Pesos y contrapesos
Jul 23, 2009
Arturo Damm

El ingreso, ¿cuál es el problema?

Las políticas sociales del gobierno alivian algunos de los efectos de la pobreza, pero no consiguen, al menos no de manera general, y mucho menos inmediata, erradicar su causa.

Según la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares 2008, el 10 por ciento de los hogares más pobres generó, mensualmente, $2,039 pesos, al tiempo que el 10 por ciento más rico generó, al mes, 44 mil 349 pesos, lo cual dio como resultado que el ingreso generado por los hogares más ricos fuera 2,075 por ciento mayor que el generado por los más pobres, lo cual, según los más destacados pobretólogos del país, muestra la enorme desigualdad en la distribución del ingreso, disparidad que es la causa de la pobreza, afirmaciones, ambas, que son disparates.

 

En primer lugar, el que el ingreso de los hogares más ricos haya sido 2,075 por ciento mayor que el de los hogares más pobres no se debe a la desigual distribución del mismo, sino a su desigual generación, ¡algo muy distinto! No es que a los hogares más ricos les haya tocado, por obra y gracia de la distribución del mismo, más ingreso que a los hogares más pobres, sino que los miembros de los hogares más pobres generaron menos ingreso que los miembros de los hogares más ricos. El problema no es la distribución, sino la generación del ingreso.

 

En segundo término, el problema no es la desigualdad, es decir, la diferencia de ingreso entre ricos y pobres, sino la incapacidad de los pobres para, por medio de un trabajo productivo, generar un ingreso que les permita satisfacer, por lo menos, sus necesidades básicas, independientemente de cuánto ingreso generen los ricos. El que los ricos generen más ingreso que los pobres no es la causa de que los pobres generen menos ingreso que los ricos. El problema no es la desigualdad, sino la pobreza, entendida como la incapacidad de los pobres para, por medio de un trabajo productivo, generar un ingreso que haga posible, como mínimo, la satisfacción de las necesidades básicas.

 

En tercer lugar, hay que tener muy claro que la causa de la pobreza no es, como lo afirman muchos pobretólogos, la injusta distribución del ingreso. A quienes tales cosas afirman hay que preguntarles a partir de qué peso consideran que su ingreso comienza a ser injusto, peso a partir del cual, ¡con el fin de corregir la injusticia!, el gobierno debe apropiarse del resto para redistribuirlo a favor de alguien más. Es absurdo hablar de niveles de ingreso justos e injustos. Lo que puede resultar injusto es la manera de generar ingreso (por ejemplo: robando), pero no el nivel generado (por ejemplo: millones de pesos mensuales ofreciendo algún bien o servicio por el cual los consumidores están dispuestos a pagar un precio).

 

Por último, resulta obvio que, en el mejor de los casos, las políticas sociales del gobierno alivian algunos de los efectos de la pobreza (por ejemplo: falta de satisfactores básicos), pero no consiguen, al menos no de manera general, y mucho menos inmediata, erradicar su causa, que es la incapacidad de los pobres para, por medio de un trabajo productivo, generar un ingreso suficiente.



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