MIÉRCOLES, 6 DE AGOSTO DE 2008
Ayn Rand (I)

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“Si del derecho a la vida se desprende el derecho a defenderla, del derecho a defenderla, ¿no se desprende el derecho a la portación de armas?”
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“Me llama la atención, ¡y celebro!, que en estos tiempos, en México, se estén ofreciendo, en algunos casos de manera por demás conspicua, no perdidas, entre otros libros, en los estantes, con nada más que enseñar que el lomo, sino en las mesas de novedades, con la portada por delante, las tres principales novelas de Rand.”


Quienes habitualmente visitan librerías, hábito que supone, además de saber a priori qué se quiere, el encontrar a posteriori alguna novedad que enriquecerá nuestra vida como lectores, habrán notado la exposición, en algunos casos conspicua (por ejemplo: El Péndulo, sucursal Santa Fe), de las tres principales obras de Ayn Rand: Los que vivimos, de 1936; El manantial, de 1943; y La Rebelión de Atlas, de 1957, obras que en su momento fueron best – sellers, y que en Estados Unidos son long – sellers, pero que en México prácticamente desaparecieron de las librerías durante décadas (habiéndose refugiado en algunas bibliotecas, como las de Gerald Damm y Jorge Enters, en las cuales yo las encontré por primera vez).

 

Hasta donde yo sé, la última edición en español de La rebelión de Atlas fue la de Caralt, de 1968; la última de El manantial, la de Planeta, de 1979, y la última de Los que vivimos la de Diana, de 1971, últimas ediciones hasta que aparecieron las de la editorial argentina Grito Sagrado (ya podrían haber buscado otro nombre), ediciones de la obra de Rand que tuvieron como objetivo celebrar, en el 2005, el centenario del nacimiento de Alisa Zinov'yevna Rosenbaum (véase: www.aynrand.org), verdadero nombre de quien escogió, como nom de plume, el de Ayn Rand, con quien yo, y muchos otros, hemos adquirido una deuda de no poco monto: mucho es lo que debo, a Rand, en materia de principios, ideas y argumentos a favor de la libertad individual y la propiedad privada, tanto desde el punto de vista filosófico, como del económico y político, y también, sin duda alguna, en lo estético. Rand sintetizó su visión de la siguiente manera: “Metafísica, realidad objetiva. Epistemología, razón. Ética, egoísmo racional. Política, capitalismo”.

 

¿Cuál es su visión del ser humano? Dejo que ella misma responda: “Mi filosofía es, en esencia, el concepto del hombre como un ser heroico, con su propia felicidad como propósito moral de su vida, con el logro productivo como su actividad más noble, y con la razón como su único absoluto”. Estoy convencido de que, si fuéramos capaces, ¡algo que parece imposible!, de redactar leyes y crear instituciones, que hicieran posible que el ser humano actuara de tal manera, ese ser, el humano, lo sería mucho más, y sus logros, en todos los campos de la acción humana, serían muchos más y mejores de los que son y, lo más importante, llegarían a un mayor número de gente. ¿Por dónde comenzar? Bien puede ser por la lectura de Rand, que es por donde, hace ya más de treinta años, yo empecé.

 

Ya sé que mi muy admirado Mario Vargas Llosa (¿ya leyeron su última novela, Las travesuras de la niña mala? ¿No? ¿¡Qué esperan!?), no soporta la lectura de Rand, cuyas novelas califica, por tratarse de literatura propagandística (a favor de la libertad individual y de la propiedad privada), de “mamotretos narrativos” (véase el prólogo a El regreso del idiota, editado por Random House Mondadori, en la colección Debate, del 2007, obra escrita por Plinio Apuleyo Mendoza, Carlos Alberto Montaner y Álvaro Vargas Llosa). Tal es la opinión de Vargas Llosa, misma que no comparto, confesando que, siendo muy consciente del costo de oportunidad que puede traer consigo releer lo ya leído, entre 1980 y 1987 leí, una vez al año, y por lo tanto ocho veces, El manantial, relectura que no he llevado a cabo con ninguna otra obra. La que más se le acerca es la de El Quijote, con tres. Vale.

 

Retomo el hilo. Me llama la atención, ¡y celebro!, que en estos tiempos, en México, se estén ofreciendo, en algunos casos de manera por demás conspicua, no perdidas, entre otros libros, en los estantes, con nada más que enseñar que el lomo, sino en las mesas de novedades, con la portada por delante (oferta que se ha mantenido más o menos conspicua desde el 2005), las tres principales novelas de Rand, y algunos de sus ensayos, como Filosofía, ¿quién la necesita?, Capitalismo: el ideal desconocido, El manifiesto romántico y La virtud del egoísmo.

 

Continuará.

 

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