JUEVES, 19 DE FEBRERO DE 2009
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El punto sobre la i
“El gobierno es, esencialmente, poder frente al ciudadano. ¿Qué lo justifica?”
Othmar K. Amagi


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“Obama es un hombre por demás interesante, sumamente inteligente, portador de ideas realmente peligrosas, decidido, terco como pocos y, en especial, propietario de una soberbia que a veces lo ciega. Un iluminado que muy agresivamente ha iniciado un proceso de socialización de los EU. ¿Cómo lo hace? Con los mismos remedios anteriores: Gasto, gasto y más gasto, intervención y mas intervención, sindicatos y más poderosos, emisiones masivas de dinero de parte del FED.”


“Democracia son dos lobos y un cordero discutiendo qué habrá de cenar.”

Thomas Jefferson

 

Hace un par de meses, contagiado por las expectativas irracionales que abrazan al mundo entero, decidí hacer un alto en el camino, desensillar mi caballo y tirarme bajo un palo fierro para, con la tranquilidad que portan los mirones, analizar la locura que en estos momentos intoxica a la humanidad. Pensé que tal vez debiera retirarme de esta apasionante actividad como es la exposición de ideas. ¿Para qué? Me preguntaba. El mundo recula hacia un horizonte contrario al que tanto he visualizado. Un mundo que no obedece la rienda de los buenos jinetes, testerea los cercos, muerde el freno, se amacha y se deja caí… como los caballos que amansaba mi compadre Guaquila.

 

Ahí permanecí mirando cómo el espectáculo se tornaba tan tétrico que no pude más, abandoné mi siesta ancheteña, le eché la silla al caballo, le atrinqué un freno atravesado con doble rienda, me monté y rayándole las espuelas en las paletas le doblaba el pescuezo con una jáquima de cola de macho corriente, para darle todo el bajío por el camino real ya tan transitado.

 

Lo acontecido en el mundo de la política, economía y de las sociedades estos últimos meses, es algo que ni el mismo Dante hubiera sido capaz de moldear. Durante mi larga siesta bajo el apacible palo fierro, me invadían horrorosas pesadillas las que, si las comparo con las que me martirizaban durante mis mas espantosas crudas, éstas se podrían asimilar a los cuentos infantiles que me narraba La Perfeta—cocinera de mi abuelo en Las Calaveras—en aquellos hermosos años de mi niñez.

 

En mi sueño veía cómo el petróleo escalaba los $150 dólares, el Dow Jones perdía casi el 50% de su valor. GM, Ford y Chrysler, completamente quebradas se dedicaban a mendigar, la banca mundial totalmente insolvente, el virus de las desahuciadas hipotecas se extendía por todo el planeta, la economía de Japón se contraía en casi un 4%. Miraba a un Al Gore—personificando al padre de un infante Superman—acomodando al chamaco en una nave que lo llevara a nuevos mundos pues el nuestro se desmoronaba. Ante tan sombrío panorama emergía una sociedad presa de las olas de pesimismo que tan bien describía Keynes.

 

Los EU, todavía eje de la economía mundial, envueltos en tan dantesco panorama ¿Qué hacen? Se entregan a un Mesías representando la versión moderna de FDR con algunos tintes Hooverianos, perfiles Peronistas y Somocistas dibujados por Raul Prebisch. El primero responsable de la Gran Depresión, el segundo de su enorme longitud y los terceros, prototipo del estatismo que tanto ama el Perfecto Idiota Latinoamericano. Todos ellos participantes en el entierro de las ideas de estadistas del calibre de Jefferson, Madison, Washington, arquitectos del milagro americano del siglo XIX.

 

Un hombre que con euforia celebrara las barrabasadas de los últimos meses de G W Bush, las de su inepto Secretario del Tesoro, Paulson, y las del radioactivo Presidente del FED cuando trataran de controlar el incendio rociándolo de gasolina. Gasolina de un octanaje etiquetado en 700,000 millones de dólares, sólo para comprobar que las llamas arreciaban devorando su papel moneda. Un hombre mesiánico que, al comprobar el octanaje de Bush no controlaba el incendio, se da ahora a rociarlo con diesel etiquetado con octanaje de 800,000 millones de dólares esperando las llamas dócilmente obedezcan su iluminado comando.

 

Un hombre que intenta sepultar el libre comercio y sustituirlo con, “compre americano,” concepto extraído de la tumba de aquel fatal par de congresistas, Smoot y Hawly, quienes, en 1930, dieran el último empujón con su pieza legislativa para conducir la Gran Depresión a profundidades abismales. A principios del siglo XX, los EU ya abandonaban el liberalismo original que cincelara su rostro para acudir al proteccionismo comercial. El presidente y el Congreso, presionados por la Federación Nacional de Industriales y los ya vigorosos sindicatos, aprueban la ley Smoot-Hawly imponiendo draconianas tarifas de importación, confeccionando así un devastador golpe para la economía mundial.

 

Pero antes de eso, los EU e Inglaterra se dedican a inundar el mundo de dinero sin respaldo—la clásica cura de cruda Keynesiana—Todo ello a través del recién creado Fondo de la Reserva Federal, en secreto y sin control alguno. La borrachera de dólares y libras esterlinas le daba paso a los “rugientes años 20” con su charlestón, las cantinas clandestinas, Rodolfo Valentino, Al Capone y los Yanquis. Sin embargo, ya rondaba entre las elegantes oficinas de Washington el eco de la advertencia que Milton Friedman hiciera años después: “There is no free lunch.” La borrachera debería terminar.

 

Al explotar la gran depresión impulsada por el excesivo gasto del gobierno, el proteccionismo comercial, crecimiento ilimitado del poder de los sindicatos y de las dementes emisiones de dinero, se decidió combatirla con lo mismo: Mas gasto de gobierno, más emisiones de dinero, más sindicalismo y, lo más importante, el crecimiento desmedido del ya monstruoso gobierno. Todo ello liderado por otro mesías: Franklin Delano Roosevelt. Un mesías que tenía el poder de provocar el llanto de la gente sólo pronunciando, “tengo un New Deal.”

 

Los efectos de las políticas económicas hay que medirlos en el largo plazo, afirmaba uno de los grandes economistas del siglo pasado: Henry Hazlitt. El sabio arquitecto de China, Den Xia Ping, al recibir la pregunta ¿Cuál piensa usted ha sido el efecto de la Revolución Francesa en el contexto mundial? El pequeño hombre agudiza sus rasgados ojos para responder: “Todavía es muy prematuro para saberlo.” La pregunta se le hacían 200 años después.

 

La Gran Depresión de 1929, no fue la primera que agredió a los EU. Hubo algunas anteriores y del mismo calibre, pero se les solucionaba dejando los mercados se colaran y con mínima intervención del gobierno. El New Deal de FDR, no sólo la alargaba, la agravaba y solamente con el estallido de la segunda guerra mundial se apaciguaría, y al callar los cañones, las libertades emergían encogidas.

 

Obama es un hombre por demás interesante, sumamente inteligente, portador de ideas realmente peligrosas, decidido, terco como pocos y, en especial, propietario de una soberbia que a veces lo ciega. Un iluminado que muy agresivamente ha iniciado un proceso de socialización de los EU. ¿Cómo lo hace? Con los mismos remedios anteriores: Gasto, gasto y más gasto, intervención y mas intervención, sindicatos y más poderosos, emisiones masivas de dinero de parte del FED.

 

Ante la algarabía de los que Jefferson bautizara como la plebecracia, son muy pocas las voces que se alzan como lo hiciera Hayek frente a Keynes dibujando claramente el futuro de sus políticas ante lo cual, Keynes reculando respondiera: “En el largo plazo todos estaremos muertos.” Pero el largo plazo en los últimos 60 años se ha encogido. La tecnología ha surtido al mundo con herramientas muy poderosas. Los resultados de Obanomics los estaremos sufriendo mucho antes de lo que se piensa. Los americanos querían fortalecer su democracia, pues ahí la tienen y pasen a celebrar con Hugo Chávez.

 

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