Pesos y contrapesos
Ago 29, 2014
Arturo Damm

Salario mínimo, ¿mínimo? (III)

Ningún precio puede determinarse en función de las necesidades del vendedor, y el salario no es la excepción: tampoco puede establecerse en función de las necesidades del trabajador.

En la primera entrega de esta serie afirmé que, estrictamente hablando, es decir: partiendo de la definición correcta, el salario mínimo en México no existe, y ahora agrego: ni podrá, en un futuro previsible, existir.

Un verdadero salario mínimo es, en primer lugar, un salario impuesto, por el gobierno, por arriba del salario de mercado, que es la remuneración que acordaron y aceptaron voluntariamente el patrón y el trabajador y, en segundo término, ese salario mínimo debe ser suficiente para que el trabajador y su familia satisfagan correctamente sus necesidades básicas, aquellas que, de quedar insatisfechas, atentan en contra de la salud y la vida de la persona. Tal es el concepto de salario mínimo al que se hace referencia en el artículo 123 constitucional, y tal es el salario mínimo que en México no existe. Con el salario mínimo promedio nacional de 65.58 pesos diarios, ¿se pueden satisfacer correctamente las necesidades básicas de un trabajador y su familia? No, y es por ello que algunos políticos proponen que se incremente. De acuerdo, ¿pero a qué cantidad debería incrementarse el salario mínimo para que fuera un verdadero salario mínimo?

Según los últimos datos del CONEVAL (junio 2014), una familia de cuatro miembros, en zona urbana, necesita 10,074.60 pesos mensuales para comprar la canasta de bienes y servicios básicos, lo cual, suponiendo que de los cuatro miembros de la familia sólo uno trabaje, y que perciba el salario “mínimo” que se paga en la Ciudad de México, 2,052.35 pesos mensuales, requeriría, para poder comprarla, un aumento al salario “mínimo” de 8,022.25 pesos al mes, equivalente al 390.9 por ciento.

En la Ciudad de México, para que el salario “mínimo” fuera un verdadero salario mínimo, tendría que aumentar de los 67.29 pesos diarios, que se pagan, a 263.02, que tendrían que pagarse, no a los 80.00 pesos propuestos por Mancera, mismos que, suponiendo la aceptación de su propuesta, distarán mucho de ser un verdadero salario mínimo, que no existe y que, dado el incremento que se necesitaría para que existiera, ¡390.9 por ciento!, no existirá en un futuro previsible.

Por último, con relación al tema, no hay que olvidar lo más importante. Ningún precio puede determinarse en función de las necesidades del vendedor, y el salario no es la excepción: tampoco puede establecerse en función de las necesidades del trabajador. Si así fuera, entonces al trabajador se le podría remunerar sin que tuviera que trabajar, ¡sólo en función de sus necesidades!, lo cual, obviamente, resulta imposible. Y esta idea –al trabajador se le puede, ¡y debe!, remunerar según sus necesidades– es el punto de partida de las propuestas a favor del salario mínimo, que en teoría es erróneo y en México impracticable.



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