MARTES, 6 DE ABRIL DE 2010
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“Sin Suiza y otras naciones con sistemas impositivos razonables, el mundo sería menos próspero y más represivo. Los países con bajos impuestos crean la competencia fiscal necesaria para evitar o, al menos, reducir la opresión gubernamental”


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Zúrich (AIPE)- Economistas, politólogos, periodistas y otros expertos dedican demasiado tiempo a estudiar sociedades atrasadas y  tratan de explicar por qué en ellos persiste la pobreza, el desempleo y la desesperanza. El caso de Haití es fácil de entender: no hay estado de derecho y llevan 200 años de gobiernos incompetentes y corruptos. Mientras que Suiza es el polo opuesto: no hay corrupción, rige el imperio de la ley, tanto los funcionarios públicos como los jueces son competentes y honestos. Entonces, la pregunta debe ser: ¿qué podemos aprender de  Suiza?, en lugar de  estudiar lo qué funciona mal en países como Haití. En cuanto al producto interno bruto, Suiza tiene un gobierno muy pequeño, al mismo tiempo que ofrece los mejores servicios y mayor seguridad, prosperidad y libertad.

¿Cómo lo logran? Parece difícil en un país pequeño, con diferentes idiomas y religiones, pero los suizos han logrado vivir en paz por mucho tiempo. Hay pocos recursos naturales, pero logran uno de los ingresos per cápita más altos. El sistema de salud es privado y entre los mejores del mundo.

Suiza no es perfecta, pero es limpia, próspera, bien administrada, agradable y libre. Mis viajes a Suiza, por más de tres décadas, me han convencido que Estados Unidos y el resto del mundo pueden aprender mucho de este país. Los suizos son más prácticos que ideológicos, pero veneran la libertad, protegen tanto la propiedad privada como el libre mercado y no aceptan gastos deficitarios del gobierno. Mantienen una moneda sana, cuyo valor ha aumentado en relación al euro, al dólar y a la libra esterlina. Los capitales, los bienes y servicios se mueven libremente sin restricciones.

El grueso de los recursos gubernamentales es manejado por gobiernos locales, mientras que el gobierno nacional es pequeño y menos importante en la vida de la gente. En Estados Unidos, aproximadamente dos tercios de los recursos y actividades del gobierno están a nivel federal, mientras que en Suiza dos tercios están a nivel de los cantones y poblaciones.

La tasa máxima del impuesto sobre la renta es de 11.5 por ciento, mientras que en Estados Unidos será de más de 40 por ciento como resultado de Obamacare y la expiración prevista, a finales de este año, de la rebaja efectuada por G.W. Bush a la tasa tope del impuesto. En Suiza, las tasas mayores del impuesto en los cantones van de 10.9 por ciento en Zug a cerca de 30 por ciento en Ginebra. En Estados Unidos las tasas estatales y locales del impuesto sobre la renta van de cero en lugares como Texas y Florida a aproximadamente 12 por ciento en Nueva York y California.

Además, Suiza no impone impuestos a las ganancias de capital y permite considerables deducciones a ingresos por intereses y dividendos. Del lado negativo, Suiza tiene un impuesto al valor agregado (IVA) y otro muy pequeño sobre el patrimonio. En el lado positivo, la tasa promedio que pagan las empresas combinadas es 21.3 por ciento, mientras que en Estados Unidos, al sumar el impuesto federal al estatal, la tasa promedio es de más de 40 por ciento.

En Suiza, las leyes sobre de privacidad financiera son una cuestión de derechos humanos. Según Pierre Bessard, director ejecutivo del Instituto Rebecque de Constant, en Lausanne: "Estas leyes son parte importante del sistema fiscal suizo, en el que las autoridades fiscales no tienen acceso a ninguna información financiera no declarada expresamente por los contribuyentes… Esas leyes se reforzaron en 1934, ayudando a judíos alemanes a proteger sus activos de la expropiación nazi. Hoy, el secreto bancario desempeña el mismo papel, proporcionando un refugio seguro a víctimas de persecución religiosa, discriminación étnica, acoso político, opresión fiscal, inestabilidad y de la delincuencia.

Sin Suiza y otras naciones con sistemas impositivos razonables, el mundo sería menos próspero y más represivo. Los países con bajos impuestos crean la competencia fiscal necesaria para evitar o, al menos, reducir la opresión gubernamental. La privacidad financiera evita que malhechores, pertenecientes a bandas de delincuentes o a malos gobiernos, opriman a la ciudadanía. Es irónico que muchos países critican a Suiza, mientras que en ellos la gente sufre una mala administración fiscal –como es el caso de Estados Unidos- y donde se viola el derecho humano fundamental a la privacidad.

___* Presidente, Institute for Global Economic Growth.
© www.aipenet.com

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