Sólo para sus ojos
Mar 2, 2009
Juan Pablo Roiz

Un banco central acalambrado

El Banco de México se acalambró en el asunto de las tasas. Se quedó a medio camino entre la ortodoxia monetaria y la complacencia política. ¿Por qué? Porque los incentivos de los integrantes de la Junta de Gobierno se han desalineado respecto de la inflación y se están alineando, en cambio, con referencia a la supervivencia política.

Esto se podría haber llamado “la insoportable levedad de las tasas de interés”, título útil para ilustrar que uno de los efectos más nocivos de esta crisis global ha sido inutilizar a la política monetaria.

 

Las tasas de interés de referencia que suelen establecer los bancos centrales se han vuelto cada vez más irrelevantes en la vida real de quienes requieren crédito o de quienes tienen que darle servicio a una deuda sujeta a tasas variables; la irrelevancia práctica de las tasas de referencia obedece al fenómeno del estrujón crediticio (“credit crunch”) que padece el mundo; estrujón que es una especie de penitencia obligada tras el pantagruélico banquete de dinero fácil que disfrutamos en los seis o siete primeros años del siglo XXI.

 

No le puse el titulo de la insoportable levedad, primero por respeto a la estupenda novela-ensayo de Milán Kundera (“La insoportable levedad del ser”); segundo, porque lo más probable es que los lectores viesen el encabezado y pasaran de largo, mascullando entre dientes: “Este tal por cual de Roiz dejó de escribir durante meses y regresó convertido en un pedante culterano”. Por eso, y porque me parece un encabezado más convencional y, paradójicamente, más excitante, le puse: “Un banco central acalambrado”. Me refiero, por supuesto, al Banco de México.

 

A (casi) nadie gustó la decisión del Banco de México –viernes 20 de febrero- de reducir (sólo) 0.25 puntos porcentuales el objetivo para la Tasa de Interés Interbancaria a un día (la tasa de fondeo), de forma que quedó en 7.50 por ciento. La mayoría de los “analistas”, “especialistas” y observadores interesados esperaban o deseaban una reducción mayor. Otros pocos, como yo, hubiésemos aplaudido que el Banco de México elevase la tasa para mandar el mensaje inequívoco de que su chamba es combatir la inflación y que el asunto del crecimiento económico en el corto plazo o de los estímulos –para ponernos a tono con la terminología de moda en Obama Country- es del gobierno, de los políticos y de esos negociantes, como el ingeniero Carlos Slim, que cuando les preguntan ¿qué debemos hacer para crecer?, responden en plan de profetas del desastre. Y hay quienes, como el editor de los Asuntos Capitales, dicen que bastaba con que el Banco de México no modificara las tasas, “no le muevas, compadre”, para que el mensaje anti-inflación quedase claro.

 

Total, que el Banco de México quedó en apariencia como el cohetero: Mal con todos. Aunque en realidad actuó con toda corrección política y se guardó municiones (nuevas bajas de la tasa de cuartitos de punto a lo largo de 2009) para poder decir, al final, cuando veamos cifras del PIB deprimentes, que por ellos no quedó, que bajaron la tasa un montón de veces durante el año y que si quieren buscar chivos expiatorios a quienes culpar del decrecimiento económico que volteen para otro lado…

 

Un asunto lateral a los de la tasa de interés de referencia, la inflación, el crecimiento y cuál debe ser la tarea de a de veras del banco central, es lo que se refiere al tipo de cambio. ¿Un alza en la tasa de interés frenaría la depreciación del peso? Mmmm… quién sabe. En todo caso tendría que ser un alza sustancial. (Sospecho que en el caso del tipo de cambio, la única manera de frenar su deterioro –si eso es lo que se busca- sería liberalizar totalmente el mercado cambiario, es decir: que también la oferta y la demanda de divisas de PEMEX entrara al mercado libre y ahí veríamos a cómo nos toca. En fin, eso es harina de otro costal).

 

Lo importante es que el Banco de México se acalambró en el asunto de las tasas. Se quedó a medio camino entre la ortodoxia monetaria y la complacencia política. ¿Por qué? Porque los incentivos de los integrantes de la Junta de Gobierno se han desalineado respecto de la inflación y se están alineando, en cambio, con referencia a la supervivencia política. Nuestros ínclitos legisladores (el adjetivo “ínclito” quiere decir “esclarecido” o “afamado”, je, je, je) ya le quieren añadir el banco central la tarea –tan inconmensurable como imposible- de estimular el crecimiento y el empleo, para hacerlo un mal remedo del pésimo arreglo institucional que tiene el banco central de los gringos (Reserva Federal, para los enterados), además de darle la tarea de regular tasas, comisiones y hasta el modito de andar de los bancos comerciales.

 

Como andamos en las fiebres electoreras del tercer año del sexenio o del medio tiempo (este año hay elecciones federales de diputados y senadores y se renuevan, es un decir, media docena de gobiernos estatales) los ínclitos andan desatados pidiendo desde la pena de muerte hasta la regulación de la trata de personas pasado por la legalización de la mariguana y la reglamentación de los salarios políticamente correctos. El banco central también ha entrado en el radar de los ínclitos y ya le echaron el ojo para hacerlo objeto de sus ocurrencias electoreras.

 

Todo esto, es fácil imaginarlo, tiene acalambrados a los otrora serenos señores de la Junta de Gobierno del Banco de México. Eso y que el Presidente Felipe Calderón sigue haciéndola de emoción para proponer a un sucesor de Everardo Elizondo, quien en diciembre pasado dejó de ser integrante de la junta… ¿Por qué se tarda Calderón en definir el asunto? Porque debe andar enredado entre grillas de gabinete, presiones de los azulitos, ocurrencias de cuotas femeninas en el Banco Central, chantajes de los tricolores y otras consideraciones. Pero eso, sea cual fuese la causa, incrementa los calambres y, quiérase o no, ha roto el delicado balance de pareceres y opiniones con que contaba la Junta de Gobierno del banco para tomar sus decisiones.

 

Para colmo, está el efecto “imitación” o “contagio”. No parece prudente, políticamente, en estos tiempos mostrarse muy ortodoxo, cuando en Obama Country la Reserva Federal anda en pleno furor keynesiano.

 

Para efectos prácticos, los calambres del Banco de México se traducirán en mayores presiones inflacionarias, ya veremos.



Comments powered by Disqus
El punto sobre la i

Los ciudadanos tienen el deber de mantener al gobierno, pero el gobierno no tiene el deber de mantener a los ciudadanos.

Grover Cleveland
Entrar
Encuesta de la semana
México es el 10° país con más habitantes en el mundo, tenemos altos índices de obesidad y de diabetes, así como de hipertensión, ¿cuál sería un resultado que pudiera considerarse un éxito en la estrategia implementada por el gobierno federal contra la pandemia de Covid-19?
Artículos recientes...
Isaac Katz
• 188 años
Arturo Damm
• ¿Cambio de postura?
Arturo Damm
• Gobierno neutral
Isaac Katz
• La otra tragedia