Pesos y contrapesos
Nov 10, 2014
Arturo Damm

Competencia y bienestar

El gobierno, ¿actuará a favor de los consumidores?

El problema económico de fondo es la escasez, es decir, el hecho de que no todo alcanza para todos, y menos en las cantidades que cada uno quisiera, y a las pruebas me remito: ¿quién de ustedes, lectores, no tiene una necesidad, un gusto, un deseo o un capricho insatisfecho? Todos. ¿Por qué? Porque el problema económico de fondo es la escasez, problema que nunca resolveremos (nunca viviremos en un mundo en el cual todo alcance para todos, y menos en las cantidades que cada uno quisiera), pero que sí hemos sido capaces de aminorar (hoy, comparado con el pasado, más bienes y servicios alcanzan para un mayor número de gente), y podremos aminorarlo aún más en el futuro, siempre y cuando se cumplan las siguientes condiciones. Por el lado de la oferta que aumente la producción de bienes y servicios (para lo cual se debe de invertir directamente lo más posible), y que esas mercancías se ofrezcan al menor precio posible (para lo cual debe darse, en todos los sectores de la actividad económica, y en todos los mercados de la economía, la mayor competencia posible). Por el lado de la demanda la condición es que los consumidores cuenten con suficiente poder adquisitivo (para lo cual deben de realizar trabajos productivos y, lo ideal, cada vez más productivos).

Centro la atención en la competencia, como condición para que los bienes y servicios producidos se ofrezcan al menor precio posible, competencia que debe ser la mayor posible, para lo cual el gobierno debe permitir que todo aquel, nacional o extranjero, que quiera participar en algún sector de la actividad económica (produciendo), o en algún mercado de la economía (ofreciendo), lo pueda hacer con una sola condición: que al hacerlo no viole derechos de terceros, lo cual supone, uno, que el gobierno permita cualquier brote de competencia nueva (ojo: cualquiera) y, dos, que una vez que haya más competencia no la regule, regulación que, por lo general, tiene el efecto de limitar la competencia, siempre en perjuicio de los consumidores, regulación que es distinta a las leyes que deben regir la actividad de los agentes económicos, leyes que deben tener un solo objetivo: garantizar que los agentes económicos cumplan con sus obligaciones (las del oferente con el demandante y las del demandante con el oferente) o, dicho de otra manera, garantizar el cumplimiento de los contratos.

Las reflexiones anteriores vienen a cuento porque hoy, en el mercado del transporte público vía taxi, está surgiendo una nueva competencia (Uber), que ofrece un mejor servicio que el tradicional, en beneficio de los consumidores, y no han faltado las voces que ya exigen que se regule. El gobierno, ¿actuará a favor de los consumidores?



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El problema, para los dictadores, es que no pueden eliminar la libertad del ser humano. Sólo pueden prohibir su ejercicio, prohibición a la que se opone, precisamente, la libertad.

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