Pesos y contrapesos
Mar 3, 2014
Arturo Damm

Mercantilismo, botón de muestra

Hoy los gobiernos son mucho más mercantilistas y socialistas que liberales, y precisamente por ser más lo primero –socialistas y mercantilistas– son muy poco lo segundo –liberales–.

De manera un tanto cuanto esquemática, pero esencialmente correcta, podemos decir que en el liberalismo el gobierno se limita a garantizar derechos, que en el socialismo se dedica, principalmente, a satisfacer necesidades, y que en el mercantilismo su tarea primordial consiste en defender intereses pecuniarios, debiendo apuntar que en los dos últimos casos –mercantilismo y socialismo–, desde el momento en el que satisfacer necesidades y/o defender intereses pecuarios supone que el gobierno les quita a unos para darles a otros, viola el derecho de propiedad de aquellos a quienes les quita para darle a otros.

Hoy los gobiernos son mucho más mercantilistas y socialistas que liberales, y precisamente por ser más lo primero –socialistas y mercantilistas– son muy poco lo segundo –liberales–. Hoy gobernar supone, ante todo, satisfacer necesidades y defender intereses, ¡sobre todo pecuniarios! ¿No me creen? Revisen el Presupuesto de Egresos de la Federación y verán, y por lo pronto baste como botón de muestra lo siguiente.

Hace un par de días nos enteramos que el Gobierno Federal, por medio del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, destinará este año más de mil 400 millones de pesos a las instituciones del sector cinematográfico y a los mecanismos de apoyo a la producción de películas. El objetivo es brindarle a las nuevas generaciones de cineastas mejores condiciones para la realización de su trabajo y que todo ello se traduzca en una mayor exhibición de cine mexicano. ¿De qué se trata? De defensa de intereses pecuniarios, es decir, de mercantilismo puro y duro, con el gobierno quitándole a A para darle a B.

Confieso que soy cinéfilo de hueso colorado, y que como tal estoy dispuesto a contribuir a financiar la producción de películas, mexicanas o extranjeras (lo que importa es su calidad, no su nacionalidad), pagando el boleto en taquilla, pero me niego (¡y de poco me ha servido hasta el momento!), que el gobierno me obligue, vía el cobro de impuestos, a entregarle parte del producto de mi trabajo, para con una parte de esa parte subsidiar, ¡al pan pan y al vino vino!, la producción de películas, lo cual supone el cobro de impuestos con fines redistributivos, lo cual convierte a dicho cobro de impuestos en una expoliación legal, en un robo con todas las de la ley, por más que Rafael Tovar y de Teresa, presidente del CONACULTA, considere que todo ello es un buen apoyo a favor de la cultura, de la cual forma parte la cinematografía.

Los subsidios otorgados vía CONACULTA a los creadores de cultura suponen que el gobierno defiende intereses pecuniarios, ¡al final de cuentas, o por principio de ellas, lo que entrega es dinero!, obligando a unos (los contribuyentes a quienes les quita) a subsidiar a otros (las clientelas presupuestarias, verdaderos presupuestívoros, a quienes les da), lo cual no pasa de ser, por más ley que lo avale, un robo, contario al gobierno liberal, cuya tarea es defender, de entrada, el derecho de propiedad de los ciudadanos.



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