LUNES, 2 DE ENERO DE 2012
2012: Amuchalipsis II

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“Por mucho que nos duela a los liberales, ninguna Constitución es garantía de la libertad.”
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“Si casi todos sobreviven las guerras, mucho más los cambios de época histórica. Pero sólo unos pocos son capaces de montarse a la cresta de la ola y aprovechar su avasallante energía. ¿Podremos sacarle provecho al cambio de época? ¿Nos dará espacios de mayores posibilidades?”


Rememoro en Acapulco un artículo que escribí en Roma hace exactamente 11 años, días antes del milenio 21. Lo titulé Amuchalipsis y decía: “Vivimos una época apocalíptica. No quiero decir una sala de espera para el fin del mundo. Quiero decir que es tiempo en que mucho puede pasar, porque la gente acepta que algo puede suceder. Y lo peor de todo: ¡sucede!” (¡Vaya si sucedió! El 11 de septiembre siguiente, la realidad superó en Nueva York a la más descabezada ficción.)

Se sentía apocalíptico el fin del segundo milenio de la era que abrió con su nacimiento el autor de nuestra cronología. Más aún hoy: los mayas —tan aptos para predecir apocalipsis que no supieron evitar el fin de su grandiosa civilización— auguran desastres para el 21 de diciembre de 2012, en una cuenta atrás a cargo de oráculos que narran en libros y series de tv un apocalipsis anunciado. ¡Ay nanita! me decían de niño cuando venía el Coco (nunca supe quién era “el Coco” ni por qué debía de temerle).

Coco o no, eppur si mueve, dijo el gran Galileo. Tenía razón. La ciencia demostró que la Tierra sí se movía. Todo se mueve. Todo cambia. Todo pasa y todo queda, aunque lo nuestro sea pasar, pasar y hacer caminos, caminos sobre la mar… Pasarán nuestros nombres, como los de los fallecidos mayas; como las huellas de los pájaros en el cielo. Todo pasará. Todos pasaremos. Me dijo una querida amiga hace poco: ¡no somos tan importantes! Total, si se acaba el mundo, nos vamos a Mérida.

Pero volvamos al hoy. A días de un nuevo año, aquí estamos: tú, mi único lectora, y yo que al escribirte esto te digo una verdad incontrovertible: estamos vivos. ¿No basta eso para declarar que fue bueno el 2011?

Estamos vivos. Estamos de pie sobre este jirón de tierra viva en que hemos nacido. México vive y México seguirá vivo, pase lo que pase en el 2012. Pásele lo que le pase al mundo. Pásenos lo que nos pase a cada uno de nosotras que estamos aquí.

Hemos vivido en el postrero 2011 un ánimo festivo: desde los chistes políticos hasta, como en toda navidad, una orgía de crédito al grito ominoso de ¡Jo jo jo!, con viajes peligrosos esquivando el alcoholímetro. Fortunas y hasta vidas se pierden por el ánimo de fiesta. (No doy lecciones de prudencia: el que no haya hecho una compra inútil, arroje la primera tarjeta de crédito.)

Luego de la fiesta, lo que viene no es fácil. La cuesta de enero se prolongará. Estamos en un megaproblema económico que en 2012 reventará con más fuerza aún, si ha tronado ya en países europeos cada vez más grandes: Islandia, Irlanda, Portugal, Grecia, España, y la cereza de la bomba: Italia. ¿Qué decir de la arrogante Sarkofrancia, y de la presumida Gran Bretaña? Y por salud mental no hablo hoy de Estados Unidos.

Vengan o no hecatombes motivadas por lodazales euroamericanos y sus consecuentes polvaredas, y caigan o no naipes por tierra, estaremos mejor si salimos del juego del crédito de plástico, el casino global, la moneda fiat; si adoptamos este año un sistema monetario paralelo basado en la plata.

Para los pesimistas irredimibles —-un entrañable amigo vence a cualquiera de ese equipo— 2012 será EL año pésimo de toda pesimidad. No le quito valor ni solidez ni argumentos, pues mi querido Guillermo acaba teniendo razón. Sin embargo (ante los embates del IMSS y del SAT, destructores nacionales de empresas; y de la Fed, Goldman Sachs y demás destructores globales), no tengo más historia que el optimismo, aunque él lo llame ingenuidad. A horcajadas entre Scylla y Charybdis, prefiero a las sirenas… ¿qué le voy a hacer, si cantan tan bonito? ¿O si veo luz al final de la difícil travesía? Al parecer, mi oriental karma no es tan malo, si es tan buena mi occidental vida. Mis repetitivas evidencias de 65 años me demuestran que lo mejor está por venir.

Estoy convencido, como siempre: I am beginning. Y así como el 2001 abrió una nueva década, hoy que alborea un nuevo año —o un nuevo apocalipsis— hay un nuevo principio. Recibo gustoso sus retos y desafíos con el ánimo de un señero poeta jarocho:

El ave canta aunque la rama cruja
Como que sabe lo que son sus alas.

¿Y?

Regreso a mi texto del 2000: “Si casi todos sobreviven las guerras, mucho más los cambios de época histórica. Pero sólo unos pocos son capaces de montarse a la cresta de la ola y aprovechar su avasallante energía… El asunto es: ¿podremos sacarle provecho al cambio de época? ¿Nos dará espacios de mayores posibilidades?”

La respuesta, once años después, es rotundamente afirmativa, aunque temamos para 2012 que las fuerzas políticas legales, tanto como las delincuenciales, sigan en lo suyo: la lucha tremenda por el poder. Podría haber un entorno violento, repleto de ominosos nubarrones y tufo a crisis global, aunada a que alguno empuje a fuerzas un futuro tan amoroso, que mande al diablo la unidad del país y la paz social.

Pase lo que pasare, de nuevo deseo a mis amigos de ambos sexos que, en 366 días (ya pasado el ominoso 21 de diciembre) podamos reunirnos en una lectura más, en una evocación más, y en una celebración más de la vida. Que estemos vivos y estemos en paz. Creo que así será.


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