JUEVES, 20 DE MARZO DE 2014
Así no se puede

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“El dinero en efectivo es una garantía de libertad individual, por su eficiencia, versatilidad, irrastreabilidad y anonimato.”
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“Capitalismo de cuates, una faceta más de la corrupción, un tumor en la sociedad y un cáncer extendido en nuestro país. Mientras esto no acabe, mientras sigamos viviendo con estas prácticas, imposible llegar a ser un país desarrollado. Así no se puede.”


Una de las cosas que la evidencia internacional deja en claro es que para alcanzar altos niveles de desarrollo económico se requiere un sólido entramado institucional, caracterizado básicamente por una eficiente definición de los derechos privados de propiedad, una también eficiente y eficaz protección de estos derechos por parte de un poder judicial independiente, imparcial, eficiente y expedito, mercados que tienden a operar en competencia y una significativa transparencia en la utilización de los recursos públicos administrados por el gobierno y, consecuentemente, derivando todo ello en bajos niveles de corrupción, tanto en el sector público como privado, pero sobretodo en el primero. Y aquí es en donde no estamos nada bien parados. De acuerdo con Transparencia Internacional, en el Índice de Percepción de la Corrupción, México se sitúa en el lugar 106 de 177 países evaluados. Por otra parte, en un nuevo índice elaborado por The Economist, nos situamos en el séptimo lugar en su ordenamiento de la riqueza de multimillonarios como porcentaje del PIB, acumulada bajo un esquema de "capitalismo de cuates" (crony capitalism), acumulación de fortunas al amparo del poder político, sólo detrás de Hong Kong, Rusia, Malasia, Ucrania, Singapur y Filipinas. (El artículo puede leerse en www.econ.trib.al/MJkxNAn).

Respecto de lo primero, siempre hemos sabido que en México la corrupción es una constante de nuestro vivir cotidiano. Corrupción a todos los niveles, desde la mordida a un agente de tránsito, el pago al personal municipal que recoge la basura, el pago a quienes están a cargo de hacer los trámites para conectarse a la red de distribución de agua potable y la electricidad, la que se da cuando hay que hacer el trámite para obtener una licencia o en un permiso, en la adjudicación de obras públicas y de proveeduría de bienes y servicios al sector público (fenómeno que también se presenta aunque en menor grado en el sector privado), un largo etcétera. Como lo he comentado con anterioridad, la corrupción es un juego de suma negativo, con un alto costo que se traduce en menores tasas de crecimiento económico y, por lo mismo, en un alto costo social.

El último escándalo de corrupción es el caso de Oceanografía, empresa que defraudó a Banamex al amparar créditos recibidos con facturas falsas de Pemex. La investigación está en proceso, pero lo que no cabe duda es que para que estos actos se pudiesen haber llevado a cabo, alguien dentro de la paraestatal tuvo que haber cooperado. Este mismo escándalo también nos lleva al segundo punto, el del capitalismo de cuates. Miles de millones de pesos de contratos otorgados a un empresario con lo que se presume es el favoritismo de alguien dentro del gobierno. Lo menos que podemos esperar como ciudadanos es que la investigación de la PGR destape toda la mierda ahí escondida porque tales actos no pueden quedar impunes, más el hecho de que a ese empresario y a sus cómplices se les regaló parte de la renta petrolera que nos corresponde a todos los mexicanos.

Capitalismo de cuates, una faceta más de la corrupción, un tumor en la sociedad. Acumulación de fortunas al amparo del poder: concesiones monopólicas, adjudicación de obras públicas para los amigos, venta de activos públicos a precios de ganga, subsidios dirigidos a los amigos y más, son un cáncer extendido en nuestro país y mientras esto no acabe, mientras sigamos viviendo con estas prácticas, imposible llegar a ser un país desarrollado. Así no se puede.

• Problemas económicos de México • Corrupción

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