VIERNES, 21 DE MARZO DE 2014
¿Globalización en peligro?

¿Usted considera que la política debe estar por encima de la economía?
Sí, la política debe estar por encima de la economía
No, la economía debe estar por encima de la política
No, la economía debe estar al margen de la política
No sé



El punto sobre la i
“Trato de tomar los mejores elementos de la justicia social y de la libertad económica. Lo que exploro es la posibilidad de una tercera constelación, más alta que las otras dos, moralmente mejor. Libertad económica, sí; justicia social, sí.”
John Tomasi


Más artículos...
Manuel Suárez Mier
• ¿Responsabilidad social?

Arturo Damm
• IED, preocupante

Luis Pazos
• Más impuestos menos crecimiento ¡lógico!

Arturo Damm
• Desaceleración, más muestras

Ricardo Valenzuela
• ¿Quiénes controlan los gobiernos? (I)

Isaac Katz
• ¿Qué falló? (I)

Manuel Suárez Mier







“¿Bajo qué circunstancias podría revertirse la globalización económica en la que están inmersos buena parte de los países del mundo?”


Uno de los cursos que doy regularmente en mi Universidad se titula “Compitiendo en un mundo globalizado,” y la pregunta que invariablemente les hago a mis alumnos es, bajo qué circunstancias creen que podría revertirse la globalización económica en la que están inmersos buena parte de los países del mundo.

Su respuesta frecuente, que atribuyo a un escaso conocimiento de historia, es que sería imposible dar marcha atrás a la integración económica mundial, a pesar que muchos de ellos han sido vacunados con el bacilo globafóbico, que enfatiza los daños derivados de la libertad de comercio y no sus excelentes virtudes al generar crecimiento económico y mayor bienestar para millones de personas.

El ejemplo que uso para ilustrar que la globalización se puede esfumar en cualquier momento es cómo el asesinato en los Balcanes del Archiduque Francisco Fernando de Habsburgo, heredero al trono del Imperio Austro-Húngaro a manos de terroristas eslavos que deseaban la emancipación de Serbia, prendió la mecha que estalló en la Primera Guerra Mundial y en el fin de una integración global extraordinaria.

Entre la guerra franco-prusiana de 1870 y 1914, y a pesar de que varios países mantuvieron aranceles altos, se dio un gran crecimiento en el comercio internacional, en la inversión extranjera y en la integración de la banca y los mercados globales de capital, gracias a la estabilidad cambiaria resultante del patrón oro.

La inversión fluía hacia países ricos en recursos naturales, junto con la mano de obra, incluyendo la altamente calificada, pues la migración gozaba de una libertad de movimiento que no ha sido igualada desde entonces, todo ello sustentado en un abatimiento notable en los costos de las comunicaciones y el transporte.

La opinión generalizada de la época era, igual que hoy, que una guerra y la reversión consecuente de la globalización conseguida, eran imposibles pues intereses económicos estrechamente entrelazados de las principales potencias, impedirían un conflicto bélico, a todas luces irracional y potencialmente devastador.

Conforme la guerra se volvía más probable, la mayoría concluyó que sería una contienda breve, que no afectaría a la economía global de la época ni a un sistema político sustentado en vetustos imperios europeos, monarquías asiáticas y sistemas republicanos variopintos en las Américas, con Estados Unidos como paradigma.

La Gran Guerra 1914-18 acabó con todo. Arruinó monarquías e imperios; conllevó al surgimiento de uno de los regímenes más brutales en la historia humana al nacer la Unión Soviética, horror emulado por otros sistemas dictatoriales de ferocidad comparable; condujo al colapso de la globalización; y a otra guerra aún más cruenta.

Lo ocurrido en las últimas semanas es reminiscente de 1914: de nuevo los eslavos, ahora desde Rusia, prenden una mecha temible al invadir Crimea sigilosa y muy efectivamente y proceder a su inmediata anexión, al tiempo que despliegan decenas de miles de tropas y cientos de tanques en las fronteras con el resto de Ucrania.

El reclamo de la Madre Rusia es que tiene la obligación de proteger a sus hijos estén donde estén, y la mitad oriental de Ucrania está plagado de ellos, al tiempo que denuncia a su nuevo gobierno como ilegítimo e incapaz de controlar una situación que cotidianamente se deteriora, por lo que se apresta al rescate.

Por lo menos ésta es la versión que se escucha de quienes conocen de cerca al líder ruso Vladimir Putin, quien se siente elegido por los dioses para cumplir la misión de restaurar, no la Unión Soviética como se le achaca, sino el Imperio Ruso siguiendo los pasos de Catalina La Grande, de acudir a la “liberación” de sus connacionales.

Esta situación ha generado un profundo nerviosismo en todos los países que hoy están fuera de la esfera de influencia rusa pero que albergan a minorías abultadas de pobladores de ésa raíz, consecuencia de la terrible política demográfica del dictador José Stalin, de reubicar grupos étnicos lejos de sus lugares de origen.

La reacción de las grandes potencias occidentales tampoco es tranquilizadora pues las tímidas sanciones anunciadas hasta ahora no imponen un costo significativo para Putin y su país, al tiempo que se negaron a proporcionar pertrechos a las fuerzas armadas de Ucrania, hoy incapaces de defenderse.

Hay que recordar también que si bien el ejército convencional de Rusia no es ni remotamente comparable a los de Occidente, es muy superior al ucraniano y tiene acceso a un acervo de armas nucleares capaces de destruir el planeta varias veces, lo que constituye un disuasivo mayúsculo.

¿Cómo terminará esta historia?

• Totalitarismo • Ucrania • Política internacional

 Comentarios al artículo...
Comments powered by Disqus