JUEVES, 6 DE AGOSTO DE 2009
La cédula de fascistidad

¿Usted cree que la economía mexicana entrará en recesión en los próximos meses?
No
No sé



“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Fernando Amerlinck







“Estos años de mayoría legislativa y gobierno del PAN han servido para reducir al ciudadano cada vez más, conforme han exacerbado las facultades interventoras y controladoras del gobierno. Pobre Gómez Morín. Pobre Juárez. Pobre México.”


Oooooootra vez ocurre lo de siempre: para que pase una ley (propóngala PAN, PRI, PRD u otra entidad de esa ralea), forzosamente debe conculcar derechos y atacar libertades del ciudadano.

 

Esta viene de Calderón: la cédula de identidad. Lejos de hacer algo que amplíe nuestra estatura ciudadana (como sostiene su partido), pretende someternos al escrutinio y control estatal de un policía, auditor, influyente, extorsionador, inspector, espía o cualquier otro esforzado apparatchik con acceso a una base completísima de datos. Ya no sólo de celulares y sus llamadas; acá estará hasta la imagen de nuestros ojos. Quizá no todo ahora; pero tendrán el instrumento para meterse a datos fiscales y patrimoniales, y a todo.

 

Hemos visto en películas el terror nazi cuando sus empistolados mastines exigían papeles de identidad: Papieren, bitte! Quien no llevase cédula no tenía identidad. Era sospechoso. Ilegal. Criminal. Podían hacer con él lo que fuese: no era nadie.

 

Dijo Calderón al recordar 150 años de las Leyes de Reforma (favor, señor Juárez, de no torcerse de coraje en su tumba del Panteón de San Fernando):

 

La Cédula de Identidad Ciudadana contará con la plena identidad biométrica (sic) de cada mexicana  y de cada mexicano; será una garantía legal y práctica de la identidad y de la personalidad jurídica consagrada por la legislación liberal del Registro Civil, instaurada hace 150 años por Benito Juárez, y permitirá, a cada mexicana y a cada mexicano, tener precisamente una garantía de la unicidad y de la distinción plena que cada persona tiene respecto de los demás”.

 

¡Ah caray! La cara no me basta, el nombre tampoco, ni las huellas digitales o la firma… ¿cómo le hacemos hoy para distinguirnos?

 

Y pregunto, ¿será ESA mi garantía legal y práctica de que tengo identidad y personalidad jurídica? ¿Y si la extravío? ¿O si –como muchos pretenderemos– nos negamos a que nos fichen?

 

Frente al burro aparece la zanahoria y entre líneas un gran garrote: “Se trata de que sea una llave que abra las puertas a la información relevante de cada quien frente a quienes le prestan servicios, como el sistema de salud a los asegurados, o el sistema de apoyos sociales a los beneficiarios de Oportunidades…”

 

Quod erat demostrandum: a quien no tenga esa llave se le negará lo que le ha “otorgado” sabiamente el constituyente, como dice aquí: “Precisamente conforme a los derechos de cada quien, el constituyente estableció con gran sabiduría las principales libertades de los mexicanos”. ¡Bravo, don Felipe!; ese sabio constituyente estableció que somos libres. Por eso, el sabio constituyente de hoy puede declarar que ustedes son más libres que nosotros.

 

“Hoy más que nunca, el Estado mexicano requiere la armonía de sus Poderes: del Ejecutivo, del Legislativo y del Judicial para que juntos salvaguardemos las libertades de los ciudadanos y pongamos, precisamente, un alto a los enemigos de la paz, de la ley, del orden y de las instituciones”.

 

No, señor presidente, es al revés. Salvaguardaremos nuestras libertades si el gobierno está a nuestro servicio, que para eso le pagamos. Las instituciones de la República no dependen de una mica con la imagen de mi iris, ni mi personalidad se juega en un registro civil; que eso (y no una cédula) es lo que implantó Juárez. Los enemigos serán ustedes si pretenden sujetarnos a controles y fichajes dictatoriales y fascistas. En Estados Unidos ni Bush pudo hacer algo así porque su Constitución y derechos individuales no se pervierten al antojo de un Creel o Beltrones de ocasión.

 

Tenemos personalidad antes que gobierno y la humanidad no la da el Estado. ¿O no defiende Acción Nacional el valor supremo del individuo? ¿Acabarán con la personalidad, so pretexto de identificarla? Pero ¿cuál personalidad? ¿Qué es una persona, si no es libre? Es masa, esclavo, peón. Lo enseña mi tocayo de tocayos: sólo es libre el hombre cuando su gobierno no lo es.

 

El gobierno tiene un brutal diferencial de poder ante un individuo. El liberalismo protegió como soberana a la persona ante el Gran Poder, con una Ley que se gana la mayúscula si es legítima defensa ciudadana ante tan desigual poder. El hombre es esclavo si está sujeto al poder, o a una ley diseñada para controlarlo, espiarlo, fiscalizarlo, chantajearlo, impedirle su libre acción y entrada a un mercado, o su libre goce del fruto de su trabajo, con alguna coartada ideológica políticamente correcta, por ejemplo combatir el delito.

 

Tengo derecho a caminar anónimamente por donde sea sin cargar nada, y aun así tener protección estatal a mi ser. Con bonitos argumentos podrá morir eso; entre Hacienda y Gobernación, nos tendrán ubicados. Nuevo triunfo para el poder; nueva derrota para el ciudadano. Sólo faltará que nos claven bajo la piel un chip monitoreado vía GPS por una agencia gubernamental. No tardan.

 

¿Y quién pagará? ¿Dónde está el presupuesto para esta sorpresita, si quedará lista en diciembre? ¿Quién hará el negocio? ¿Qué prioridad tiene tirar millones cuando las finanzas públicas están pasando aceite? ¿Es prioritario gastar en algo así? ¿Qué pretenden realmente? Tenemos derecho a una respuesta.

 

Estos años de mayoría legislativa y gobierno del PAN (por el cual voté) han servido para reducir al ciudadano cada vez más, conforme han exacerbado las facultades interventoras y controladoras del gobierno. Pobre Gómez Morín. Pobre Juárez. Pobre México.

• Liberalismo

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