Pesos y contrapesos
Sep 19, 2011
Arturo Damm

Por último, y para no dejar (I)

¿Por qué no beneficiar a todos los consumidores, de todos los bienes y servicios, imponiéndole a cuanta mercancía se ofrezca en los mercados un precio único? ¿Por qué beneficiar nada más a los compradores de libros? ¿Qué justifica tal privilegio?

He dedicado los últimos Pesos y Contrapesos a tratar, directa o indirectamente, el tema del artículo 22 de la Ley de Fomento para la Lectura y el Libro, recientemente avalado, para desdoro de esa institución, por la mayoría de los integrantes de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en el cual se afirma que “el editor o importador fijará libremente el precio de venta al público, que regirá como precio único”, lo cual elimina la libertad del librero para determinar el precio que considere más conveniente, eliminando así los descuentos, y suprimiendo al precio como elemento de competitividad, todo ello, ¡a ver cómo le hacen para explicarlo racionalmente!, en beneficio de los compradores de libros.

Llegados a tal propósito, beneficiar a los compradores de libros por medio del precio único, pregunto, lógicamente, ¿por qué no beneficiar a todos los consumidores, de todos los bienes y servicios, imponiéndole a cuanta mercancía se ofrezca en los mercados un precio único? ¿Por qué beneficiar nada más a los compradores de libros? ¿Qué justifica tal privilegio? Señores legisladores: ¡en sus manos está, por medio del precio único, impuesto ya a la oferta de libros, beneficiar a todos los consumidores, sin olvidar que consumidores somos todos, desde el bebe recién nacido, que consume pañales, hasta el anciano a punto de morir que, muy probablemente, también los consuma! ¿Qué es lo único que deben hacer? Redactar y promulgar la Ley de Fomento para el Consumo de todos los Bienes y todos los Servicios, cuyo artículo primero deberá decir lo siguiente: “Pensando solamente en el bienestar de los consumidores, el productor o importador de cualquier bien o servicio, fijará con entera libertad, ¡pero eso sí: de manera obligatoria!, el precio de venta al público, que regirá en toda la Nación como precio único”.

Si según ustedes, legisladores, y aquellos quienes desde la Suprema Corte de Justicia de la Nación los apoyaron, el precio único funciona en beneficio de los compradores de libros, fomentándose con él y por él la lectura, ¿por qué no extender el beneficio al resto de los consumidores? ¿Qué acaso no ven el beneficio del que nos privan a todos al no imponer el precio único a todos los bienes y servicios, producidos en el país o importados desde otras naciones? ¿Qué acaso no ven el mal que nos ocasionan a todos al permitir que, por ejemplo, en la oferta de aparatos electrodomésticos, o en la de viajes por avión, o en la de útiles escolares, o en la de computadoras personales, o en la de seguros de vida, o en la de comisiones bancarias, etc., etc., etc., se ofrezcan descuentos? ¿Cómo permiten, por citar un ejemplo, que un vaso con 300 mililitros de café americano se ofrezca a un precio en Oxxo, a otro en Starbucks y a otro en Italian Coffee? ¿Cómo es posible que permitan, con relación al precio, tal libertad de elección a los bebedores de café, y tal desorden por el lado de los oferentes? Ya ni…

Continuará.



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