VIERNES, 30 DE DICIEMBRE DE 2011
La China de antes y despúes

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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Luis Pazos







“Ya nadie habla de que el peligro de China es la sobrepoblación, sino que pueden desplazar a las economías occidentales en el campo económico.”


Hace 34 años visité China. En ese entonces, la mayoría de los chinos comía una vez al día, muchos de ellos lavaban sus verduras en arroyuelos con aguas sucias que atravesaban las ciudades. Todos los chinos del pueblo vestían un uniforme verde de algodón, a algunos niños les agregaban en los pantalones pedazos de tela conforme crecían, pues el Estado no les daba más. El medio de transporte para el pueblo era la bicicleta. Los altos funcionarios, que vestían casimir gris, eran los únicos que tenían acceso a los carros.

La mayoría de los chinos estaban desempleados. Recuerdo tanto en la capital como en la provincia, a miles de chinos sentados en las aceras sin hacer nada. Lo único que podían leer eran los libros de Mao Tse-Tung. En las comunas lo único que podían oír era lo que a través de altavoces les transmitía una estación de radio comunitaria del gobierno.

En ese tiempo China daba lástima. Los sociólogos y politólogos de izquierda le atribuían la miseria de China a la sobrepoblación y pensaban que siempre iba a ser el país más pobre del mundo por su gran población.

34 años después, en diciembre del año pasado, visité nuevamente China: Shanghai y un corredor de maquiladoras, donde se construyeron miles de edificios de departamentos que alojan a cientos de miles de trabajadores.

Ahora, la mayoría de los chinos comen tres veces al día. Visten ropa de diversos colores y la mayoría de la población económicamente activa ya tienen un trabajo, algunos de los cuales, como es el caso de los supervisores, ganan más que en México. La causa no es el control de la población, sino que echaron a la basura todas las ideas marxistas de Mao Tse-Tung, que durante más de 40 años los mantuvieron en la miseria. Abrieron sus puertas a la inversión extranjera y las empresas estatales se asociaron con particulares.

China, la maquiladora del mundo, ya no da tristeza, sino envidia. Ya nadie habla de que el peligro de China es la sobrepoblación, sino que pueden desplazar a las economías occidentales en el campo económico.

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