VIERNES, 10 DE MARZO DE 2006
¡Cuidado raza el populismo mata!

¿Usted cree que la economía mexicana entrará en recesión en los próximos meses?
No
No sé



“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Edgar Piña







“El populismo es consustancial a todo individuo que desea vivir de los demás.”


El populismo no es nada nuevo, eso usted ya lo sabe.

 

Es tan viejo como el chamán payaso que bailando y brincando dice curar la tifoidea, sanar una herida o remediar males del alma y de la mente.

 

De hecho el populismo es consustancial a todo individuo que desea vivir de los demás.

 

Es el recurso de quien da la suave para obtener el apoyo, el dinero, el esfuerzo de otros, el aplauso, la simpatía, el voto en la urna.

 

Es la ventaja del alevoso que se disfraza de simpático, afectuoso, sencillo y amigable para llegar al puesto, para obtener el fuero, la autoridad.

 

Ya después cuando alcance la curul, el sillón, el puesto, los instrumentos del poder, demostrará sus verdaderas intenciones, su naturaleza rapaz, su hambre de tener y dominar.

 

El populista se conduce convencido de que la gente, el pueblo, los votantes, los gobernados olvidan pronto, no tienen memoria; siempre actúan de buena fe y con total ausencia de malicia.

 

La lucha diaria por la vida limita en las mayorías la capacidad de reflexión, de discernimiento. El apuro diario por el alimento, el traslado, el trabajo, el sustento, sofoca, elimina de hecho, la habilidad del pensamiento para mirar más allá de este día y para descubrir el engaño detrás de la promesa.

 

Por ello el ofrecimiento concreto, entendible, la dádiva deseable es parte infaltable del discurso diario del populista que busca continuar viviendo del sistema.

 

De allí lo aparentemente irrebatible de sus argumentos.

 

Si va a bajar el precio de la gasolina yo voto por él, dice el taxista.

 

Si me va dar un cheque cada mes yo lo apoyo y le aplaudo, dice el adulto enfermo y sin trabajo.

 

Si está contra los ricos eso es bueno para los pobres, dicen los de bajo ingreso monetario.

 

Si va a dar becas a los estudiantes, yo le hecho porras y lo defiendo, dice el escuelante.

 

Si está con las mujeres maltratadas, los campesinos sin tierra y sin agua, con los pobres y jodidos, entonces es mi gallo dicen las personas en el mercado, en el centro de trabajo, en la cantina.

 

Aún el profesionista exitoso, el abogado, el cirujano, el periodista, el empresario aceptan al populista por su deseo de estar con el ganador, nunca con el perdedor.

 

Tampoco ellos alcanzan a comprender que al final del día todos estaremos más fregados, unos más y otros menos, pero todos en un país de ignorancia, atraso, conflicto, inseguridad, impunidad, corrupción y desobediencia insana de la ley.

 

El populismo mata porque provoca pobreza, la misma que dice combatir.

 

El populismo es malo porque el gobierno no crea riqueza sólo la consume y cuando una de sus manos da, con la otra quita y, ¿sabe usted?, no la quita a los ricos, sino a las clases medias, a quienes pagamos impuestos y no calificamos para el programa de ayuda a los más necesitados.

 

El populismo daña a los países porque el gobierno populista gasta más en cacarear el huevo que en poner blanquillos.

 

El populismo es fatal porque provoca inflación, endeudamiento, dependencia externa, todo lo que dice rechazar.

 

Un gobierno populista, a cualquier nivel que se presente –municipal, estatal o federal-, es absolutamente nocivo para la economía porque sustrae recursos de la producción para alimentar una creciente e improductiva burocracia, engorda monopolios y oligopolios públicos y privados, al mismo tiempo que disminuye el poder de compra de la población.

 

El populismo engaña, traiciona, lastima, roba, pervierte, corrompe.

 

Mientras buena parte del mundo está viviendo procesos de crecimiento y desarrollo sanos, basados en gobiernos fuertes pero limitados en sus funciones, en América Latina estamos llevando al poder a sátrapas, malvados, rateros, dementes, violentos, asesinos.

 

Nuestro país se encamina hacia allá,

 

Recuerde: el populismo mata.

 

Ya lo sabe, entonces.


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