VIERNES, 6 DE DICIEMBRE DE 2013
Más del Papa Francisco

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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Manuel Suárez Mier







“Hubiera sido magnífico tener un Papa que entendiera de economía, y no como el aprendiz de teólogo de la liberación que tenemos hoy en el Vaticano.”


Como lo supuse, mi artículo de la semana pasada sobre las ideas de Papa en materia económica suscitó diversas reacciones de mis estimados lectores. Empezaré aludiendo las críticas más extremas: un comentarista me dijo que exageraba, que el Papa sólo “está a favor de la justicia social” y otro escribió “fuiste muy suave.”

Como dice el refrán popular “el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones” por lo que nunca cuestioné las del Papa sino más bien los medios por los que pretende concretar sus generosos designios, pues su tosca crítica de la economía de mercado conlleva un estatismo irrestricto para redistribuir la riqueza.

En mis argumentos sobre el texto del Papa traté de enfatizar la enorme diferencia que existe entre un verdadera economía de mercado con un estado de derecho funcional, una efectiva acción antimonopólica por parte del Estado y una buena regulación prudencial, del “capitalismo de compadrazgo” en el que dominan los intereses particulares, las componendas a la medida, los monopolios y dónde la ley se aplica selectivamente a favor de los amigos y en perjuicio del ciudadano común y corriente.

Los países que tienen más pobres se encuentran invariablemente en esta segunda categoría, dónde los burócratas se reservan poderes amplios para favorecer a sus cuates y beneficiarse ellos mismos y la ley se aplica como le atribuyen a don Benito Juárez haber dicho: “A los amigos justicia y gracia, a los enemigos justicia a secas.”

Cuando el Papa Francisco afirma que hay que rechazar “la nueva idolatría del dinero” me recuerda al populista William Jennings Bryan, tres veces candidato, por suerte fallido, a la presidencia de EU entre 1896 y 1908 cuando afirmaba “ustedes no deben crucificar a la humanidad en una cruz de oro” cuando su país regresó al patrón oro.

El Papa rechaza “la idolatría al becerro de oro que ha regresado en un nuevo y despiadado disfraz en la idolatría al dinero y en la dictadura de una economía impersonal,” cuando el deseo de mejorar su situación personal y familiar de los individuos es una constante histórica de la humanidad desde sus inicios.

Vale la pena recordar la frase lapidaria de mi querido maestro Milton Friedman cuando afirmó que “una sociedad que antepone la igualdad a la libertad, no alcanzará ninguna de las dos. Una sociedad que antepone la libertad sobre la igualdad, alcanzará un alto grado de ambas.”

Otro de mis estimables lectores me hizo llegar un análisis más a fondo de la Exhortación Apostólica del Papa en el que se desmenuzan en detalle sus argumentos y se contrastan con la realidad empírica de cómo la economía de mercado es, sin duda, el mejor medio para alcanzar el desarrollo económico y abatir la pobreza.

El gran economista español Xavier Sala-i-Martin de la Universidad de Columbia ofrece los datos que el Papa niega que existan: “Si bien en el período 1970-2000 la población mundial creció casi un 50% -de 3,500 a 5,500 millones de personas-, la pobreza mundial se redujo desde 527 hasta 276 millones,” ¡cae en casi la mitad!

Donde más se redujo la pobreza fue justo en las regiones en las que se realizaron profundas reformas económicas tendientes a acercarse a la verdadera economía de mercado, alejándose así del intervencionismo estatal y del Estado benefactor que lo único que logra es mantener la pobreza y generar una grave dependencia del Estado.

Por el contrario, dónde fracasó el proyecto de eliminar la pobreza fue en África negra, precisamente donde no ocurrieron las reformas tendientes a instaurar la economía de mercado y permanecieron regímenes autoritarios con enorme discrecionalidad en manos de los burócratas para hacer su voluntad con la economía y la población.

Otro de mis estimable lectores me recuerda que el régimen que provocó la terrible crisis cambiaria de 2001 en Argentina, que en apariencia inspiró las ideas del Papa en materia económica, había venido incurriendo en abultados déficit fiscales, política contradictoria a lo que una efectiva economía de mercado recomendaría.

Por último, un querido lector y amigo me hizo llegar la supuesta entrevista que había concedido el obispo Bergoglio a Chris Matthews, un comentarista de extrema izquierda de MSNBC (http://www.snopes.com/politics/religion/matthews.asp), en la que el cardenal aparecía como un impecable defensor de la economía de mercado.

Lamentablemente, resultó ser una patraña porque hubiera sido magnífico tener un Papa que entendiera de economía, como el de la entrevista simulada, y no como el aprendiz de teólogo de la liberación que tenemos hoy en el Vaticano.

• Liberalismo • Pobreza y desigualdad • Teología de la liberación

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