MIÉRCOLES, 27 DE JULIO DE 2011
Lo impensable, de posible a probable

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“Desde la semana anterior las tensiones en Washington se han agravado en forma apreciable y se pasó de la apariencia que habría un arreglo entre las fuerzas políticas enfrentadas en la autorización que el Congreso debe dar al techo del endeudamiento público del gobierno, a la incertidumbre y confusión.”


Desde la semana anterior las tensiones en Washington se han agravado en forma apreciable y se pasó de la apariencia que habría un arreglo entre las fuerzas políticas enfrentadas en la autorización que el Congreso debe dar al techo del endeudamiento público del gobierno, a la incertidumbre y confusión.

Las recriminaciones mutuas vuelan entre los principales actores de este sainete, el Presidente Barack Obama y los líderes Republicanos en el Congreso, en especial John Boehner, dirigente de la Cámara de Diputados, al filtrarse, primero, que había acuerdos substantivos para luego revelarse que no era así.

La caracterización que hice en artículos previos que los culpables de este peligroso impasse son los necios e inflexibles integrantes del movimiento conocido como Tea Party, en remembranza de los primeros sublevados contra la Corona Inglesa por haberle puesto gravámenes a las exportaciones a sus trece colonias americanas, es parcial pues la izquierda también tiene su culpa.

Para empezar, no ayuda la actitud del Presidente, quien hoy se ostenta como enemigo del déficit público cuando nadie como él ha contribuido a generarlos, con su sistemático rechazo al ajuste del presupuesto tendiente a moderar y eventualmente revertir el enorme y creciente endeudamiento gubernamental.

Su record es muy claro a este respecto. Convocó a una comisión plural para que estudiara el problema de la deuda y propusiera soluciones, sólo para ignorar sus recomendaciones de recortar el gasto pero también aumentar los ingresos, que eran muy sensatas y estaban sólidamente sustentadas.

Luego delegó en su vicepresidente Joe Biden, un peso liviano en el ámbito político, mejor conocido por su proclividad reiterada a meter la pata y hacer comentarios fuera de lugar, coordinar las negociaciones para recortar el gasto, lo que previsiblemente fracasó, pero consumió un tiempo precioso.

Cuando finalmente y ya contra reloj Obama intentó tomar el toro por los cuernos y guiar la negociaciones con los líderes de la oposición en el Congreso, se ha dedicado al mismo tiempo a denostar a sus adversarios por infantilismo, además de dedicarse sólo a la “grilla,” mientras que él se caracteriza a sí mismo como un estadista serio y como el único adulto en la sala de negociaciones.

Yendo más allá en la lectura de las posiciones políticas, han surgido hipótesis de que Obama en realidad lo que quiere es que EU caiga en la moratoria el próximo 2 de agosto para así caracterizar a la derecha Republicana como una banda de locos extremistas sin ningún reparo en llevar a su país a la debacle.

En este escenario, el Presidente asumiría el liderazgo para superar la crisis, enviaría al Congreso legislación para confrontar la emergencia, que sería aprobada por un cuerpo parlamentario en estado de pánico, con lo que se calmarían los mercados financieros y Obama sería el salvador de la patria.

Hay que tener presente que en momentos de crisis nacional en regímenes presidenciales como los de EU y México, quien tiene las cartas necesarias para atender la situación es el Ejecutivo y no el Congreso, por lo que el escenario antes descrito dista mucho de ser descabellado.

Es por ello que los Republicanos deben apoyar la iniciativa del Senador Mitch McConnell, que describí la semana pasada en esta columna, y que consiste en pasar legislación en el Congreso habilitando al Presidente para elevar él mismo el límite de la deuda, pero con compromisos adicionales de recortar el gasto.

De esta manera se evitarían los graves riesgos inherentes a la moratoria, pero se pondría la responsabilidad de la situación en el Presidente Obama, quien tendría entre ahora y las elecciones del año próximo para proponer un paquete de recortes y reformas presupuestales y al sistema recaudatorio.

Mientras tanto el Tesoro, el Sistema de la Reserva Federal y su brazo operativo el Fed de Nueva York han estado reunidos para determinar cómo proceder en caso que no se alcance acuerdo alguno, aunque en cada ocasión hacen declaraciones públicas en las que reiteran estar ciertos que habrá un acuerdo.

El secretario del Tesoro Tim Geithner acaba de advertir en los taquilleros programas domingueros de comentarios y análisis político en Washington, que de haber un marco bien definido de los acuerdos que se adoptarán hoy mismo, antes de que abran los mercados financieros asiáticos, podría iniciarse el desplome.

Yo sigo creyendo que se llegará a un arreglo pero es posible que no sea así, lo que ratificaría el temor de muchos de que el liderazgo en EU ha perdido la capacidad de guiar los destinos de su país, lo que lamentablemente conlleva daños más allá de sus fronteras con ineludibles repercusiones globales.

• Finanzas internacionales • Estados Unidos

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