LUNES, 9 DE AGOSTO DE 2010
Combate y legalización del consumo de drogas (I)

¿Ud. está de acuerdo en que el gobierno mexicano regale 100 millones de dólares a gobiernos centroamericanos para frenar la inmigración?
No
No sé



“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Godofredo Rivera







“La lucha contra el narcotráfico conlleva su propia penitencia. Entre más golpes al narco, mayores precios de la droga, y mayores incentivos a producirla.”


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No sé si sea sólo política, pero recientemente el Presidente Calderón llamó a debatir sobre la legalización ó no de las drogas. En este espacio ya lo hemos hecho desde hace tiempo. En las aulas académicas ya desde hace años hay profesores de economía y expertos en políticas públicas que han analizado los costos y beneficios de la legalización de las drogas. Esto no es nada nuevo. Desde hace décadas Milton Friedman encabezó la propuesta en EU. Pero bueno, a los políticos tarda siempre en “caerles el veinte” y la sociedad civil (hoy agudizado con las redes sociales) usualmente se adelanta a los acontecimientos.

Ojo, el debate entre legalización de las drogas (cuáles conviene y cuáles no) y su consumo se vuelve estéril a menos que se entienda que la drogadicción no es asunto de prohibición y castigo, sino de una educación de mayor calidad y por supuesto, del crecimiento económico tan estancado en México en los últimos años. El debate sobre legalización de las drogas es estéril si no se entiende que el narcotráfico no es delito por su propia naturaleza, a diferencia del asesinato, el secuestro, la violación, el robo y el fraude. El debate sobre legalización de las drogas es estéril si no se entiende que legalizar es reglamentar, conocer a los participantes del mercado, que legalizar no es dejar todo a la anarquía y dejar con ello expuesto a niños y jóvenes.

Espero que el presidente sí quiera reflexionar (después de 4 años de mandato no sé si valga la pena) y no sólo sea una salida ante las presiones políticas. Su guerra al llamado “crimen organizado” entraña algunas trampas y errores que esperamos aclarar en una serie de artículos en los que queremos contribuir con un grano de arena al entendimiento de cómo funciona el mercado de drogas y del por qué la estrategia presidencial ha sólo agudizado la violencia en general. Comienzo.

Un precio es una variable fundamental en la toma de decisiones económicas. Una decisión económica es un acto en el cuál decidimos si producir más ó menos, invertir ó ahorrar, consumir hoy menos que mañana, trabajar ó descansar, y en general una decisión económica es un acto en el cual escogemos entre distintas alternativas para alcanzar cualquier objetivo de nuestra vida (tener ó no tener hijos, estudiar-y qué estudiar- ó trabajar, ser soltero ó tener pareja, trabajar ó vacacionar, etc.) lo que implica el tener que asignar recursos escasos para alcanzar dichos fines siempre con un costo de oportunidad latente y que muchas veces no se aprecia (el costo de oportunidad es el costo de no haber escogido la segunda mejor opción en cualquier decisión económica, ej. si me caso, tendré un costo contable que será el costo de la boda, pero hay un costo que muchas veces no se ve y que allí está latente, nos referimos al costo de oportunidad que significa tener menos tiempo libre de soltero; menos tiempo para realizar distintos proyectos si hay además hijos). Si conviene ó no una decisión económica es asunto de cada individuo.

El asunto del consumo de drogas (demanda) y el narcotráfico (oferta) cae también en la esfera económica, por horrendo que suene para políticos, católicos, protestantes, médicos y demás personas cuya moral -respetable -rechace y condene la drogadicción.

La producción de drogas (a veces el consumo también) está prohibida en muchos países desde hace siglos. El asunto es que por más duras que sean las prohibiciones, siempre ha habido alguien dispuesto a pagar por la misma, lo que incentiva automáticamente la oferta (alguien también dispuesto a ofrecer). En este caso el precio se vuelve fundamental. Una mayor demanda de drogas presiona su precio al alza lo que da señal a otros agentes económicos de que es rentable producirlas y ofrecerlas. Viceversa, si los precios de determinada droga caen, la señal es obvia para los productores, y uno, tendrán que ajustar su producción a la baja, y dos, ver qué otra droga alternativa es rentable como para producir más de la misma ó de plano cambiar de mercado (efecto producción y sustitución).

Cuando los gobiernos luchan frontalmente contra la producción de las drogas, sucederá lo siguiente: disminuirá la oferta como resultado de los distintos decomisos, lo que provocará el alza en los precios de esta droga. A mayores decomisos, mayores precios en la droga.

Los precios más altos son una señal clara de que a pesar de los peligros, merece la pena entrar al mercado aún con el riesgo de ir a la cárcel ó peor aún, perder la vida. En México la decisión de un joven de entrarle al mercado de drogas se ve agudizada además por las pocas alternativas laborales bien pagadas.

La elasticidad precio de la demanda de la droga (qué tan sensible es la demanda a los cambios en el precio) es en el corto plazo menor a uno (lo que significa demanda inelástica, es decir, a precios más altos, la demanda disminuye, pero en menor porcentaje que lo que lo hace el precio), lo que le garantiza rentabilidad a los narcotraficantes aún con los golpes y decomisos. No obstante, esta situación también conlleva a que aumente la delincuencia en términos más amplios. Por un lado, tendremos a drogadictos -los más pobres- capaces incluso de delinquir si ya el dinero no les alcanza para satisfacer sus necesidades de consumo de droga. Por otro, y eso es lo que sucede en México por tener un estado de derecho débil, los mismos narcotraficantes reaccionan de dos formas. Los “buenos,” al más puro estilo empresarial, intentan innovar para crear drogas más baratas (sin importar si son mortales) y no perder a más clientes (dado que en largo plazo la demanda de drogas se vuelve elástica, lo que significa que una pequeña alza de precios origine una gran caída en la demanda). Por otro lado los “malos” harán todo lo posible para que sus ingresos no caigan, por lo que entre más decomisos haya, más actividades ilícitas cometerán como secuestros, cobros de piso, distinto tipo de extorsiones e incluso asaltos.

Resumiendo, la guerra al narcotráfico del gobierno, propicia golpes, detenciones y decomisos al narco, lo que origina que suban los precios como resultado de uno, menor oferta, y dos, mayor riesgo para producir, dada la demanda inelástica en el corto plazo. Ello estimula también la aparición de drogas baratas letales y de otros delitos como el secuestro y la extorsión. La lucha contra el narcotráfico conlleva su propia penitencia. Entre más golpes al narco, mayores precios de la droga, y mayores incentivos a producirla.

Cuando la pornografía para adultos se legalizó en EU (también en México y otros países), los productores vieron como espectacularmente cayeron sus ingresos, lo que los llevó al acto ridículo de exigir al Congreso que nuevamente la prohibiera por ser nociva para los niños. La realidad es que cuando era ilegal dicho mercado, los precios eran muy elevados y los productores gozaban de altísimos ingresos resultado de los múltiples mercados negros. Al final el precio de los productos pornográficos cayó por qué uno, dejó de ser ilegal, dos, atrajo a nuevos productores engañosamente buscando las viejas altas ganancias, y tres, por que mejoró la educación sexual, especialmente en adolecentes (al menos en algunos países). Que no se olvide, menor demanda conlleva a menores precios y viceversa. Mayor oferta, conlleva a menores precios y viceversa. Ley económica obvia que peligrosamente suelen pasar por alto los políticos.

La próxima semana continuamos.

• Drogas

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