VIERNES, 16 DE MAYO DE 2014
Reparto de utilidades: Otra arbitrariedad (II)

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“El reparto de utilidades es, de suyo, por su propia naturaleza, injusto.”


Las utilidades son la remuneración propia del empresario, quien hace lo que hace por la utilidad que espera obtener, y su causa es la respuesta correcta a las preguntas ¿qué producir? (lo que los consumidores aprecien) y ¿cómo producirlo? (al menor costo posible), respuestas que dependen del empresario, no del obrero, de quien depende el trabajo que aporta a la producción del bien o servicio cuya producción (el qué) y modo de producción (el cómo) decidió el empresario, obrero al que se le paga un salario, la remuneración que le es propia y que por justicia debe pagársele.

No es la empresa (la comunidad de personas -todas las que aportan algún factor de la producción-, al servicio de las personas -proveedores, empleados y consumidores-, cuyo fin es servir al consumidor ofreciéndole los bienes y servicios a cambio de los cuales está dispuesto a pagar un precio que, por lo menos, alcance para cubrir los costos de producción, incluida en ellos la ganancia normal del empresario) la que genera las utilidades, sino el empresario, utilidades que dependen de que éste haya respondido correcta las preguntas -¿qué producir? y ¿cómo producirlo?- respuestas que da el empresario, no el obrero.

El reparto obligatorio de utilidades, que parte de la identificación arbitraria de un interés pecuniario (el que el obrero tiene de aumentar sus ingresos) con un derecho (cuya contrapartida es la obligación legal del empresario de repartir parte de su remuneración), parte del supuesto de que la riqueza creada y el ingreso generado por los agentes económicos (en este caso los empresarios) está allí a disposición del redistribuidor (político/gobernante/legislador), quien tiene el derecho para quitar y dar según le parezca, lo cual quiere decir algo grave: que el derecho de propiedad privada no está, ni plenamente reconocido, ni puntualmente definido, ni jurídicamente garantizado, algo propio de una sociedad en la que lo que impera es, no el derecho natural, que reconoce que lo justo lo es de suyo, por su propia naturaleza, sino el derecho positivistas, por el cual, y en el cual, el legislador define arbitrariamente lo que es justo y lo que no lo es. El reparto de utilidades es, de suyo, por su propia naturaleza, injusto, pero el derecho positivista lo define arbitrariamente como algo justo, como el respeto al derecho del trabajador, derecho que no pasa de ser un interés pecuniario.

Por último esta pregunta, que no es ociosa: si la ley obliga al reparto de utilidades, ¿no debería obligar también al reparto de pérdidas? Si esto último sería injusto para el trabajador, ¿por qué lo primero no lo es para el empresario?

Las utilidades se generan en la empresa, pero no por la empresa, sino por el empresario.

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