VIERNES, 31 DE JULIO DE 2009
Obama, ¿se acabó el encanto?

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“Es impresionante cómo ha caído la popularidad de este personaje en sólo seis meses. Hoy su aceptación popular, según las encuestas, no es mayor que la que tenían George W. Bush o Richard Nixon seis meses después de haber iniciado, cada cual, su segundo periodo.”


La portada de The Economist que empezó a circular ayer dice que ha llegado el momento decisivo para el futuro de la presidencia de Barack Obama: "Crunch time", casi "the end of the game" como define el diccionario Webster.

 

Es impresionante cómo ha caído la popularidad de este personaje en sólo seis meses. Hoy su aceptación popular, según las encuestas, no es mayor que la que tenían George W. Bush o Richard Nixon seis meses después de haber iniciado, cada cual, su segundo periodo.

 

Los reveses principales, pero no los únicos, han sido en el asunto de la reforma al sistema de salud y en la promoción de una "novedosa" política energética "verde" en la cual Estados Unidos sería -al decir de Obama- uno de los más decididos y audaces cruzados en contra del calentamiento global y la emisión de gases de efecto invernadero. Ambas cosas cuestan mucho dinero público y tendrán, en el mejor de los casos, beneficios inciertos. Malos negocios a los ojos de una sociedad que se ha propuesto ser más frugal y menos soñadora. A "The Economist" le faltó destacar, me parece, el desencanto que produjo también la obvia intromisión de Obama para rescatar a GM y a Chrysler de las cenizas de su declaración de quiebra o concurso mercantil. Otra vez, un mal negocio, dispendioso, con dinero público.

 

Obama, como dice el semanario británico, fue excelente para proponer ideales y metas sublimes, pero gobernar es asunto de detalles. Prosa no poesía. Poner ladrillos, no dibujar castillos en el aire.

 

Por si fuese poco, dos mujeres de su propio partido, Hillary Clinton y Nancy Pelosi -la vociferante y populista líder de los demócratas en la Cámara de Representantes-, le han dado y le seguirán dando dolores de cabeza a Obama, quien sin embargo no puede distanciarse de ellas, sin perder al mismo tiempo apoyos importantes dentro de su partido.

 

Esta es, presentada al vuelo y en desorden, la visión del semanario británico.

 

Desde hace muchas semanas, un analista mexicano, Eduardo García Gaspar, había planteado en su sitio de Internet, ContraPeso.info, esta historia del sonoro desencanto que provocaría Obama, con argumentos y símiles que vale la pena leer aquí.

Y cito:

 

La impresión que tengo de Obama es una combinación que los mexicanos entienden muy bien. Obama tiene rasgos de Fox, el que creyó que ya en la presidencia la campaña electoral debía seguir. Y tienen rasgos de López Obrador, el que todo lo resuelve con más gobierno gastando más.

 

¡Ay!, eso sí duele.

• Estados Unidos

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