LUNES, 6 DE FEBRERO DE 2006
Tomémosle la palabra al gobernador de Banxico

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“Comienzan a circular voces que sugieren que las reservas deberían ser utilizadas para mayor gasto social, infraestructura, pensión universal ó para subsidiar al campo. ¿Por qué tantas tonterías? Por la ignorancia económica que caracteriza a nuestros políticos.”


El gobernador del Banco de México (Banxico), Guillermo Ortiz Martínez, declaró que sería deseable que México utilizara parte de las reservas internacionales para realizar pagos de deuda externa y con ello reducir su carga.

 

No puede ser más oportuno Ortiz Martínez con esa declaración. Las cifras lo ameritan. La semana pasada las reservas internacionales alcanzaron el máximo histórico de 69 mil 609 millones de dólares. Por su parte la deuda externa se situó en 67mil 365.4 millones de dólares.

 

La dinámica de acumulación de reservas internacionales en Banxico está determinada por el superávit del gobierno federal y la paraestatal Petróleos Mexicanos. Asimismo, las remesas (el dinero que los trabajadores mexicanos envían desde EU) también están haciendo lo propio en el mercado cambiario (y su parte en la acumulación de reservas) al registrar un máximo histórico el año pasado y totalizar los 20 mil 35 millones de dólares.

 

Hoy día México tiene un régimen cambiario de libre flotación, es decir, que el tipo de cambio peso dólar está determinado por la oferta y demanda de ambas divisas. Claro, no es régimen totalmente libre, pues para que lo fuera, el gobierno no tendría que intervenir acumulando reservas, ni tampoco limitando la oferta de divisas que ofrece PEMEX y demás paraestatales que intervienen en el mercado de cambios.

 

Es importante recordar que para que una política cambiaria totalmente flexible funcione es importante que el gobierno deje de intervenir en el mercado de cambios, pues ello distorsiona la formación de precios y hace que el tipo de cambio (que no es más que un precio) no refleje la escasez ó abundancia real de dólares (puede ser cualquier otra divisa, pero tomamos en cuenta a los dólares por ser la divisa de nuestro principal socio comercial, EU).

 

Hoy que las reservas están en su máximo histórico, comienzan a surgir las voces de algunos políticos en el sentido de que es un verdadero lujo cargar con tantas reservas. En esto tienen razón. El problema surge cuando comienzan a aparecer planteamientos erróneos, que sólo reflejan ignorancia económica pura, sobre el objetivo final de utilizar dichas reservas. Comienzan a circular voces que sugieren que en un país de tanta desigualdad como lo es México, las reservas deberían ser utilizadas para mayor gasto social, ó para infraestructura, ó para una pensión universal ó para subsidiar al sector agrícola, etc. ¿Por qué surgen tantas tonterías? Lamentablemente, esto refleja la ignorancia económica que caracteriza a nuestros políticos.

 

Antes que nada debemos aclarar lo siguiente. Las reservas internacionales son un activo que tiene como contrapartida un pasivo. O sea, en cristiano, para adquirir esos dólares que hoy Banxico posee como reservas, se ha tenido que endeudar en pesos. Este endeudamiento que no aparece muy claramente en las cifras de deuda pública, podría desaparecer si Banxico vendiera toda su reserva de dólares; es un pasivo que ahí está, que no se puede desaparecer, pues al final de cuentas es dinero que ya salió del contribuyente. Por tanto, si el gobierno federal, a través de la Secretaría de Hacienda, quisiera utilizarlas para gasto social (ó para cualquier otro tipo de gasto) tendría que tener los pesos necesarios para comprarle a Banxico parte de su reserva en dólares. No puede ser de otra forma. Esos dólares acumulados han requerido de endeudamiento en pesos, lo cual no se puede eliminar (así como no se puede desaparecer por arte de magia las deudas de su tarjeta de crédito, amigo lector).

 

El año pasado, Hacienda hizo una reservita para pagar deuda deuda externa cercana a los 2 mil millones de dólares, pero para ello tuvo que realizar ahorros en pesos para adquirir los dólares de la reserva internacional. Así las cosas, decir que el gobierno federal puede gastar sin ton ni son las reservas internacionales sólo refleja ignorancia económica. Para que el gobierno federal pudiera tener mayor gasto social (ó mejor, para hacer frente a la deuda contingente de los pasivos del sector público) es necesario que se deje de endeudar en pesos, y ello implica que año con año el gobierno registre superávit fiscales, es decir, que anualmente, el Erario no gaste por encima de sus ingresos, lo que implicaría tener números negros.

 

Hoy día, efectivamente, el tener reservas tiene un costo muy oneroso. Se le llama costo de acarreo. Recordemos que las reservas internacionales se invierten en buena medida en bonos del tesoro estadounidense y se obtiene un rendimiento a la tasa de interés que prevalece en el mercado de dinero de EU. A su vez, como ya dijimos, el gobierno federal tuvo que endeudarse en pesos para adquirir reservas, así que hay que pagar intereses por estos préstamos en pesos. Para ello la mecánica es emitir títulos al público inversionista cuyo rendimiento es el que prevalece en el mercado de dinero mexicano. Como las tasas que prevalecen en México son superiores a las que se pagan en EU, esto significa que nuestros ingresos por intereses generados por tener las reservas internacionales invertidas, son inferiores a lo que gastamos en pagar los intereses que devengan los préstamos en pesos que se hicieron para adquirir los dólares de las reservas internacionales. Así las cosas, se estima que este costo anual anda cercano a los 3 mil millones de dólares, costo que además se incrementa a medida que se incrementan también las reservas. Claro, si el dólar se aprecia (que por fortuna hoy no es el caso) el costo de acarreo también aumenta (se necesitan más pesos para adquirir dólares).

 

Hay que hacerle caso a Guillermo Ortiz. Lo mejor que hoy podría hacer México, es utilizar en buena medida los excedentes petroleros generando ahorro en pesos para adquirir más dólares de Banxico y así liquidar más deuda externa. Ello redundaría en un menor riesgo país. Hoy, es cierto, el monto de reservas acumulado por Banxico ha funcionado como una especie de seguro financiero para los inversionistas internacionales, lo que ha redundado también en la reducción de riesgo país. Sin embargo es un seguro muy costoso socialmente hablando, pues implica meter dinero de los contribuyentes en la manutención de reservas que no le dejan una sola ganancia al gobierno. Indirectamente, los contribuyentes estamos subsidiando a aquellas empresas que utilizan préstamos del exterior y que se benefician de pagar menores tasas de interés de sus pasivos producto del menor riesgo país prevaleciente en México (por tener Banxico mayores reservas).

 

Un riesgo país mucho menor al actual (que nos colocaría en el nivel de riesgo que tienen, no los mercados emergentes, sino los mercados desarrollados) y más sano, que no involucre subsidios para nadie, sería resultado de 1) que el gobierno federal genere más excedentes para liquidar deuda externa, denominada en dólares y 2) que Banxico se vaya deshaciendo ordenadamente de sus reservas internacionales hasta agotarlas (cuidando que esto no se interprete como una defensa al peso), lo que generaría excedente de pesos (se dejaría de tener el oneroso costo de acarreo) que podría ocuparse para reducir deuda interna, denominada en moneda nacional (la cual ha crecido mucho en los últimos años). Esto haría que el precio del billete verde bajara, lo que implicaría que los trabajadores tendrían un mayor poder de compra. Claro, saldrían a protestar algunos exportadores (a los que un peso fortalecido no les conviene); pero deberíamos recordar, que la evidencia internacional es contundente; los países que son más competitivos (que exportan más, pero que también importan mucho más) no son resultado de manipulaciones cambiarias, sino resultado de una mayor productividad. Manipular las monedas para beneficiar al exportador sutano y perengano, sólo significa utilizar recursos del contribuyente en su beneficio. No hay beneficio para la economía en su conjunto. No debemos olvidar esto.

 

Liberalizar realmente al tipo de cambio tendría consecuencias financieras positivas tremendas para la economía mexicana. Hace unos años, Guillermo Ortiz y el entonces Secretario de Hacienda, Pedro Aspe, se oponían a liberalizar el tipo de cambio. Eso nos costó en buena medida parte de la crisis de 1994. A toro pasado, sí, pero para que la economía funcione eficientemente es importante liberalizar todos los precios, que el gobierno deje de distorsionar con sus intervenciones en precios la asignación de recursos, y esto aplica también para un precio fundamental para que los agentes económicos tomen decisiones: el tipo de cambio.


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