JUEVES, 28 DE JULIO DE 2011
El neoliberalismo sigue derrotando a la pobreza (I)

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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Leopoldo Escobar







“Como ha venido ocurriendo desde hace muchos años, sigue creciendo la montaña de evidencia sobre lo benéfico que fue para el mundo el giro hacia el neoliberalismo. Ha aquí unas reflexiones a partir de la revisión de los datos más recientes.”


Hay liberales que dicen no haber conocido todavía a un neoliberal. Hay también políticos que toman como grueso insulto ser tachados de neoliberales.

El término neoliberalismo es quizás el neologismo más agobiado por la polisemia (la pluralidad de significados). Algunos han llegado al grado de calificar de neoliberales a los funcionarios del Fondo Monetario Internacional, dada su compulsión a promover el alza de impuestos “bajo cualquier circunstancia y por cualquier excusa, por cualquier razón, en cualquier momento en que sea posible”. Pero claro, esta es una calumnia contra los keynesianos del FMI, cuando que hay pocas cosas tan antiliberales como subir impuestos.

Pero los inventores del término neoliberalismo sabían y saben bien a qué se refieren. Ellos, los marxistas-leninistas y demás plañideras estatistas, que primero gruñeron por políticas de Thatcher y Reagan y que después lloraron desconsolados por la caída de la Unión Soviética, definieron como neoliberalismo a todo retroceso del estatismo por leve e inconsecuente que fuera y a todo paso hacia la libertad de comercio internacional o globalización.

Las plañideras reconvertidas en Casandras profetizaron que privatizaciones, menos irresponsabilidad en el manejo de las finanzas públicas, desregulaciones y apertura al comercio exterior harían caer sobre el mundo una peste de miseria y sufrimiento. Y cada nueva crisis económica da pábulo para que los agoreros aseguren que su predicción se ha cumplido.

La verdad es que, como ha venido ocurriendo desde hace muchos años, sigue creciendo la montaña de evidencia sobre lo benéfico que fue para el mundo el giro hacia el neoliberalismo (entendido como mayor libertad económica o menos estatismo). En tal sentido hay notables análisis  como “Cuatro décadas que cambiaron nuestro planeta” de Johan Norberg, quien retoma la tradición de estudio de largas series estadísticas históricas de Angus Maddison y de Julian Simon y que comparte con ellos la convicción sobre los logros extraordinarios de la humanidad bajo el capitalismo.

Sobre la manera en que el neoliberalismo ha seguido derrotando a la pobreza, a continuación unas reflexiones a partir de la revisión de los datos más recientes (reporte 2010) del Índice de Desarrollo Humano (IDH) de Naciones Unidas y su relación con los índices de libertad económica y con el de derechos de propiedad.

El Índice de Desarrollo Humano (IDH) no es el parámetro ideal para medir la difusión del bienestar, pero a diferencia del ideal es el que existe y presenta una serie de ventajas: abarca un periodo de 30 años (de 1990 a 2010) como para evidenciar tendencias de largo plazo, incluye datos de casi todos los países (en rigor jurisdicciones, como el caso de Hong Kong que es una administración especial bajo soberanía china) y está fuera de sospecha del pecado de neoliberalismo. En realidad los buenos burócratas de Naciones Unidas cojean del lado izquierdo (y organismos como la UNESCO están bajo el control de los ultra-izquierdistas desde hace décadas).

Una de las mayores desventajas del IDH es que no existe un mecanismo para validar los datos proporcionados por los gobiernos, lo cual, por ejemplo le ha permitido a regímenes como el de Cuba mentir descaradamente con propaganda inverosímil. En el reporte de 2010, por cierto, no figura Cuba, supuestamente porque los burócratas castristas están calculando el PIB per cápita que por años eludieron presentar.

El Índice, cuya difusión se inició en 1990, es definido por sus autores en los siguientes términos: “Índice compuesto que mide el promedio de los avances en tres dimensiones básicas del desarrollo humano: vida larga y saludable, educación y nivel de vida digno”. El IDH considera variables como son la esperanza de vida, el grado de alfabetización y escolaridad y el PIB per cápita.

Continuará.

• Liberalismo • Globalización / Comercio internacional • Pobreza y desigualdad

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