LUNES, 13 DE ENERO DE 2014
Reforma financiera, ¿más y mejor crédito?

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“Usted, lector, ¿ha comparado, una contra otra, todas las opciones de tarjetas de crédito, y elegido la mejor o la menos mala? Usted, ¿ha contribuido a generar la mayor competencia posible en dicho mercado, mercado en el cual, por el lado de la oferta, hay varias opciones, inclusive entre las ofrecidas por un mismo banco?”


El crédito, sobre todo el destinado a financiar proyectos de inversión directa (la que abre empresas, produce bienes y servicios, crea empleos y genera ingresos), es una herramienta eficaz del progreso económico, al permitir que aquellos a quienes les falta capital (los empresarios) puedan obtenerlo de aquellos a quienes les sobra (los ahorradores), siendo que los primeros le darán un mejor uso a esos recursos que los segundos. Es por ello que, condición necesaria del progreso, es contar con instituciones (reglas del juego) eficaces que apoyen la oferta de, y demanda por, crédito, instituciones que en México dejaban que desear, y muestra de ello es la reforma financiera recientemente promulgada por Peña Nieto, cuyos objetivos son: 1) fomentar el crédito a través de la banca de desarrollo; 2) incrementar la competencia en el sector financiero; 3) incrementar el crédito otorgado por las instituciones financieras privadas; 4) asegurar la solidez y prudencia del sector financiero en su conjunto, objetivos todos ellos deseables, de los cuales centro la atención en el segundo y el tercero.

 

Un primer objetivo de la reforma financiera es que los agentes económicos (por ejemplo: empresarios) que no cuenten con los recursos suficientes para mejorar su actividad (por ejemplo: producir bienes o servicios), puedan obtenerlos en mejores condiciones que las actuales, lo cual involucra tres variables: tasas (que tendrán que ser menores), plazos (que tendrán que ser mayores) y condiciones (que tendrán que ser mejores), para lo cual un requisito indispensables es que, en el mercado crediticio, se logre la mayor competencia posible entre los oferentes del crédito, segundo objetivo de la reforma.

 

Un segundo objetivo de la reforma es que los agentes económicos (por ejemplo: microempresarios) que no cuentan con los recursos suficientes para crecer (por ejemplo: ampliar el negocio) y que hasta hoy, dadas las viejas reglas del juego en la materia, no tuvieron acceso al crédito, a partir de ahora lo tengan, tercer objetivo de la reforma.

 

Resumiendo: los dos principales objetivos de la reforma financiera son, uno, seguir otorgando crédito, pero en mejores condiciones, a quienes ya se les otorgaba y, dos, empezar a otorgar crédito a quienes no se les otorgaba, todo lo cual se logará si se cumple la siguiente condición: la mayor competencia posible en el mercado crediticio, lo cual depende, no sólo de la cantidad de oferentes que participan en dicho mercado, sino de que los usuarios de los servicios financieros, comparando entre uno y otro servicio, y actuando en consecuencia cambiando el malo por el bueno, los pongan efectivamente a competir, algo que, me parece (y lo subrayo: solamente me perece), en México deja mucho que desear. Usted, lector, ¿ha comparado, una contra otra, todas las opciones de tarjetas de crédito, y elegido la mejor o la menos mala? Usted, ¿ha contribuido a generar la mayor competencia posible en dicho mercado, mercado en el cual, por el lado de la oferta, hay varias opciones, inclusive entre las ofrecidas por un mismo banco? ¿Quién tiene la última palabra? El consumidor.

 

• Competencia • Tasas de interés • Bancos • Reforma financiera

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