LUNES, 11 DE MAYO DE 2009
La influenza de hoy y la que vendrá

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El punto sobre la i
“El gobierno es, esencialmente, poder frente al ciudadano. ¿Qué lo justifica?”
Othmar K. Amagi


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“¿Habrá sido esto un ensayo? ¿De quién? ¿Para qué? ¿Y qué vendrá después? ¿Quién fabricará las medicinas y vacunas para las nuevas epidemias del futuro? ¿Con qué objetivo político-económico-militar-poblacional?”


San Antonio de Béjar, (futura) República de Texas.– He pasado aquí casi toda la “emergencia” sanitaria luego de un viaje involuntariamente prolongado. He visto de lejos cómo las autoridades federal y capitalina se daban el quienvive en tomar decisiones sin mucho que ver con la sensatez o la pertinencia.

 

Casi nadie sabía qué estaba pasando y cuáles eran los verdaderos riesgos. Lo que al principio parecía gravísimo –lo confieso, me asusté– se convirtió poco a poco en un globo desinflado. La gran emergencia fue un petardo de aire caliente. Paralizó al país una histeria colectiva que parte del mundo creyó, con severo perjuicio a viajeros y a la maltrecha fama de México.

 

Hubo actos de autoridad basados en el frenesí: en la dinámica de la acción que toma vida propia, como pasa con los linchamientos, los aplausos, las asambleas, y las manifestaciones de masas. Exageración, pánico, estulticia y apelaciones apocalípticas a la memoria de una pandemia de verdad, la de 1918-19, cuando murieron quizá 50 millones.

 

Se apanicaron los gobiernos de dos partidos anatagónicos, y hasta la iglesia. Que yo sepa, desde la persecución antirreligiosa de Calles nunca se habían dejado de decir misas.

 

Y la indispensable soflama: valía la pena paralizar la ciudad con tal de salvar una sola vida humana. Como si las parálisis no provocaran muertes anónimas, y pérdidas que sólo las ve quien las sufre: éstos son millones. Pero los sacrificios (siempre involuntarios, siempre impuestos por el Poder, siempre atentando contra el trabajo y el derecho ajeno) se purifican con el bálsamo de una emergencia de salud.

 

Pocos ven a las víctimas invisibles de esos sacrificios impuestos por el poder. Víctimas económicas reales, con nombre y apellido, que –si acaso– se suman a una estadística. Ejemplo: ¿quién ve a los meseros que viven de las propinas? ¿Quién informó si toneladas de comida se pudrieron en la Central de Abastos, por falta de demanda restaurantera? ¿Quién ha informado de los brutales daños económicos parecidos?

 

Y tras las acciones (perdón, las sobrerreacciones) gubernamentales vino algo de lo más grave: luego del impulso por sacrificar al prójimo, ooooooootra vez los invade su inveterada ansia controlista y atentatoria contra libertades civiles, derechos ciudadanos y garantías individuales.

 

Pobre Gómez Morín, qué abusos cometen desde el partido que fundó. El 25 de abril de 2009 publicó el Diario Oficial un decreto firmado por el muy panista presidente Calderón. Su Secretaría de Salud podrá, “cuando lo estime pertinente”, entre otras cosas:

 

- Ingresar a “todo tipo de local o casa habitación para el cumplimiento de actividades dirigidas al control y combate de la epidemia” (art. 2º fr. IV). (Digan lo que digan las garantías individuales sobre la inviolabilidad del domicilio.)

 

- Encomendar (no dice con qué límites) a “los profesionales técnicos y auxiliares de las disciplinas para la salud, el desempeño de las actividades que estime necesarias” (fr. IX). (Diga lo que diga el moribundo espíritu liberal de la Constitución en su art. 5º, copiado del también 5º de 1857 sobre la libertad individual de practicar el oficio lícito que cada quien desee.)

 

- Y de una mala vez (fr. XIII) “Las demás que estime necesarias la propia Secretaría de Salud”. De plano lo que se le ocurra a la tal secretaría. Es decir, al Poder.

 

(Cuidado: es consustancial al poder tender al totalitarismo y aplicar “temporalmente” medidas de emergencia; y quien decreta una emergencia es él. La defensa de la libertad individual no debe abandonarse jamás, y nunca dejaré de exhibir las tarascadas que le dé cualquier gobierno, así sólo una persona me lea.)

 

Vino la obvia consecuencia política en cadena nacional: el gobierno se autojustifica y presume de cómo logró domeñar los vientos y las tempestades y expulsar al virus. “¡Si no hubiéramos hecho lo que hicimos…!”

 

Finalmente no pasó nada; no iba a pasar. A un virus de veras letal no lo detienen iglesias o restaurantes o estadios cerrados. Hoy las defunciones se cuentan con los dedos que tú y yo tenemos en el cuerpo. Si así de rotundamente actuara el gobierno capitalino contra los infinitamente más fatales accidentes de tránsito, ya habría arreglado el pavimento, sus señales de tránsito dirían la verdad, habría puesto en cintura a sus policías, y compondría sus reglamentos diseñados para estorbar y morder.

 

Este caso de la influenza será uno más para la historia de los pánicos colectivos, luego del anterior petardo mundial (la gripe aviar) y el remoto que viví, creo que en 1967, de una epidemia de ovnis que luego de varios meses se acabó de cuajo cuando una muchedumbre decepcionada se quedó en la columna de la independencia esperando un desfile de platillos voladores.

 

Más útil será averiguar de dónde salió este nuevo virus (aparentemente, de un laboratorio gringo que lo diseñó). Y sobre todo, esperemos que en un futuro salgan nuevos virus de diseñador. ¿Habrá sido esto un ensayo? ¿De quién? ¿Para qué? ¿Y qué vendrá después? ¿Quién fabricará las medicinas y vacunas para las nuevas epidemias del futuro? ¿Con qué objetivo político-económico-militar-poblacional?


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