MARTES, 6 DE ABRIL DE 2010
Los ricos no podrán pagar la reforma sanitaria de Obama

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“El gobierno federal se ha embarcado en un tren de gasto sin precedentes, entregando nuevos derechos en la forma de créditos tributarios reembolsables, mientras que deriva una falsa tranquilidad de proyecciones fantasma de recaudación que nunca se materializarán”


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La nueva legislación del Presidente Obama pretende recaudar $210,000 millones en los próximos 10 años para pagar por los abundantes nuevos beneficios conferidos por el Estado. ¿Cómo? A través de un “Impuesto Medicare” de 3.8% sobre los intereses y la renta, sobre los dividendos y las ganancias de capital de las parejas que ganan más de $250,000, o de los solteros que ganan más de $200,000.

El Presidente también espera recaudar $364,000 millones en los próximos 10 años de los mismos contribuyentes, elevando las dos franjas más altas de impuestos de entre 33% y 35% a entre 36% y 39.6%, más otros $105,000 millones aumentando el impuesto sobre los dividendos y las ganancias de capital del 15% al 20% y otros $500,000 poniéndole límites a las exenciones y deducciones y/o eliminándolas.

Sumando todo el gobierno espera sacarle durante los próximos 10 años unos $1.2 billones extra a un pequeño grupo de contribuyentes que ya paga más de la mitad de todos los impuestos individuales.

No funcionará. Nunca funciona.

La tasa impositiva máxima se redujo de 50% en 1986 a 28% entre 1988 y 1990, sin embargo, los ingresos fiscales obtenidos del impuesto sobre la renta individual pasaron de un 7.9% en 1986 a un 8.3% del PIB en 1989. La tasa impositiva máxima subió a 31% en 1991 y los ingresos fiscales cayeron al 7.6% del PIB en 1992. La tasa impositiva máxima se incrementó a 39.6% en 1993, junto con numerosos potenciadores de ingresos como el aumento de la porción tributable de la Seguridad Social hasta el 85% de los beneficios desde el 50% de las personas mayores que ahorraron o siguieron trabajando. Sin embargo, los ingresos fiscales obtenidos del impuesto sobre la renta individual representaron sólo el 7.8% del PIB en 1993, un 8.1% en 1994, y no llegó al nivel de 1989 hasta 1995.

Las tasas punitivas del impuesto sobre la renta individual de las personas con altos salarios no aumentan los ingresos fiscales. Las personas exitosas no son ovejas dóciles esperando ser esquiladas.

La experiencia nos dice que los contribuyentes van a reaccionar a los planes fiscales de Obama de la siguiente manera:

Los profesionales y las empresas que actualmente se registran bajo la figura legal de Asociados, Sociedades de Responsabilidad Limitada (SRL) o Corporaciones S formarán Corporaciones de tipo C para proteger sus ingresos, porque la tasa corporativa será menor con menos límites arbitrarios en las deducciones para los gastos de la obtención de ingresos.

Los inversionistas que se volcaron sobre las acciones que pagan dividendos después del 2003 cuando la tasa cayó al 15%, abandonarán muchas de esas acciones en favor de los bonos municipales libres de impuestos si el impuesto sobre los dividendos sube a 23.8% como está previsto.

Frente a un impuesto del 23.8% a las ganancias sobre capital, los inversionistas de altos ingresos evitarían la obtención de ganancias gravables a menos que tengan cómo compensar las pérdidas.

Frente a una rápida eliminación de las deducciones y exenciones sobre los ingresos reportados superiores a $250,000, cualquier familia con dos ingresos en un estado de altos impuestos podría mantener sus ingresos por debajo de ese umbral del dolor mediante el aumento de las contribuciones al plan de ahorros para la jubilación 401(k), cambiando inversiones por fondos de bonos libres de impuesto y evitando la obtención de ganancias a través del capital.

Frente a las sanciones fiscales sobre cualquier renta adicional en general, muchas parejas con dos ingresos se convertirían en parejas de una sola fuente de ingresos, la jubilación anticipada sería mucho más popular, los ejecutivos preferirán beneficios en lugar sueldos imponibles, los médicos jugarían más golf, etc.

En resumen, la evidencia es clara, cuando los tipos impositivos marginales suben, la cantidad de los ingresos reportados baja. Los economistas lo llaman “la elasticidad de la renta imponible” (ETI, por sus siglas en inglés), y la miden mediante el análisis de declaraciones de renta antes y después de que los tipos impositivos marginales representaran una mayor tajada de los ingresos reportados al Servicio de Rentas Interno (IRS, por sus siglas en inglés).

La prueba se encuentra en una investigación para el National Bureau of Economic Research publicada en mayo de 2009 de Emmanuel Saez de la Universidad de California en Berkeley, Joel Slemrod de la Universidad de Michigan y Seth Giertz de la Universidad de Nebraska. Ellos revisaron una serie de estudios y descubrieron que "con una estimación de la elasticidad de 0.5... La fracción de los ingresos fiscales perdidos por los comportamientos de reacción sería un 43.1%”. Esa estimación de elasticidad de 0.5 cercenaría las expectativas del equipo de Obama de $1.2 billones de dólares a $671,000 millones. Como señalan los autores, sin embargo, “hay mucha evidencia para sugerir que una ETI es mayor para las personas de altos ingresos”. La utilización ilustrativa por parte de los autores de 0.5 es una aproximación perfectamente razonable para la mayoría de los casos, pero no para el aumento de los impuestos destinados a los muy ricos.

Para los ingresos superiores a $100,000, un estudio de 2008 realizado por el economista Jon Gruber del MIT y el Sr. Saez encontró una ETI de 0.57. Sin embargo, para los ingresos superiores a $350,000 (el 1% superior), calcularon una ETI de 0.62. Y para los ingresos superiores a $500,000, el economista del Departamento del Tesoro Bradley Heim estimó una ETI de 1.2 lo que significa que tasas más altas de impuestos sobre el rendimiento de los súper-ricos generan menores ingresos que tasas tributarias más bajas.

Si un cálculo preciso de la ETI para los ingresos más altos está más cerca de 1.0 que de 0.5, como tales estudios lo sugieren, el alza de impuestos sobre las familias de altos ingresos que pretende esta administración logrará virtualmente ningún aumento en la recaudación tributaria. Aún así las tasas tributarias más altas socavarán el crecimiento económico mediante un esfuerzo laboral reducido, emprendimientos obstaculizados y reducidas inversiones en capital físico y humano. Y eso, en cambio, significa una base imponible reducida y menor recaudación tributaria en el futuro.

Los estudios de la ETI excluyen las ganancias de capital, pero otras investigaciones muestran que cuando a las ganancias sobre capitales se elevan, los inversores evitan ese impuesto vendiendo activos con menor frecuencia, y por ende obtienen menos ganancias en las cuentas gravables. En estos estudios una elasticidad de aproximadamente 1.0 sugiere que el gravamen más elevado no provoca un aumento en la recaudación y que una elasticidad superior a 1.0 significa que mayores tasas de impuestos provocaran una menor recaudación.

En un estudio de 1999 para la Bolsa de Valores de Australia, examiné las estimaciones de elasticidad para las ganancias sobre capital de once investigaciones de la Tesorería, de la Oficina Presupuestaria del Congreso y de varios académicos. Siempre que había un rango de estimaciones usaba las cifras más bajas. La media resultante fue de 0.9, muy cerca de uno. Cuatro de estos estudios estimaron la tasa tributaria que maximizaba la recaudación por impuesto a las ganancias sobre capitales, sugiriendo que una tasa impositiva superior al 17% (en promedio) reduce la recaudación.

Elevar la tasa tributaria más alta sobre los dividendos a 23.8% probará ser tan auto-destructivo como aumentar el impuesto a las ganancias sobre capital. Las cifras de un conocido estudio de 2003 del economista de Thomas Piketty de la Escuela de Economía de París y del señor Saez  muestra que la cantidad real (ajustada a la inflación) de dividendos reportada por el 1% con ingresos más altos de los contribuyentes se redujo a cerca de $3,000 millones al año (en dólares de 2007) después del aumento de impuestos de 1993. Se mantuvo en ese nivel hasta el año 2002 y luego se disparó en un 169% a casi $8,000 millones para el año 2007 después de que el impuesto sobre los dividendos se redujo al 15%. Dado que pocos dividendos fueron sujetos a las tasas más altas de impuestos antes del 2003 (muchas acciones de dividendos fueron poseídas por entidades exentas de impuestos), el impuesto sobre los dividendos de 15% probablemente aumentó la recaudación.

En resumen, la creencia de que el aumento de las tasas impositivas sobre los ricos eventualmente podría recaudar sumas importantes durante la próxima década es una delusión peligrosa, porque significa que las ya terribles estimaciones del déficit a largo plazo están siendo seriamente subestimadas. El costo de los nuevos subsidios para seguro de salud y por concepto de aquellos inscritos en Medicaid se proyecta que crecerán por lo menos un 7% al año, lo que significa que el costo se duplicará cada 10 años—a $432,000 millones para 2029, a $864,000 millones para 2039 y a más de $1.72 billones para 2049. Si alguien piensa que gravar a los ricos cubrirá una porción significativa de estos gastos, que lo reconsidere.

El gobierno federal se ha embarcado en un tren de gasto sin precedentes, entregando nuevos derechos en la forma de créditos tributarios reembolsables, mientras que deriva una falsa tranquilidad de proyecciones fantasma de recaudación que nunca se materializarán.

*Artículo publicado con autorización de El Cato

 

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