MARTES, 7 DE JUNIO DE 2011
Las aguas negras de la discordia

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“El espléndido escenario del agua en abundancia, al trasluz del conflicto creado por los que no desean el cambio, el avance, el desarrollo del estado y sus habitantes, aunado a la mediocridad del manejo político y mediático del gobierno, se convierte, no sólo el Canal sino todo el distrito de riego en el espacio, el territorio, por donde corren las aguas negras de la discordia.”


Son dos grupos.

El primero lo forman el gobernador del estado de Sonora, los delegados federales y en cierta forma los secretarios de estado y el mismo presidente de la República. Ellos son los autores, diseñadores, ejecutores y presupuestadores de recursos fiscales del Acueducto Independencia que transportará 75 millones de metros cúbicos anuales de un agua que le urge, dije le urge, a la ciudad capital del Estado de Sonora.

El otro grupo son, en la portada, al frente, dando la cara, una media docena de ciudadanos, líderes, dirigentes y activistas, en cuyo currículo menudean experiencias en “luchas sociales”. Alrededor de ellos, están políticos, empresarios, y profesionistas, apoyados estos por empleados, trabajadores, sindicatos, clases medias y populares, y que son los que engrosan los contingentes que toman las calles de Cd. Obregón, portan camisetas alusivas al conflicto y son multiplicadores eficaces de mitos, falacias, mentiras y consignas. Por ahí, en lo oscurito, o en las cafeterías de la calle Miguel Alemán, están los inspiradores, financiadores, animadores, los dueños pues del movimiento opositor a la construcción del Acueducto, que sería el inicio de una estrategia para resolver el problema de la escasez de agua para consumo humano en Hermosillo.

De acuerdo a la estadística histórica de la presa El Novillo, 3 600 millones de metros cúbicos de almacenamiento anual es una cifra razonable. En consecuencia 75 millones de metros cúbicos, vienen resultando, si la aritmética es correcta, algo así como el 2% del volumen total disponible. Ya lo hemos dicho anteriormente, es como si se toma una tasa de agua de un barril de 200 litros. El barril ni se entera de la sustracción.

Otra cosa. Ese insignificante 2% que se enviará a Hermosillo, es agua que jamás ha sido utilizada por los obsoletos, anacrónicos y agandallados agricultores del valle del Yaqui, ya que son derechos comprados legalmente a propietarios de las municipalidades de Huásabas y Granados, principalmente, y que están al norte de la presa El Novillo. Es claro, pues, que ni un solo litro se les va a quitar a los depredadores profesionales del sur de Sonora. Sin embargo,  ellos ocultan este dato.

Del lado del equipo azul, jamás he escuchado argumentos de la legalidad del proceso. Tampoco se ha visto claridad en la información esencial del proyecto y muchos menos se ha mencionado que al final de cuentas es el modelo de explotación agrícola --que viene funcionando casi sin cambios desde finales del siglo XIX—el que está siendo seriamente cuestionado por una realidad plena de hechos de depredación de los recursos y de falta de competitividad del principal cultivo que es el trigo.

Un modelo de producción condenado a su desaparición pero que en el inter succiona cientos de millones de pesos en recursos fiscales que van a dar a las cuentas de los prósperos y sagaces agricultores, cuyas jornadas de trabajo empiezan y terminan en las cafeterías de Cd. Obregón.

Son pobres y desafortunados los discursos de ambos bandos. Ellos están enfrascados en un debate débil y difuso por el lado del gobierno estatal y federal, y agresivo, perverso y malintencionado por el lado de los agricultores. La población, los empresarios, la academia y la sociedad civil de Hermosillo, está como alejada, indiferente del conflicto, mientras que en el sur del estado, los ánimos de la gente están exacerbados, caldeados, al borde incluso de la violencia.

Recientemente, estuvimos observando el enorme caudal de aguas  que bajan por el llamado Canal Principal Bajo en Cajeme. Es impresionante la belleza del agua corriendo presurosa hacia su destino agrícola; es una sensación de esperanza en un mejor destino productivo la que se experimenta, al mirar los miles de metros cúbicos que terminan irrigando enormes extensiones de un cultivo que demanda hoy por hoy millonarias cantidades de subsidio.

Sin embargo, el espléndido escenario del agua en abundancia, al trasluz del conflicto creado por los que no desean el cambio, el avance, el desarrollo del estado y sus habitantes, aunado a la mediocridad del manejo político y mediático del gobierno, se convierte, no sólo el Canal sino todo el distrito de riego en el espacio, el territorio, por donde corren las aguas negras de la discordia.

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