MARTES, 22 DE JULIO DE 2008
Consumidor, libertad y bienestar (V)

¿Considera usted que, en caso de logar su registro, “México Libre” es una alternativa viable para tener una oposición fuerte?
No
No sé



El punto sobre la i
“Por mucho que nos duela a los liberales, ninguna Constitución es garantía de la libertad.”
Carlos Rodríguez Braun


Más artículos...
Manuel Suárez Mier
• El misterio chileno

Arturo Damm
• Capitalismo de compadres (II)

Asael Polo Hernández
• ¿Liquidar o estabilizar?

Arturo Damm
• Capitalismo de compadres (I)

Ricardo Valenzuela
• Mexicanos, ustedes no merecen ser libres

Arturo Damm
• Capitalismos

Isaac Katz
• Viejos pobres (I)


Pulsaciones...
• De la amnistía a la legalización

• Votar, ¿derecho u obligación?

• Extinción de dominio y Estado de chueco

• Ante la 4T, ¿qué hacer?

Arturo Damm







“Una cosa es que un oferente, de algún bien o servicio, demande, del poder político, una concesión monopólica, o cualquier otro privilegio que limite la competencia, y otra muy distinta que el poder político lo conceda, concesión a la que debe rehusarse.”


“Todo aquel, nacional o extranjero, que quiera participar en cualquier sector de la actividad económica, o en cualquier mercado de la economía, en reconocimiento y garantía de la libertad individual y la propiedad privada, lo podrá hacer sin otro límite que el respeto al mismo derecho en el caso de los demás”. Esto, y nada más que esto, es lo que se necesita para garantizar el mayor grado de competencia en la economía, todo ello en beneficio del consumidor y, ¡muy importante!, tal y como se menciona en el texto, respeto a la libertad individual y la propiedad privada.

 

En las entregas anteriores analicé las distintas partes del enunciado, restando hacerlo con la última, la que reza sin otro límite que el respeto al mismo derecho en el caso de los demás. Si yo reclamo para mí el derecho de participar en cualquier sector de la actividad económica, y en cualquier mercado de la economía, debo reclamarlo, por congruencia, para todos por igual, aunque ese reclamo me signifique competencia y, con ella, la posibilidad de perder.

 

Ahora bien, una cosa es la congruencia lógica (reclamar para los demás los mismos derechos que se reclaman para uno) y otra los intereses pecuniarios (la intención de ganar lo más posible), intereses a los que les interesa que la competencia sea la menor posible, de ser posible nula, lo cual se puede lograr si quien ya participa en algún sector de actividad económica, o en algún mercado de la economía, consigue que el poder político prohíba la participación de alguien más, otorgándole el privilegio de una concesión monopólica que, al eliminar la competencia, le permitirá el monopolista elevar el precio de la mercancía que ofrece, lo cual le permitirá obtener, en el sentido que al término le da Gordon Tullock, una renta, misma que supone que el consumidor paga un precio mayor del que pagaría si el poder político no hubiera otorgado la concesión monopólica.

 

Ahora bien, una cosa es que un oferente, de algún bien o servicio, demande, del poder político, una concesión monopólica, o cualquier otro privilegio (apoyo, protección, subsidio) que limite la competencia, y otra muy distinta que el poder político lo conceda, concesión a la que debe rehusarse, por más que muchas veces en la práctica, y avalado por las leyes, otorgue privilegios que, al eliminar o limitar la competencia por el lado de la oferta, reduce, en cantidad y calidad, las opciones de consumo, reduciendo el nivel de bienestar de los consumidores, lo cual no solamente es antieconómico, sino inmoral.

 

Uno tiene derecho, en reconocimiento a la libertad individual para trabajar y emprender, ahorrar e invertir, comerciar y consumir, y a la propiedad privada sobre lo ingresos, el patrimonio y los medios de producción, de participar en todos los sectores de la actividad económica, y en todos los mercados, derecho que, si es de uno, es de todos, razón por la cual, al participar en alguno de esos sectores, o en alguno de esos mercados, no debe tenerse la desvergüenza de pedirle, al poder político, algún privilegio que elimina o limite la competencia, ya que ello supone, uno, la violación de la libertad y la propiedad de los posibles oferentes y, dos, de los consumidores, quienes, en la medida en la que se elimine o limite la participación de cuantos oferentes puedan participar en la producción, verán limitadas, en cantidad, y por lo tanto en calidad, sus opciones de consumo, y por lo tanto su nivel de bienestar, siendo que al final de cuentas, o por principio de ellas, ese, el mayor bienestar de los consumidores, debe ser el objetivo del progreso económico.

 

Continuará.

• Competencia

 Comentarios al artículo...
Comments powered by Disqus