Pesos y contrapesos
May 30, 2012
Arturo Damm

Subsidio a energéticos: Una barbaridad

Los subsidios que no cumplen con las tres condiciones aquí mencionadas no pasan de ser un despilfarro de recursos gubernamentales con un costo de oportunidad elevado. En México, ¿cómo andamos?

La única manera de “justificar” un subsidio es si este cumple tres condiciones: 1) que realmente llegue a quien debe de llegar o, dicho de otra manera, que nada más beneficie a quien debe beneficiar; 2) que se otorgue por la cantidad necesaria o, dicho de otra manera, que ningún beneficiario reciba más de lo necesario; 3) que se otorgue nada más por el tiempo necesario para eliminar el problema o, dicho de otra manera, que sea temporal no permanente. Solamente cumpliéndose estas condiciones se “justifican” los subsidios, y entrecomillo justifica porque, si aceptamos que todo subsidio supone que el gobierno les quita a unos para darles a otros, no hay, al final de cuentas, razón que los justifique. Pero, dado que los gobiernos van a seguir subsidiando, hay que pensar en la “mejor” manera de hacerlo, entrecomillando mejor porque al final de cuentas se trata, no de la mejor manera, sino de la menos mala, y lo malo, aunque sea menos, debe evitarse, afirmación que los defensores de los subsidios no aceptan ni aunque se les subsidiara tal aceptación.

Los subsidios que no cumplan con las tres condiciones antes mencionadas no pasarán de ser un despilfarro de recursos gubernamentales con un costo de oportunidad elevado, costo que es la opción a la que se renunció por haber elegido otra. En el caso de los subsidios el costo de oportunidad implica preguntarse en qué dejó de gastarse el dinero que se destinó al subsidio. En México, ¿cómo andamos? Veámoslo.

Según un estudio hecho por Inteligencia Pública, el subsidio anual a los energéticos alcanza los 200 mil millones de pesos, 75 por ciento del cual se aplica al precio de las gasolinas, esto es, 150 mil millones de pesos. La electricidad y el gas LP suman los restantes 50 mil millones, equivalentes al 25 por ciento. Para darnos una idea de lo que esto representa tengamos presente que, según lo informa Inteligencia Pública, tales subsidios representan diez veces el programa Oportunidades. Llegados a este punto se podrá argumentar que el subsidio a los energéticos beneficia a los pobres, quienes pagan un menor precio del que pagarían en ausencia del mismo, lo cual es cierto, pero.... La verdad es que dichos subsidios son regresivos: benefician más a quienes menos los necesitan. 1) El 30 por ciento más pobre de la población recibe el 17 por ciento de los subsidios al tiempo que el 30 por ciento más rico recibe el 34 por ciento. 2) El 75 por ciento del subsidio a la gasolina beneficia al 50 por ciento más rico. 3) El 10 por ciento más rico recibió nueve veces más subsidio eléctrico que el 10 por ciento más pobre. 4) El 50 por ciento más rico recibió el 39 por ciento del subsidio al gas LP, mientras que el 50 por ciento más pobre sólo el 27 por ciento. ¿Qué tenemos? Una barbaridad.

Por cierto, ¿quién fue el candidato que dijo que no eliminaría el subsidio a las gasolinas? EPN. ¡Bien!

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