LUNES, 21 DE JULIO DE 2008
Los Intocables

¿Usted considera un triunfo para México el acuerdo al que llegó con Estados Unidos para evitar la imposición de aranceles?
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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Isaac Katz







“En México tenemos toda una variedad de intocables, adjetivo calificativo en este caso totalmente opuesto al de los intocables de Ness. Algunos ejemplos...”


Elliot Ness y su grupo de investigadores del FBI eran conocidos como “Los Intocables” debido a que mantuvieron su honestidad; en su lucha en contra del crimen organizado derivado de la muy estúpida prohibición para producir, comercializar y aun consumir alcohol no fueron corrompidos por las principales bandas de traficantes de bebidas embriagantes, particularmente la de Alphonsine Capone, quienes como cualquier grupo dedicado a la producción y distribución de un artículo ilegal requiere de la protección y complicidad de las autoridades. Así, Capone tenía comprada a la policía de Chicago, a los jueces y a los políticos por lo que podía operar con impunidad (cualquier similitud con la actual realidad mexicana en relación a las drogas no es más que pura coincidencia). En México tenemos toda una variedad de intocables, adjetivo calificativo en este caso totalmente opuesto al de los intocables de Ness. Algunos ejemplos.

 

En primer lugar están, por supuesto, los políticos quienes se sienten paridos por los dioses. Que nadie ose criticarlos porque, por tener la piel muy sensible y el cerebro prácticamente atrofiado por no haberlo usado más que para grillar, inmediatamente toman cualquier crítica a su labor como un ataque a su persona, más aun si además son funcionarios públicos, federales, estatales o municipales. Ellos, que están por arriba de cualquier común mortal, se consideran a sí mismos como los “salvadores de la patria”, siempre dispuestos a sacrificarse “por el bien de la nación”. Quien los critique merece ser descalificado y acallado. Son intocables.

 

Obviamente los políticos en lo individual valen lo que un cacahuate en época de cosecha, es decir nada, por lo que para sobrevivir tienen que agruparse con otra gente de su propia calaña y entonces crean los “partidos políticos”. Y así, agrupados en esa extraña categoría constitucional de “entidades de interés público” (como si al “respetable público”, como es el que asiste a las funciones de lucha libre, realmente les interesasen los políticos y sus partidos), legislan para sí posiciones monopólicas (no a las candidaturas independientes) e inclusive legislan para que nadie los pueda criticar a través de la radio o la televisión (y al rato, ya embalados, también lo harán extensivo a la prensa escrita). ¡Cómo criticarlos si son inmaculados! Y así, los políticos y los partidos viven en el Olimpo, mejor conocido como el H. Congreso de la Unión, en donde pueden hacer y deshacer sin que prácticamente nadie ni nada los detenga, sin tener que rendirle cuentas a nadie. Ellos son intocables.

 

Otro grupo más de intocables son los líderes sindicales porque, por otra aberración, los sindicatos también son “entidades de interés público” (¿en qué estaban pensando los legisladores, es decir los políticos, cuando aprobaron tal barrabasada?). Por lo mismo, los líderes sindicales no tienen que rendirle cuentas ni a sus agremiados, a pesar de que viven lujosamente de sus cuotas sindicales, más aun si encabezan sindicatos como el de maestros y el petrolero. Otro grupo más de intocables son los monopolios, gubernamentales y privados, que al no enfrentar competencia no le rinden cuenta a sus clientes.

 

Y como estos intocables deciden el destino inmediato del país pues, en lo inmediato, estamos fregados.

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