia exageradamente larga, prolongada. Todo alejamiento del bien querido resulta doloroso, como placentero es el reencuentro, apasionante el redescubrimiento, nostalgiosa la remembranza de los paseos y las visitas, la evocación de los amigos de entonces, y de la vida transcurrida aquí en un año de Jubileo, fin de época y cambio de siglo. Un viejo amor ni se olvida ni se deja; un viejo amor, de nuestro cuerpo se aleja pero nunca dice adiós. Sólo dice a rivederci.

 

Y nos volvemos a ver, en un tiempo que no es el mismo y en una ciudad que ya es otra; ha corrido mucha agua en los surtidores con insignia SPQR que la tiran en las calles, acá donde es purísima y se regala. Lo dijo Heráclito cerca de aquí, a la vuelta de la esquina, en Éfeso: nadie se baña dos veces en el mismo río. El Tíber no es el mismo que conocí, pero allí sigue.

 

Roma es otra pero es la de siempre. Acá el tiempo no pasa, pero todo es nuevo. La ciudad eterna vive permanentemente, cambia siempre, y es perpetuamente desconocida. Nunca deja de asombrar, y nadie acaba de conocerla. Imposible aburrirse. Nunca me aburro cuando estoy en casa. Roma es casa mía, aunque acá no tenga casa.

 

La ciudad está viva, como el país. El cavagliere Berlusconi recupera el poder y una cómoda maggioranza en el Parlamento, donde por primera vez en medio siglo no hay ningún comunista; y tranquilamente declara: “las mujeres de la derecha son ciertamente las más bellas”. Y el país se ríe, sin que nadie se sienta ofendido por “denigrar” (en México ese verbo ha sido elevado a rango constitucional) a las mujeres. Nadie lo ataca de sexista. Nadie se ofende. Acá sería imposible un López Obrador. Berlusconi será un pájaro de cuenta, pero tiene la ventaja de ser simpático y eficaz como gobernante.

 

Acá la gente sabe burlarse de sí misma, porque está libre de complejos y de la horrenda obsesión de la corrección política. Italia está mucho más cerca de la dimensión humana que de los Estados Unidos, cuyas obsesiones impiden llamar negros a los African Americans. Acá no hay resentimiento por la historia, y lo amargo no es la política sino los licores. En Roma juega y vive la humanidad encarnada y bella, imaginativa e inteligente hasta en los graffiti. Les ha dado por usar plantillas de papel para mostrar imágenes interesantes; hasta quien pintarrajea una pared lo hace con arte e imaginación. Jamás había visto a grafiteros agradecibles.

 

A su macroeconomía no la va tan bien (la ordenada España la ha superado en producto individual) pero nadie supera a Italia en el arte de vivir, en la douceur de vivre. Acá trabajan de buen humor, no protestan exigiendo al gobierno concederles sus “justas demandas”, no gritan en la calle en marchas ni hacen resistencia civil “pacífica”, y si alguien manda a otro al basurero de la historia, nadie se lo toma en serio ni se desgarra la ropa en los periódicos. La gente toma los altísimos precios como un hecho de la vida (la gasolina rompe récords diariamente; está a $25 el litro); simplemente aceptan que la vida es así. Para mí todo cuesta tres o cuatro veces más que cuando aquí viví… pero vale la pena volver, así sea con la frente medio marchita y a pesar de las nieves del tiempo, y de los precios.

 

Es Italia, que considera un lugar común llamarse “el país de la belleza”. Si llamarse a sí mismo país de la belleza es lugar común, alguien colegirá por qué quien llega acá se siente tan bien. Yo así lo siento con todas las moléculas de mi cuerpo. Ah, que agradable es regresar a casa.

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