VIERNES, 28 DE NOVIEMBRE DE 2008
Rescatar empresas, ¿sí o no?

A un año del comienzo del gobierno de López Obrador, usted cree que hemos mejorado en...
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“El sentido común puede aconsejar una respuesta afirmativa, sobre todo si consideramos todo lo que la quiebra de una empresa supone, desde la desaparición de bienes o servicios en los mercados, hasta la desaparición de puestos de trabajo. Vistas así las cosas, ¿qué tiene de malo que el gobierno rescate empresas?”


Una de las preguntas más frecuentes, en estos tiempos de problemas económicos, es si el gobierno debe, o no, rescatar empresas al punto de la quiebra. El sentido común puede aconsejar una respuesta afirmativa, sobre todo si consideramos todo lo que la quiebra de una empresa supone, desde la desaparición de bienes o servicios en los mercados, hasta la desaparición de puestos de trabajo. Vistas así las cosas, ¿qué tiene de malo que el gobierno rescate empresas? ¡Nada!, al contrario: solamente cosas buenas pueden salir de dichos rescates, desde mercancía en los anaqueles hasta puestos de trabajo, con todo lo que ello implica. Entonces, ¿debe el gobierno rescatar a empresas al punto de la quiebra? Claro que sí, todo ello a favor de la producción, la oferta de bienes y servicios, y el empleo.

 

La cuestión es que este tipo de preguntas hay que responderlas yendo más allá del sentido común, para lo cual hay que pensar como economista, lo cual supone, antes que otra cosa, y con relación a este tema, plantear lo siguiente: ¿qué supone que una empresa se encuentre al punto de la quiebra? Muy sencillo: que los consumidores ya no están dispuestos a financiar la producción de la mercancía que les ofrece, y que no lo están por una de dos razones: o porque el bien o servicio en cuestión ya no les es útil, o porque, siéndolo, la relación precio – calidad no es la correcta. En el primer caso la empresa tendrá que dedicarse a la producción de alguna mercancía que sí le sea útil a los consumidores, lo cual supone un proceso de transformación sustancial, y, en el segundo, tendrá que aumentar su productividad y competitividad para reducir el precio y/o elevar la calidad, lo cual supone transformaciones solamente accidentales, pero no por ello menos trascendentes: de ellas dependerá su sobrevivencia.

 

Hecha y respondida la anterior pregunta, y yendo más allá del sentido común, la siguiente cuestión que hay que plantear es ésta: ¿qué supone que el gobierno rescate a empresas al punto de la quiebra? Hecha la pregunta hay que responder lo siguiente: ¿de dónde salen los recursos para que el gobierno rescate a las empresas emproblemadas? Del bolsillo de los contribuyentes, lo cual implica que el gobierno obliga al contribuyente a subsidiar la producción de una mercancía que, como consumidor, ya no está dispuesto a financiar, comprándola voluntariamente en el mercado, y pagando el precio que le permite a la empresa seguir operando sin pérdidas. El rescate de empresas con dinero gubernamental (por favor, no le llamemos público), supone que al contribuyente se le obliga a pagar por lo que, libremente, en su calidad de consumidor, no está dispuesto a pagar, lo cual, desde el punto de vista ético, tiene sus serios inconvenientes. Esto es lo primero que supone que el gobierno rescate a empresas al punto de la quiebra, siendo lo segundo la socialización de las pérdidas, que no es más que otra de las caras de la misma moneda.

 

Si ante las pérdidas el gobierno debe rescatar empresas, y hacerlo, porque no le queda de otra, con recursos salidos del bolsillo de los contribuyentes, ¿por qué no hacer algo equivalente en el caso de que la empresa, en vez de pérdidas, obtenga utilidades? Algo equivalente, ¿cómo qué? Como el reparto de utilidades entre todos los contribuyentes, de la misma manera que entre ellos se reparte la pérdida en el caso de que el gobierno rescate a la empresa. Lo que es justo no es disparejo, razón por la cual lo que sí es disparejo resulta injusto.

 

A partir de las reflexiones anteriores, que no agotan el tema, ¿cuál es la respuesta correcta a la pregunta de si el gobierno debe, o no, rescatar empresas en problemas?

• Liberalismo • Cultura económica

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