LUNES, 28 DE MAYO DE 2012
1968 y 2012, en mayo

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“Lo que cimbra y remueve a las sociedades son los movimientos inesperados, impredecibles, espontáneos, potentes, de imprevistas consecuencias; los cisnes negros. Y hay cisnes negros más negros que otros.”


El estado de permanente felicidad se decretó en París en mayo de 1968. ¡La imaginación al poder! gritaban esos talentosos jóvenes que se daban vuelo grafiteando con genialidades las universidades de Nanterre, la Sorbona y demás. Estaba prohibido prohibir.

“Abajo el realismo socialista. ¡Viva el surrealismo!” apareció en un muro. “La acción no debe de ser una reacción sino una creación” decía en otro. “Amaos los unos sobre las otras”. “Seamos realistas: exijamos lo imposible”. Aquellos jóvenes pintaban en las paredes citas de Heráclito y San Agustín, o del compañero de Lucifer Ambrose Bierce y del no menos demoníaco Napoleón. Cultura no les faltaba; imaginación tampoco.

Esos días, en Praga vivían una primavera feliz antes de que los tanques del camarada Brezhnev liberaran al pueblo checo de tanta primavera. En la primavera mexicana el ambiente era festivo, con genuino entusiasmo por las olimpiadas. Vivíamos a plenitud el culmen de los alegres sesentas, el magnífico 68. Los Beatles eran noticia diaria, la economía mexicana crecía y nadie pensaría que fuera a pasar nada.

Hasta que pasó. A partir de julio salieron los jóvenes a las calles cuando un presidente torpe y autoritario resolvió un incidente menor haciendo leña con una bazuca el antiguo portón de San Ildefonso. Y así, de torpeza en torpeza y de asesinato en asesinato, el régimen culminó su olimpiada de la paz el 2 de octubre. Los estudiantes mexicanos de entonces (cuyos líderes parecen trabajar hoy tiempo completo como tales, héroes de bronce con pelo blanco) no mostraron ni con mucho el talento de sus coetáneos parisienses, con peticiones triviales que sólo un impolítico prepotente como Díaz Ordaz podría rechazar. Y recordémoslo: jamás el movimiento de 1968 pidió democracia.

¿Dónde están los jóvenes de hoy, curiosa masa de muchachos armados con celulares? Quejándose de lo que llamábamos el establishment. Marchan por las calles. Llenan las redes sociales. Buscan un futuro mejor pero no saben cuál (ya no es la utopía socialista-cubano-cheguevarista que —me enorgullece decirlo— jamás me picó). Y también —como en México 68— con una poco visible pero muy creíble manipulación política.

Hay grandes, ominosos agravantes. Han escrito “te odio” a un Peña infinitamente menos odioso que Díaz Ordaz. Abundan las armas pero no en manos de ciudadanos sino de criminales. Y una organizada, abierta delincuencia contamina toda la política.

Hay otro agravante: un político sagaz y astuto, primitivo y conservador que presume de progresista; amoroso, pero controla a provocadores y picapleitos, operadores de callejón y descontón, activistas y golpeadores. Y pregona la resistencia pacífica, practicada con la violencia que sea, comenzando con la verbal.

No hay gran diferencia entre los jóvenes de México 68 con los de hoy: rebeldes, idealistas y soñadores, pero cilindreados sin saberlo por intereses políticos desconocidos. Y todo eso en un coctel donde un candidato que mandó al diablo la unión y la paz, sigue propalando la mentira repetida del fraude electoral; que antes de ser tan amoroso, denunciaba al espurio y al usurpador; que ha recorrido el país y tiene su guardia pretoriana incondicional. Sabe que es ésta su ultima oportunidad, y no va con su personalidad irse a reposar a su bucólica finca de Palenque luego de reconocer el triunfo de quien no sea él. No será limpio un triunfo de la mafia. O de la élite. O de Televisa. O del que sea.

Muchos tememos que en esta primavera mexicana, mayo de 2012, haya comenzado un movimiento peligrosísimo, precedido por encuestas que por meses parecieron electrocardiogramas de un difunto. Si algo podemos prever hoy, es que pase mucho. Muchísimo.

Lo que cimbra y remueve a las sociedades no son los electrocardiogramas planos sino los movimientos inesperados, impredecibles, espontáneos, potentes, de imprevistas consecuencias. Nassim Nicholas Taleb los llama cisnes negros.

Un cisne negro se le apareció a Peña, no en la Ibero sino después. Ya su presentación se preparaba como conflictiva, convocada a eso por las amorosas huestes del Peje (dicen que por allí merodeaba Martí Batres). Pero luego vino un movimiento celularmente coordinado. El Twitter sustituyó al mimeógrafo, reproductor de papel usado clandestinamente en el 68; el gobierno los confiscaba luego de apresar a sus usuarios.

La tecnología unió a México con la primavera árabe con un movimiento ciberespacial que ningún legislador ni IFE ni partido pudo prever. Los cisnes negros son impredecibles.

Pero hay cisnes negros más negros que otros. Y más siniestros. Los movimientos violentos sobrevienen cuando agarra a las masas el frenesí. La dinámica de la acción moviliza y contagia a gente que de repente cae en lo de toda masa: la degradación. Afloran los peores instintos y el ciudadano de bien se convierte en hooligan, energúmeno sin control, rabioso participante en tormentas perfectas que nadie vio llegar. ¿Qué pasará si, de pura casualidad, entre los jóvenes aparece de repente un muertito?

Sirve conocer la poco amorosa naturaleza del amoroso mayor, con soberbia y narcisismo propios de un hombre cuajado de resentimientos, rencores y agravios, con las complejidades mesiánicas y redentoristas de un Iluminado Salvador. Sabemos que si pierde —por poco o mucho margen, en segundo lugar— de nuevo cantará fraude y armará un irigote de reservado pronóstico. Pero si poco antes del 1º de julio las encuestas lo muestran suficientemente lejano como para sugerirle el camino de su rancho y dirigirse a esa conocida locación, me hago una simple pregunta: ¿Habrá elección, o movilización?

Nada será mejor para mí que recibir, a fin de año, una airada recriminación por andar de casandresco y catastrofista. Sin embargo, tomo el reto e incurro en la necedad de hacer pronósticos de los difíciles: los que se refieren al futuro.

La famosa maldición china dice “que vivas tiempos interesantes”. Junio lo será. Ya de julio ni hablemos. Y tampoco olvidemos el tremendo, cabalístico nombre de este año chino-maya: 2012.

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