MARTES, 26 DE ENERO DE 2010
El significado de la elección en Chile

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“Es demasiado temprano para emitir un veredicto definitivo. Los primeros 100 días de gobierno serán esenciales.”


Santiago de Chile (AIPE)- El 17 de enero, la coalición de centro-izquierda que gobernó Chile por 20 años perdió el poder porque su candidato, Eduardo Frei, se apartó de su propia trayectoria y propuso debilitar fuertemente la exitosa estrategia de desarrollo de libre mercado iniciada en 1973 por el gobierno militar. El grito de batalla de Frei en la campaña fue “más Estado, más Estado”. Su alianza electoral explícita con el anacrónico Partido Comunista (por un 5% de la votación), al cual hasta le aceptó 12 compromisos limitantes de su posible gobierno, alejó a muchos votantes de centro que fueron claves en su derrota.

 

La gran paradoja chilena es que los cuatro gobiernos de la Concertación que sucedieron al gobierno del Presidente Pinochet, pese a criticarlo despiadadamente, mantuvieron todos los pilares del modelo económico que el equipo de economistas liberales introdujo de manera pionera en Chile. Incluso fueron rigurosos en mantener los equilibrios fiscales, aunque ayudados por la bonanza del cobre, y continuaron la apertura al exterior, concluyendo tratados de libre comercio con Estados Unidos, China y la Unión Europea.

 

Fue clave que los gobiernos de centroizquierda mantuvieran intacto el exitoso sistema de pensiones privado que permitió la mayor inversión, ahorro y acumulación de capital en la historia de Chile; el régimen de concesiones privadas que ha permitido el boom minero, principal recurso económico del país; y la independencia del Banco Central del gobierno de turno. Pero los dos últimos gobiernos comenzaron a rigidizar el mercado laboral, lo que aumentó el desempleo; subieron los impuestos, lo que redujo la iniciativa individual, y crearon una exagerada política asistencialista que redujo el ritmo de crecimiento económico.

 

Con su votación mayoritaria en contra de la Concertación, tanto en la elección presidencial como en la parlamentaria un mes antes, los chilenos –particularmente la clase media emergente- han reconocido que el mercado y la empresa privada son la clave para alcanzar el desarrollo pleno. Diversos estudios serios concluyeron que los chilenos piensan que su éxito personal y de sus familias depende de su propio esfuerzo y no del Estado.

 

El resultado de las elecciones es, entonces, un avance para Chile. Pero hay que aclarar que la propuesta de Sebastián Piñera, el candidato ganador, no contiene un genuino programa liberal que permita asegurar que Chile se transformará en un país desarrollado durante su gobierno. Dos debilidades son que se insiste en extender aún más una ya exagerada red de subsidios de todo tipo que debilita el anhelo de los chilenos por iniciar emprendimientos y forjar su propio destino con un Estado facilitador, en vez de asistencialista, y que se omite cualquier propuesta de enfrentar a los intereses creados sindicales y gremiales que han capturado diversos sectores e impiden la mayor competencia que requeridos para volver a las tasas de aumento de la productividad que hicieron posible el milagro económico chileno.

 

El país espera con ansiedad la conformación de su gabinete ministerial y equipo. Varios de sus colaboradores tienen una trayectoria que permite un cierto optimismo de que las posturas de campaña puedan dar paso a medidas que realmente le permitan a Chile volver a crecer a tasas del 7% al año, clave para eliminar la pobreza y alcanzar el ansiado desarrollo. Lo que sí es claro es que nunca un gobierno tuvo tantas facilidades -reformas estructurales ya hechas y consolidadas, altísimo precio del cobre, bonanza fiscal, simpatía internacional- para darle un nuevo impulso al país. Es demasiado temprano para emitir un veredicto definitivo. Los primeros 100 días de gobierno serán esenciales.

 

___* Profesor universitario y consultor económico.

© www.aipenet.com

 

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