LUNES, 28 DE MAYO DE 2012
Reparto de utilidades: Una injusticia más

¿Usted considera un triunfo para México el acuerdo al que llegó con Estados Unidos para evitar la imposición de aranceles?
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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Arturo Damm







“No hay ninguna manera de sustentar, desde la perspectiva de la justicia, el reparto de utilidades.”


Mayo es el mes del reparto de utilidades, considerado un acto de justicia, siendo que, bien visto, para lo cual hay que tener claro qué son las utilidades y cómo se generan, resulta una injusticia en contra, no de la empresa, sí del empresario. Para entenderlo hay que tener claro que la justicia es, según la clásica definición de Ulpiano, la constante y perenne voluntad de darle a cada quien lo suyo, siendo lo suyo de cada quien - esto lo digo yo - el derecho de cada cual, justicia que implica la inmutable y perpetua voluntad de no exigir aquello que sabemos que no es nuestro. Amparados por la Constitución los trabajadores exigen parte de las utilidades generadas “por” la empresa, y escribo por entrecomillas porque las utilidades son generadas, no por la empresa, sino por el empresario, algo muy distinto.

Este último punto es importante porque si creemos que las utilidades son generadas por la empresa, y desde el momento en el cual los trabajadores forman parte de la empresa, entonces éstos, justamente, tienen derecho a, por lo menos, parte de las mismas, que es precisamente el supuesto del que parte el inciso IX del artículo 123 constitucional, en el cual se afirma que “los trabajadores tendrán derecho a una participación en las utilidades de la empresa…”, no quedando lugar a dudas: se habla de las utilidades de la empresa y, por ello, de todos los que integran la empresa, entre quienes se cuentan, de manera importante, los trabajadores, comenzando por los asalariados. Sin embargo, considerar que las utilidades son generadas por la empresa, de tal manera que al final de cuentas se trata de las utilidades de la empresa, y por ello de todos los que la integran, es un error que da lugar a la injusticia que supone su reparto, observación que nos lleva a las dos preguntas ya planteadas: ¿qué son las utilidades? y ¿cómo se generan?

¿Qué son las utilidades? Según el diccionario la utilidad es el provecho, la conveniencia, el interés o el fruto que se saca de algo, de tal manera que utilidad viene a ser, por ejemplo, desde el salario que genera el trabajador, hasta los bienes y servicios que adquiere con el mismo, salario que es el fruto de su trabajo, del cual saca provecho al comprar las mercancías con las que satisface sus necesidades. Otro ejemplo de la utilidad, así definida, sería el interés que recibe quien realiza una inversión financiera, dada la conveniencia que ella supone. Es obvio que la definición de utilidad proporcionada por el diccionario no sirve para demostrar la injusticia que supone el reparto de utilidades al que la ley obliga, no a la empresa, sino al empresario.

Y si en vez de utilidad usamos la palabra ganancia, y comenzamos por ver cuál es la definición que nos proporciona el diccionario, ¿avanzamos? Veámoslo. Según el diccionario ganancia es la utilidad que resulta del trato, del comercio o de otra acción, es decir, ganancia es el provecho, la conveniencia, el interés o el fruto que resulta del trato, del comercio o de otra acción, tal y como puede ser, por ejemplo, el provecho o fruto que le ocasiona a una persona el haber terminado, debidamente recibido, sus estudios universitarios o, cito otro ejemplo, el interés, por conveniencia, que tiene alguien de operarse del apéndice antes de que sufra una peritonitis, todo lo cual tiene que ver con ganancias y utilidades, pero nada de lo cual nos sirve para fundamentar la afirmación de que el reparto de utilidades, al que se obliga al empresario por ley, es una injusticia, motivo por el cual la ley que tal obligación impone es injusta y propia, no del Estado de Derecho, sino del Estado de chueco.

¿Qué es, para el efecto de emitir un juicio correcto en torno a la justicia o injusticia del reparto de utilidades, la utilidad? El ingreso propio del empresario, es decir, el porcentaje, que se traduce en una determinada cantidad de dinero, por debajo del cual esa persona, el empresario, no está dispuesta a actuar como tal, enfrentando todos los riesgos de dicha actividad, comenzando por la incertidumbre. El empresario hace lo que hace[1] por la utilidad que espera obtener de hacerlo, de la misma manera que el obrero, que aporta trabajo a la empresa, hace lo que hace por el salario que recibe a cambio, o el capitalista, que aporta capital a la empresa, hace lo que hace por el pago de intereses que recibirá por ello.

La utilidad es el ingreso propio del empresario, siendo como tal un ingreso residual, en el sentido de que la utilidad es lo que queda una vez que el empresario cubrió el costo de producción, compuesto por los ingresos propios de todos los agentes económicos que aportaron factores de la producción – capital, mano de obra, materia prima, maquinaria y equipo, asesoría y capacitación, etc. -, ingreso residual que depende de que el empresario haya respondido correctamente dos preguntas, ¿qué producir? y ¿cómo producirlo?, preguntas de cuyas respuestas correctas depende la utilidad,  preguntas cuyas respuestas correctas dependen del empresario, por lo que, conclusión lógica, la utilidad depende del empresario, quien elige qué producir y cómo producirlo.

¿Qué producir?, lo que los consumidores quieren. ¿Cómo producirlo?, al menor costo posible. ¿Por qué quiebran empresas? En esencia por dos motivos: o porque producen lo que los consumidores no quieren, o porque lo producen a un costo que los consumidores, vía el pago del precio, no están dispuestos a cubrir. ¿Y quién decide qué producir y cómo producirlo? El empresario, no el obrero, no el capitalista, no quien aporta materias primas, no quien capacita o asesora, es decir, ningún otro agente económico que no sea el empresario. ¿Cuál es la recompensa que recibe el empresario por haber respondido correctamente esas dos preguntas? En el peor de los casos la ganancia normal, que es ese porcentaje por debajo del cual no está dispuesto a actuar como empresario, ganancia normal que forma parte del costo de producción y, en el mejor de los casos, la ganancia extraordinaria, compuesta por todo lo que exceda de la ganancia normal. Que el empresario obtenga la ganancia normal depende, principalmente, de que responda correctamente la pregunta ¿qué producir? Que obtenga una ganancia extraordinaria depende, primordialmente, de que conteste acertadamente la pregunta ¿cómo producirlo? Normales o extraordinarias, ¿de qué dependen las ganancias? De que el empresario, y nadie más que él, responda correctamente las preguntas qué producir y cómo producirlo.

De lo dicho queda claro que si bien es cierto que las utilidades se generan en la empresa, no lo es que se generen por la empresa, y por ello por todos sus integrantes, ya que las genera el empresario, el único que responde las preguntas ¿qué producir? y ¿cómo producirlo?

Aceptando que toda persona tiene derecho al producto íntegro de su trabajo, y que el producto propio del trabajo del empresario es la utilidad, ¿se justifica su reparto impuesto por ley? Admitiendo que la justicia consiste en darle a cada quien lo suyo, y que lo suyo del empresario es la utilidad, ¿no resulta injusta la obligación que se le impone para repartirla?


[1] Para saber qué es lo que el empresario hace los remito a mi libro El orgullo de ser empresario, Editorial LID, 2011.
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