Jaque Mate
Jul 23, 2009
Sergio Sarmiento

Guerra de nunca acabar

Estamos peleando contra el narcotráfico sin posibilidades de triunfo. Pero eso no significa que el Estado mexicano deba rendirse ante los chantajes de las organizaciones criminales.

El gobierno no puede pactar con el crimen organizado. La oferta de diálogo al presidente Calderón de Servando Gómez Martínez, la Tuta, dirigente de la Familia Michoacana, sólo puede considerarse una burla. Esta organización criminal ha secuestrado, torturado y asesinado a agentes de la Policía Federal, hombres y mujeres que sólo han cumplido con su responsabilidad. Un Estado que aceptara pactar con una organización criminal como ésta perdería toda legitimidad.

 

Esto no significa que tengamos la estrategia correcta. Tampoco que estemos ganando la guerra contra el narcotráfico. Simplemente es un reconocimiento de que un Estado no puede negociar la ley con delincuentes.

 

La guerra contra el narco no se puede ganar por medios policiales o militares. Desde cuando menos los años sesenta hemos visto un enorme esfuerzo de los países más poderosos del mundo, incluidos los Estados Unidos, para combatir el tráfico. Cientos de miles de millones de dólares y miles de vidas humanas se han gastado en esta campaña que supuestamente busca evitar que los consumidores de drogas se hagan daño a sí mismos.

 

Si a lo largo de cuatro décadas, y del empleo de todos los recursos de las mayores potencias económicas y militares del mundo, no se ha eliminado el tráfico de drogas o siquiera se ha reducido el consumo, podemos entender que México no ganará la guerra con la mísera ayuda que recibe de la Unión Americana. Estamos peleando sin posibilidades de triunfo. Pero eso no significa que el Estado mexicano deba rendirse ante los chantajes de las organizaciones traficantes.

 

El gobierno mexicano ha hecho lo que tenía que hacer al rechazar la propuesta de diálogo del líder de la Familia Michoacana. La respuesta de aumentar en 5,500 el número de efectivos militares y policiales en Michoacán es positiva. El gobierno debe mostrar que no es débil.

 

Es importante, sin embargo, que se adopten medidas adicionales de seguridad para los militares y agentes que están actuando en los operativos. Los policías de la PFP torturados y ejecutados por sicarios fueron secuestrados cuando se encontraban de asueto. La idea de que quienes participan en esta lucha pueden llevar una vida normal, y salir de los cuarteles a pasear en sus días de descanso, no se puede sostener. Tampoco tiene sentido alojar a los agentes en hoteles convencionales.

 

Debemos entender que por cada capo del narco detenido aparecerán otros 10. Por cada sicario muerto por la policía u otros pandilleros habrá 20 nuevos dispuestos a reemplazarlo. Por cada kilogramo de droga confiscada, habrá 10 kilos más que pasen los controles y aprovechen la elevación de precios que producen las confiscaciones.

 

No se vale inventar que un mayor uso de elementos policiales o de recursos llevará a vencer al narco. Si bien el Estado mexicano no puede rendirse, tampoco puede engañar a la población. Debemos más bien llevar a foros internacionales la idea de que no podemos seguir sufriendo una guerra de nunca acabar.

• Drogas


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