LUNES, 8 DE AGOSTO DE 2011
Deuda, gasto público y tasas de interés

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“El dinero en efectivo es una garantía de libertad individual, por su eficiencia, versatilidad, irrastreabilidad y anonimato.”
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“Ahora resulta que ser ordenado en términos financieros, gastar menos del ingreso total, ahorrar más de lo que se consume, tener una deuda muy pequeña ó nula respecto del ingreso total, es indicativo de ser de “ultra derecha”, ó fanático del “tea party”.”


Cuántas idioteces se oyen por estos días al criticar a ciertos miembros del partido republicano en EU que exigen que se regrese al Estado mínimo (eliminar al Estado intervencionista) y a la disciplina financiera. Ya la prensa, académicos y muchos analistas señalan la “irresponsabilidad” de la “ultra derecha” del partido republicano. Perdón señores críticos, pónganse a estudiar más, EU padece desde el siglo pasado un creciente intervencionismo del Estado que ha llevado a este país a la actual situación de quiebra financiera. Tanto republicanos como demócratas son los responsables de que el gobierno estadounidense esté prácticamente en la quiebra. El socialismo populista y el keynesianismo han calado fuertemente en EU desde el siglo pasado. Sólo hay que ver cómo se presta atención a todo lo que diga ó escriba el keynesiano irresponsable y ramplón de Paul Krugman.

Sí, lo increíble de esta crisis es que da cuenta de cuán arraigada está la falsa creencia entre distintos periodistas, académicos, analistas y políticos, de que el gasto público es el motor de la economía, de que si el gobierno no gasta mucho no hay desarrollo, de que gastar poco y bien aumenta los pobres, de que hay que gastar y gastar sin importar la fuente de financiamiento. Y en el público también está latente la ignorancia, hoy mucha gente repudia que haya nuevos impuestos, pero no quieren renunciar a sus “derechos sociales” (que no es otra cosa más que la dádiva que reciben de los gobiernos, a costa de despojar a otros vía los impuestos).

Los estadounidenses deberán reflexionar si quieren seguir siendo el país con mayores innovaciones en la tierra, con las mejores universidades del planeta, ó convertirse en un Estado socialdemócrata benefactor supuestamente de todo mundo, con altos, muy altos impuestos y bajas tasas de crecimiento económico acompañadas de escasa innovación. Ojalá los estadounidenses recuerden qué los llevó a ser la primer potencia económica del orbe, que recuerden cómo el individuo está por encima de la masa, que los ciudadanos están por encima del Estado, que para nada fue el Estado social demócrata, ó social burócrata para decirlo en términos más claros, el que contribuyó al éxito de ese país. Ojalá lo recuerden.

No es asunto siquiera de ciencia económica, sino de aritmética y sentido común. Nadie puede vivir de fiado indefinidamente, nadie puede endeudarse al infinito, nadie puede gastar sin límite, nadie puede consumir más de lo que ahorra ad infinitum, nadie, y ello incluye a cualquier nación de la tierra. Y es que tercamente no se entiende que la prudencia financiera es un factor necesario para que un individuo, empresa ó nación alcancen el éxito. No es asunto de ideología. Aún así, si sigue habiendo tercos que no entienden esto, que todo lo ven como ideología, “doctrina neoliberal”, entonces prefiero mil veces ser considerado como “fanático del tea party”, que como “estatólatra irresponsable del partido demócrata”. No hay almuerzos gratis.

El acuerdo logrado la semana pasada en el Congreso que permite elevar el techo de endeudamiento no es ninguna panacea, y menos la solución de fondo a la estructura de las finanzas públicas estadounidenses. La reducción del gasto público, tampoco es de golpe, como los defensores de Obama reclaman. Será creada una comisión (que hoy no existe) para que revise y ajuste el gasto público a la baja, pero en un período de 10 años. De hecho, el aumento al techo de endeudamiento y la estimación a la baja del gasto público es casi igual, de poco más de 2 billones de dólares (cada rubro), así que aún no se ve una solución que elimine al mago keynesiano que falsamente cree que puede, sin costo alguno, dotar de todo a todos, de la cuna a la tumba.

Un alivio es que se impidió que subieran los impuestos, pero en mi opinión aún no hay garantía de que la intención no se lleve a cabo. Dependerá de cómo terminen negociando demócratas y republicanos y para ello ampliaron discutirlo hasta 2013.

Ojalá, sea el inicio de un análisis y reflexión profundos en materia económica para que EU realice reformas serias en materias de seguro social, de reformas al sistema de salud, de eliminación de los múltiples programas populistas, de un regreso al Estado mínimo. Otra vez, Ojalá.

Un análisis de tasas de interés
Existe un mito genial keynesiano de que los gobiernos controlan las tasas de interés a su antojo. Para sustentar sus “evidencias”, los economistas keynesianos usan modelos econométricos en los que, de acuerdo a ellos, las tasas de interés se manipulan al antojo del banco central, y no hay problema alguno en monetizar el nivel de deuda del gobierno (comprar bonos de deuda del gobierno). Para los keynesianos no hay correlación entre el nivel de gasto gubernamental y las tasas de interés. Es decir, el mayor gasto público no inhibe la inversión privada (en todo caso para los keynesianos es más importante la relación deuda-PIB, siendo más importante el crecimiento del segundo que la reducción de la primera), pues el banco central coadyuva a que las tasas de interés, no suban, ó en el peor de los casos suban poco.

La trampa de este análisis es que es cortoplacista, es decir, en realidad las correlaciones de los keynesianos son espurias, pues las tasas de interés que realmente cuentan para el crecimiento económico son las de largo plazo. A corto plazo, los bancos centrales pueden mantener artificialmente bajas las tasas de interés, pero ello daña la toma de decisiones en materia de asignación de recursos productivos en el largo plazo. Es el caso hoy de la FED, con sus ridículas tasas de casi cero.

Los bancos centrales sólo pueden influir en las tasas de interés de corto plazo, en la tasa a la que descuenta crédito a los bancos y entre las tasas que se cobran entre los mismos bancos comerciales a corto plazo. Pero en el largo plazo (que es lo determinante para el crecimiento económico, y los keynesianos tramposamente dicen “estaremos muertos”), las tasas de interés son influidas estrictamente por los mercados (millones de inversionistas), las tendencias inflacionarias, el déficit fiscal gubernamental y, lo más importante, por la oferta y demanda de capital de inversionistas.

Así las cosas, con la reciente baja en la calidad crediticia de la deuda estadounidense (de triple A a doble A +), ya salieron los keynesianos a argumentar que no habrá alza en las tasas de interés, que la FED puede seguir comprando bonos del tesoro, que de los poco más de 14 billones de dólares de deuda (no incluye el nuevo techo de endeudamiento), 8 pertenecen a la propia FED, y el resto a extranjeros (5 millones a chinos y lo restante a distintos inversores institucionales) y que por tanto seguiremos viendo tasas bajas.

Cómo hacen trampa los keynesianos, deberían de echarle un ojo a los bonos del tesoro a 10 años ó a las hipotecas a 30 años, en estos casos las tasa de interés promedio se encuentran por arriba de 4% (nada que ver con 0.5%) y si la FED sigue inyectando liquides sin ton ni son, las propias expectativas inflacionarias no sólo revertirán al alza las tasas de corto plazo, sino que las de largo plazo subirán aún más.

Las tasas de interés de corto plazo artificialmente bajas están haciendo mucho daño a la economía estadounidense, pues no están reflejando el costo de oportunidad de posposición del consumo presente por futuro y, lo peor, viene un escenario para crowding out ó desplazamiento de la inversión privada por la enorme deuda gubernamental que tendrá que ser financiada sepa Dios cómo (ni con el reciente acuerdo de endeudamiento adicional las propias autoridades estadounidenses conocen con exactitud, apenas conformarán una comisión de ajuste al gasto).

Nuevamente veremos, por desgracia, la llamada equivalencia ricardiana, de que la deuda de hoy equivale a los impuestos de mañana. Esa es la cruda realidad que keynesianos y políticos irresponsables quieren ignorar.

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