MARTES, 15 DE JULIO DE 2008
Consumidor, libertad y bienestar (II)

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“Lo que importa, sobre todo desde el punto de vista del consumidor, no es "quién" ofrece, sino "cómo" ofrece, y quien lo haga, en términos de precio, calidad y servicio, mejor que los demás, es quien debe ofrecer. A esa oferta es a la que se le llama "económica".”


¿Qué conviene al consumidor? Más y mejores opciones de consumo. ¿Cómo se logran esas opciones? Por medio de la competencia, misma que debe darse, en cada sector de la actividad económica, y en cada mercado de la economía, en el mayor grado posible. ¿Cómo se consigue la mayor competencia posible? Permitiendo, en cada sector de la actividad económica, y en cada mercado de la economía, la participación de todo aquel, nacional o extranjero, que quiera participar, con una sola condición: que no impida que otros participen, impedimento que limitaría o eliminaría la competencia. 

 

Llegados a este punto las preguntas son, primera, ¿qué se requiere para hacer posible la participación de cualquiera, nacional o extranjero, en cualquier sector de actividad económica y/o en cualquier mercado de la economía? y, segunda, ¿de una Ley de Competencia, y de la correspondiente Comisión de Competencia, encargada de vigilar el cumplimiento de la ley y de sancionar a los violadores?, ley y comisión que ya tenemos en México. No, lo único que se necesita es introducir en la Constitución, en el Capítulo I, el de las Garantías Individuales, un artículo que, en esencia, diga lo siguiente: “Todo aquel, nacional o extranjero, que quiera participar en cualquier sector de la actividad económica, o en cualquier mercado de la economía, en reconocimiento y garantía de la libertad individual y la propiedad privada, lo podrá hacer sin otro límite que el respeto al mismo derecho en el caso de los demás”, es decir, sin impedir que otros participen, impedimento que limitaría la competencia, reduciendo las posibilidades de consumo de los consumidores, limitando su libertad de elección, reduciendo su nivel de bienestar, todo lo cual no es más que la antieconomía en todo su esplendor.

 

Volvamos al artículo propuesto, y analicémoslo parte por parte. Primera: “Todo aquel, nacional o extranjero…” ¿Por qué no limitar la participación, en todos los sectores de la actividad económica, y en todos los mercados de la economía, nada más a los nacionales? Por una razón muy sencilla: de lo que se trata es de conseguir el mayor grado de competencia posible, en todos los sectores de la actividad económica, y en todos los mercados de la economía, para lo cual se requiere hacer posible la  concurrencia del mayor número posible de participantes, de tal manera que la exclusión de los extranjeros resultaría en una reducción, ¡discriminatoria!, de dicho número, siempre en contra de los intereses de los consumidores, a quienes lo que les interesa es en qué condiciones de precio, calidad y servicio se ofrecen las mercancías, no la nacionalidad del oferente, ni tampoco, dicho sea de paso, el país de origen de la mercancía.

 

Existe una segunda razón, más allá de la estrictamente económica (la relacionada con la competencia), por la cual no se debe prohibir la participación de los extranjeros en cualquier sector de actividad económica, y en cualquier mercado de la economía, y es la que tiene que ver con la discriminación. Prohibirle a un extranjero, por el simple hecho de ser eso, un extranjero, participar como oferente de bienes y servicios en la economía nacional es discriminatorio, violatorio del respeto que la dignidad de la persona demanda, razón más que suficiente para prohibir dicha discriminación. Es por ello que comencé la redacción del artículo señalando que “Todo aquel, nacional o extranjero…”.

 

Lo que importa, sobre todo desde el punto de vista del consumidor, no es quién ofrece, sino cómo ofrece, y quien lo haga, en términos de precio, calidad y servicio, mejor que los demás, es quien debe ofrecer. A esa oferta es a la que se le llama económica.

 

Continuará.

• Competencia

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