MARTES, 21 DE FEBRERO DE 2006
Decepcionante

¿Usted considera que la renuncia de Evo Morales a la presidencia de Bolivia es un golpe de estado?
No
No sé



El punto sobre la i
“La barrera infranqueable del ejercicio de los derechos de cada cual deben ser los derechos de los demás, que nos imponen el deber de respetarlos, deber que debemos asumir libremente. El que no todos estén dispuestos a asumirlo es la razón de ser del Estado.”
Félix de Jesús


Más artículos...
Ricardo Valenzuela
• El Estado ha iniciado su putrefacción

Arturo Damm
• ¿Desconfianza = desilusión?

Isaac Katz
• Protección de los derechos de propiedad

Arturo Damm
• Causa objetiva, razón subjetiva

Víctor Hugo Becerra
• Lula sigue siendo un ladrón

Arturo Damm
• Menor bienestar

Victor H. Becerra y Miguel A. Cervantes
• México aún necesita más, mucho más libre comercio


Pulsaciones...
• De la amnistía a la legalización

• Votar, ¿derecho u obligación?

• Extinción de dominio y Estado de chueco

• Ante la 4T, ¿qué hacer?

Isaac Katz







“Cuando las condiciones dejen de ser tan favorables, el magro crecimiento de 3% nos habrá parecido una maravilla.”


Aunque ya era esperado, el anuncio que hizo el INEGI de que la economía mexicana creció durante el año pasado en únicamente 3% no deja de ser decepcionante y muestra, una vez más, que la economía está estructuralmente enferma, que es notoriamente débil. Este 3% de crecimiento es ridículo ante condiciones externas e internas notoriamente favorables y confirma que los incentivos que existen en la economía no son los que se requieren para crecer, por lo que seguimos sin poder insertarnos en una senda sostenida de desarrollo económico y, además, nos seguimos rezagando frente al resto del mundo.

 

México enfrentó durante el año pasado condiciones que, de haber tenido un marco institucional eficiente, se hubiesen traducido en una tasa de crecimiento notoriamente más elevada. Primero, nuestro principal socio comercial y vecino geográfico, Estados Unidos, siguió creciendo a tasas relativamente elevadas pero las exportaciones mexicanas, aunque aumentaron, perdieron participación en las importaciones totales efectuadas por ese país. Segundo, el precio del petróleo se mantuvo en niveles relativamente elevados, pero los diputados federales decidieron utilizar una gran parte de esos recursos extraordinarios para financiar el gasto corriente, tanto del gobierno federal como de los gobiernos estatales y municipales es decir, decidieron destruir parte de la riqueza de la economía. Tercero, el flujo de las remesas que las familias mexicanas recibieron del exterior alcanzó casi 20,000 millones de dólares, la segunda fuente más importante de divisas después del petróleo, mismas que aunque aumentaron el nivel de bienestar de las familias recipientes de los recursos, difícilmente se convierten en una fuente de crecimiento económico al destinarse primordialmente al consumo y no al ahorro. Cuarto, la tasa de inflación es la más baja de los últimos 30 años, y aunque la estabilidad de precios es la contribución más importante que el Banco de México puede hacer al crecimiento económico, ésta es solamente una de las condiciones necesarias; la estabilidad no es suficiente. Quinto, e íntimamente relacionado con el punto anterior, las tasas reales de interés en México son también las más bajas en las últimas tres décadas pero esto no se ha reflejado, más que en algunos pocos segmentos, en una expansión significativa del crédito y por lo mismo de la inversión.

 

Cuando a pesar de estas condiciones muy favorables la economía apenas crece en 3% es que algo grave, muy grave, está sucediendo: la economía mexicana está esclerótica, tiene artritis y está invadida por un conjunto de virus y parásitos. Enumeremos algunos de los problemas que se constituyen, finalmente, en barreras al crecimiento económico. Primero, la notoria debilidad del estado de derecho, uno caracterizado por leyes ineficientes, incumplimiento de las mismas, débil protección judicial de los derechos privados de propiedad tanto físicos como intelectuales, una muy débil garantía del cumplimiento de los contratos y una notoria arbitrariedad gubernamental en la aplicación del marco legal. Segundo, altísimos costos de transacción derivados de una excesiva e ineficiente regulación que le permite a los burócratas, actuando como parásitos, apropiarse para sí de parte de las utilidades que generan los proyectos de inversión. Tercero, un sector público (federal, estatal y municipal) que maneja recursos que ascienden a más del 25% del PIB, mismos que en su mayor parte se desperdician por la ineficiencia estructural con la cual los gobiernos funcionan. Cuarto, una significativa cantidad de mercados que operan alejados de la competencia y que significan mayores costos de operación de la economía y una continua extracción de rentas de los consumidores. Quinto, una infraestructura de transportes y de comunicaciones insuficiente, obsoleta y cara que merma las ventajas comparativas que los productores nacionales pudiesen tener en los mercados internacionales. Sexto, un mercado laboral excesivamente rígido e ineficiente, regulado por una legislación que contiene un sesgo en contra de la utilización de mano de obra y en contra del cambio tecnológico. Séptimo, un sistema educativo nacional que produce un capital humano de bajísima calidad. Octavo, una clase política de ínfima categoría conformada por individuos que son, finalmente, parásitos de la sociedad, individuos que buscan únicamente maximizar las rentas que le extraen a los particulares y para quienes el futuro del país les tiene sin el menor cuidado.

 

O cambiamos lo aquí señalado o cuando las condiciones dejen de ser tan favorables, el magro crecimiento de 3% nos habrá parecido una maravilla.


 Comentarios al artículo...
Comments powered by Disqus