LUNES, 30 DE ENERO DE 2012
Caso Iusacell: Entre la libertad y la competencia

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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Arturo Damm







“El caso Iusacell plantea un interesante dilema entre libertad y competencia, que debe llevar a responder cuál es más importante y, en caso de conflicto, cuál de las dos debe garantizar el gobierno.”


El caso Iusacell plantea un interesante dilema entre libertad y competencia, que debe llevar a responder cuál es más importante y, en caso de conflicto, cuál de las dos debe garantizar el gobierno. Vamos por partes.

Lo que pretende Grupo Televisa es comprarle, a Grupo Salinas, el 50 por ciento de las acciones de Iusacell, y lo que intenta el segundo es venderle al primero ese porcentaje accionario. ¿Algún problema? Ninguno: la compra venta de acciones no es una acción delictiva por su propia naturaleza, razón por la cual no debe prohibirse, sin olvidar que, en el caso que nos ocupa, y según la opinión de los expertos, dicha transacción tendría como consecuencia, en materia de telefonía móvil, varios beneficios, desde tarifas más bajas hasta mejor servicio, todo en beneficio de los consumidores, que es lo que debe procurar la Comisión Federal de Competencia.

El problema surge al tomar en cuenta que a Grupo Salinas pertenece TV Azteca, y que la compra de acciones de Iusacell, por parte de Grupo Televisa, podría dar como resultado, lo digo con mis palabras y poniendo énfasis en el podría, la transformación del duopolio televisivo, si no en monopolio, sí en prácticas monopólicas, en contra de los consumidores (que en este caso no son los televidentes sino los anunciantes), algo que está prohibido por la Constitución, en cuyo artículo 28 leemos que “en los Estados Unidos Mexicanos quedan prohibidos los monopolios (y) las prácticas monopólicas”, por lo que “la ley castigará severamente, y las autoridades perseguirán con eficacia, toda concentración o acaparamiento en una o pocas manos de artículos de consumo necesario y que tenga por objeto obtener el alza de los precios…”, todo lo cual resulta incorrecto ya que no todo monopolio debe ser prohibido, y el ejemplo más claro es el monopolio por competitividad, que es el caso de la empresa que, habiendo sacado limpiamente del mercado a sus competidores (y por limpiamente entendiendo sin la ayuda del gobierno), se consolida como tal, caso que, dicho sea de paso, no es el de TV Azteca – Televisa, lo cual me regresa al tema.

¿Es justo (y la pregunta debe ser por la justicia) que se prohíba la compra venta de acciones por la presunción (que no es más que eso: sospecha) de que en otro mercado (no en el de la telefonía móvil, sino en el de la televisión abierta), se generarían prácticas monopólicas (que no un monopolio), mismas que, dicho sea de paso, ¡y esto no hay que pasarlo por alto!, no necesitan del pretexto de la compra de acciones de Iusacell por parte de Grupo Televisa. ¿O si?[1]

Lo que el gobierno debe hacer no es prohibir la supuesta creación de un monopolio –Aztecavisa o Teleazteca – sino abrir, totalmente, el sector de la televisión abierta a la participación de todo aquel, nacional o extranjero, que quiera participar. Si técnicamente es posible, entonces las limitantes son institucionales, impuestas y/o mantenidas, al final de cuentas, o por principio de ellas, por el gobierno.


[1] Suponiendo el caso, necesitan RSP y EAJ el pretexto de la fusión Iusacell para ponerse de acuerdo y limitar su competencia.
• Libertad económica • Competencia • Telecomunicaciones • Monopolios

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