JUEVES, 6 DE AGOSTO DE 2009
La crisis del agua

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“Hoy las medidas de emergencia son inevitables, pero el problema surge en buena medida de la falta de medidas de gobiernos de la ciudad de México durante años. Han preferido utilizar los recursos disponibles para programas con mayor impacto político, desde becas hasta la construcción de vialidades, en lugar de hacer ese trabajo poco vistoso de arreglar fugas o mejorar los sistemas de distribución de agua. Cobran menos por el agua que en otras ciudades del país que están asentadas en lugares más secos. Con este bajo precio se promueve el dispendio.”


La verdadera crisis, por lo menos en la ciudad de México, no es política. Tiene que ver con el agua. Y el problema no es sencillo ni de corto plazo.

 

En las primeras semanas de la temporada de lluvias de este 2009 se han registrado índices de precipitación muy inferiores a los usuales. Esto es en parte producto de la presencia del fenómeno del Niño, que hace que suba la temperatura del Pacífico ecuatorial, pero la crisis del agua en la ciudad de México no es un fenómeno de sólo este año.

 

El valle de México, que se ubica a una altura de entre 2,200 y 2,400 metros sobre el nivel del mar, es una cuenca hidrográfica semiárida la mayor parte del año pero en la que se registra una intensa temporada de lluvias en el verano. No cuenta con ríos importantes que le lleven agua. Por otra parte, su sistema original de lagos y lagunas, que se nutría de las lluvias y de algunos ríos menores, fue desecado por los conquistadores españoles a partir del siglo XVI.

 

En este lugar se estableció sorprendentemente la mayor concentración de población en nuestro país: 20 millones de habitantes forman la ciudad de México, en tanto que otras ciudades menores, como Toluca, Puebla y Pachuca, la rodean. El agua de lluvia del verano, que podría cubrir una parte importante de las necesidades de la ciudad, no se aprovecha. Al contrario, hay que bombearla, mezclada con aguas negras, fuera del valle de México a un costo enorme de energía. Si no se hiciera, habría enormes inundaciones en el centro como era común en el pasado.

 

Para dar de beber, lavar y bañar a sus habitantes, la ciudad ha traído el líquido de fuentes cada vez más lejanas. Una cantidad muy importante del líquido procede del sistema Cutzamala, cuyas presas se encuentran en los niveles más bajos de la historia. Por eso la autoridad ha decidido recortar de manera diaria el suministro de agua a la ciudad. De lo contrario, podríamos quedarnos sin agua en la primavera del 2010.

 

Hoy las medidas de emergencia son inevitables, pero el problema surge en buena medida de la falta de medidas de gobiernos de la zona metropolitana de la ciudad de México durante años. Las autoridades han preferido utilizar los recursos disponibles para programas con mayor impacto político, desde becas hasta la construcción de vialidades, en lugar de hacer ese trabajo poco vistoso de arreglar fugas o mejorar los sistemas de distribución de agua. En la ciudad de México, por otra parte, se cobra menos por el agua que en otras ciudades del país, como Monterrey, Aguascalientes y Tijuana, que están asentadas en lugares más secos. Con este bajo precio se promueve el dispendio.

 

Hoy las autoridades a cargo del agua en la zona metropolitana de la ciudad de México han anunciado un programa de emergencia. No hay salida. Debemos tomar medidas de fondo, entre las que se cuentan la reducción de fugas pero también la disminución del uso y desperdicio de agua por parte de la gente. De lo contrario podríamos empezar a presenciar verdaderas guerras por el agua tan pronto como la primavera que viene.

• Agua

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